Orfanato de Ideas

Mis ideas vienen de un orfanato. No conocen a sus progenitores, sólo saben que yo las he adoptado y las defiendo como si hubieran salido de mis entrañas. Les he dado lo mejor de mí, he dejado que jueguen y se conozcan entre sí, que compartan puntos en común e incluso que se contradigan si así lo desean. Son libres, y por lo tanto incontrolables. Se insultan y se agreden, pero también se cuidan las espaldas. Salen al rescate si alguna de ellas está siendo amenazada por las ideas de alguien más. El mundo entero es su patio de juegos. Intentan cambiar las cosas, hacer la diferencia. Mis ideas moverán montañas un día, cuando sean mayores y puedan valerse por sí mismas. Ya lo verán. Por ahora, les basta con abofetear dogmas en la cara y luego refugiarse detrás de mí; dejarme hacerme cargo de las consecuencias. Y cuando se cansan un poco de criticar al mundo, a la humanidad, o a mí, siempre tengo material para distraerlas.

Ser un héroe desempleado tiene sus ventajas. Puedo pasar más tiempo con mis ideas.

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El Cafetín de las 5

Revista cultural con sede en la Ciudad de México. 25 de abril 2011
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