De Gloria, Libertad, Patria y otras mujeres.

“Somos tan superiores a los mexicanos en organización, disciplina, raza, moral y refinamiento de sensibilidades, que le ruego anunciarle a Su Majestad Imperial, Napoleón III, que a partir de este momento y al mando de nuestros 6.000 valientes soldados, ya soy dueño de México”

General Charles Ferdinand Latrille, Conde de Lorencez

Es probable que la mayoría de nosotros recordemos el evento del 5 de Mayo, la batalla de Puebla, como una de las escasas victorias en la historia militar de nuestro país. Alguno tal vez, la recuerde vagamente como el hecho que antes solía marcar un día de asueto. Sin embargo, su verdadero significado y trascendencia se ha quedado perdido en los anales de la historia mexicana.

En 1861, Francia, Inglaterra y España subscribieron el Convenio de Londres en donde se comprometieron a intervenir por el uso de la fuerza para reclamar sus derechos como acreedores que lograron gracias al préstamo de cuantiosas sumas de dinero al México independiente. Sin embargo, Benito Juárez declaró suspendidos los compromisos adquiridos por la deuda, enfureciendo a las potencias extranjeras y causando que en 1862 sus poderosos ejércitos llegaran al Puerto de Veracruz. La presidencia, logró negociar con España e Inglaterra mediante los Tratados de La Soledad, pero Francia se negó a firmar los tratados y se decidió a emprender una invasión en territorio mexicano para así lograr el pago de la deuda (que supondría un medio idóneo para solventar una posible guerra con Prusia).

La tentativa de invasión suponía una misión sencilla para los 6,000 efectivos franceses, pues México se encontraba en una guerra civil por el poder y no existía una amenaza tangible de Estados Unidos que se encontraba en la misma situación. Aunado al número de soldados franceses, existían pequeños grupos conservadores que se proponían firmar una alianza con los franceses, logrando juntar a más de 1,200 hombres que lucharían del lado francés.

Ignacio Zaragoza, sí, el hombre del billete de los $500.00, hasta entonces Ministro de Guerra y Marina y veterano de la guerra contra Estados Unidos y la Guerra de Reforma, toma el mando por orden de Júarez del Ejército de Oriente que le haría frente a la expedición francesa. Durante más de tres horas y bajo una intensa lluvia, el ejército mexicano peleó contra las fuerzas francesas en los alrededores de los fuertes de Loreto y Guadalupe, contando con la notable participación del General Porfirio Díaz.

Después de explicar las generalidades de tan importante batalla, es preciso recalcar la importancia que ésta tuvo en la historia mexicana y la importancia que aún mantiene hoy en día. Resulta innecesario e incluso inútil, hablar de aquellos hombres como si fueran héroes de bronce, a los cuales se les debe rendir un homenaje y tenerlos en un pedestal. Es más valioso pensar en ellos como hombres, ciudadanos que decidieron hacerle frente a uno de los ejércitos más poderosos del mundo en aquella época con tal de defender su propia patria. Claro, dicha patria tampoco es ni era el sinónimo de perfección o la utopía de la sociedades, sin embargo existía la independencia, la libertad y la soberanía o tal vez sólo el ideal de ellas.

Gracias a hombres, soldados, generales y voluntarios que pelearon en aquella batalla, hoy tenemos el derecho a elegir nuestro propio gobierno y a decidir de qué forma queremos vivir, a pesar de que no exigimos ese derecho. Sí, en mi punto de vista, ellos no nos dieron ni libertad, ni independencia, ni soberanía, pero nos dieron gloria que hoy nos permite seguir luchando por alcanzarlas, nos permite vivir en una sociedad en la cual queda esperanza de exigir a lo que tenemos derecho. Nosotros, jóvenes, podemos culpar a nuestros antepasados por sumergirnos en los problemas actuales del país, pero también podemos agradecerles por brindarnos aún la posibilidad de luchar por cambiar y erradicar dichos problemas. De nosotros depende que nuestros hijos no nos culpen por los problemas del futuro, de nosotros depende no cargar con una culpa.

Nemo El Capitán.

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Comments

  1. kukuls89 says:

    muy bueno! no sabia de los Tratados de La Soledad :0 …. y a nuestros antepasados debemos agradecerles que a pesar de todo nos dejaron la oportunidad de aún buscar la libertad como pueblo o país por sobre muchas cosas, cuando viendolo en retrospectiva, muchas veces parecía imposible que lo lograran u.u

    • Nemo el Capitán says:

      Muchas gracias por tu comentario. Coincido contigo, si buscamos cambiar nuestra realidad, primero debemos de percatarnos de las cosas que sí tenemos y después, actuar. Me gustaron las analogías que hiciste con el ciego y el sordo, gracias.

    • Nemo el Capitán says:

      Y así de imposible parece para nosotros…

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El Cafetín de las 5

Revista cultural con sede en la Ciudad de México. 25 de abril 2011
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