De Darwin a Casanova: 2da parte

Y comenzamos con esto que es la segunda entrega de un artículo que pretende retomar en un mismo tema dos enfoques que se contraponen, pero que pocos podrían atreverse a decir cuál está equivocado.

Como advertí en la primera parte, me valdré de mi libertad para escribir y de la tuya de leer para ser tan subjetivo como desee, y con esto no pretendo decirte que busco volar entre las nubes, sino que para un tema donde todos – y nadie- hemos creído podemos hablar con maestría, siento que es una manera de dar a conocer una opinión generalizada. Aquí te regalo un escrito del que fue el más grande seductor de todos los tiempos: Giacomo Casanova. ah! y que además fue fraile.

Histoire de ma vie (Historia de mi vida)
por Giacomo Casanova.
Extracto de la obra original escrita en Francia, 1774.

Al recordar mis antiguos placeres, los renuevo y gozo con ellos otra vez, tanto como río de las penas pasadas, que no vuelvo a padecer. Miembro del universo, hablo y se me figura que doy cuentas de mi vida como un mayordomo, de su administración. En lo que hace a mi porvenir, como filósofo nunca he querido preocuparme porque de él nada sé y, como cristiano, sé que la fe ha de creer sin razonar y que la más pura guarda un profundo silencio.

Mi historia se inicia a la edad de ocho años y cuatro meses, por el primer suceso de que tengo memoria. Antes de esta época no hice más que vegetar.

Como estoy obligado a decir algo sobre mi temperamento y mi carácter, el más indulgente de mis lectores no ha de ser menos honrado ni menos desprovisto de talento. He tenido sucesivamente todos los temperamentos: el pituitoso en mi infancia; el sanguíneo en mi juventud; más tarde el bilioso, y por último tengo el melancólico, que probablemente no ha de abandonarme. Ajusto mi comida a mi constitución y he gozado siempre de muy buena salud, sabiendo desde casi niño que lo que la altera es el abuso, tanto de comida como de abstinencia. Nunca he tenido otro médico que mi misma persona.

Actualmente, como soy viejo, estoy obligado, a pesar de la excelencia de mi estómago, a no hacer más que una comida al día; pero me recompensa de ello el sueño tranquilo y la facilidad con que expongo mis razonamientos por escrito sin recurrir a paradojas ni sofismas.

El temperamento sanguíneo hizo de mi un ser muy impresionable a los atractivos de la voluptuosidad; siempre estaba de buen humor y dispuesto a pasar de un goce a otro, mostrándome además muy ingenioso para inventar placeres nuevos. Así surgió sin duda mi inclinación en estrechar siempre nuevas relaciones y mi gran facilidad en romperlas. Los defectos temperamentales no pueden corregirse porque el temperamento es independiente de nuestras fuerzas; no sucede lo mismo con el carácter. Este lo conforman el espíritu y el corazón.

Habiendo reconocido que en el curso de mi vida he obrado con más frecuencia impulsado por el sentimiento que por mis reflexiones, admito que mi conducta ha dependido antes de mi carácter que de mi espíritu, generalmente opuestos entre sí, y en sus continuos choques nunca he hallado en mí juicio suficiente para mi carácter, o bastante carácter para mi juicio.

Cultivar el placer de los sentidos, fue siempre mi principal ocupación. Me sentí nacido para el bello sexo; lo he querido toda mi vida, y me he dejado querer tanto como he podido. También he sido aficionado a los placeres de la mesa y apasionado por todas las cosas que suscitaban mi curiosidad.
He tenido amigos que me han hecho favores y he tenido la alegría de poderles dar prueba de mi gratitud. No me han faltado enemigos odiosos que me han perseguido, y a quienes no he exterminado porque no me fue posible. Jamás los hubiera perdonado, ni he olvidado el mal que me hicieron.

El hombre que olvida una injuria no la perdona. El perdón nace de un sentimiento heroico, de un corazón noble, de un espíritu generoso; el olvido deriva de una flaqueza de memoria, o de una suerte de indolencia, propia de un ser pacífico, y a menudo de una necesidad de calma y de tranquilidad; porque el odio, con el tiempo, mata al infeliz que se complace en mantenerlo.

Si de algo de jactarme con respecto a las mujeres, no será por ser diestro en el romance, sino en el arte del engaño en el cual desde muy temprana edad descubrí que quien engaña mejor se divierte más (y a veces también quien engaña más se divierte mejor). Un día mi mentor me dijo: “Si no haces cosas dignas de escribirse, por lo menos escribe cosas dignas de leerse” pero en desafío a su máxima, escribo lo indigno que he sido, yo no hablaré de cómo deberían ser la cosas, yo hablo de cómo es que funcionan.

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Comments

  1. mojonaza says:

    wooww !!! tiienes una forma de pensar tan padre tan distinta !!! sigue asii ya soy tu fan …

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El Cafetín de las 5

Revista cultural con sede en la Ciudad de México. 25 de abril 2011
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