El libro que cambió mi vida

En nuestra historia como lectores, quiero pensar que todos tenemos un libro favorito, si no es que varios; y las razones por las cuales se vuelve nuestro favorito son muy variadas, puede ser: “porque es el libro que me regalo alguien muy especial”, “porque es la historia paralela de mi vida” “porque aprendí mucho leyéndolo” “porque el protagonista me inspira” “porque el mensaje que transmite es muy profundo” etc.etc. Sea cual sea la razón, se dice que hay un libro favorito para cada persona en el mundo, y aunque yo tengo varios, el primer libro que me encantó se llama “El príncipe feliz” de Oscar Wilde.

Es un pequeño librito que conservo desde hace mucho tiempo, y aunque ya tengo también la versión original “para adultos” (sin dibujos), este cuento, es de esos libros que va a estar en mi librero por muchísimo tiempo más. A grandes rasgos podría decir que es mi libro favorito y el que cambio mi vida, porque desde muy chiquita esta historia me enseñó muchas cosas importantes; es por eso que me gustaría compartir con ustedes esta bonita narración.
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Situada en el centro de la plaza principal, la estatua del Príncipe Feliz era el orgullo de la ciudad. Estaba toda recubierta de oro, sus ojos eran dos grandes zafiros azules como el cielo, y en el puño de su espada había un rojo rubí. Al llegar el invierno, las golondrinas, como todos los años, iniciaron su viaje hacia el sur, en busca de lugares más cálidos, pues la ciudad del Príncipe Feliz estaba en un frío país del norte.

Una golondrina se posó, para descansar un rato, entre los pies de la estatua, pues iba a hacer un largo viaje y necesitaba reponer fuerzas. De pronto, cayó una gota sobre la cabeza de la golondrina, como si empezara a llover. “Que raro”, pensó el pajarillo.”Estoy a cubierto, debajo de la estatua, y me caen gotas encima”. Muy extrañada, pues además no llovía, la golondrina revoloteó alrededor de la estatua, para ver de dónde procedían las gotas, y entonces se dio cuenta de que eran las lágrimas del Príncipe Feliz, que estaba llorando.

-¿Por qué lloras? -le preguntó la golondrina-.¿No eres, acaso, el Príncipe Feliz? -¿Cómo podría ser feliz? -dijo el Príncipe-. Desde aquí veo todo el dolor de los habitantes de esta ciudad, y eso me hace sufrir. Pero tú, pequeña golondrina, tal vez podrías ayudarme a aliviar un poco sus penas. -Mi cuerpo está recubierto de láminas de oro -dijo el Príncipe-. Si pudieras arrancarlas con tu pico y repartirlas entre los niños pobres de la ciudad, podrían comprar comida y ropa, y volverían a estar alegres. Así lo hizo la golondrina: fue arrancando trocitos de oro y dejándolos caer junto a los niños, que recibían aquellos regalos inesperados riendo y cantando de alegría.

-Ahora debes darte prisa -le dijo luego el Príncipe a la golondrina-, pues ya hace mucho frío y te espera un largo viaje. -Mira -continuó el Príncipe-, tras aquella ventana hay una pobre costurera que no tiene dinero para atender a su hijo enfermo. Toma en tu pico el rubí de mi espada y llévaselo. Así lo hizo la golondrina, para asombro y júbilo de la mujer. Luego, la golondrina volvió junto al Príncipe y le describió la enorme alegría con la que la costurera había recibido el regalo. -Ahora debo irme -dijo el pajarillo-, pues se acerca el frío y he de hacer un largo viaje en busca de un país más cálido.

-Espera un poco -rogó el Príncipe-. En aquella buhardilla veo a un jóven escritor que no puede comprar leña para la chimenea y tiene tanto frío que no consigue escribir… -¿Y qué podemos hacer por él? -preguntó la golondrina-. Ya no tienes joyas para regalarle. -Tengo los zafiros de mis ojos -dijo el Príncipe-. Toma uno de ellos y llévaselo, por favor. Así podra comprar leña y acabará de escribir la gran obra que el frío le impide terminar. Con mucho cuidado, la pequeña golondrina desclavó con su pico un zafiro. -¿No te hago daño? -le preguntó al Príncipe. -No. Soy una estatua, y sólo me duele el dolor de los demás. La golondrina voló hasta la buhardilla con el zafiro en su pico, y el escritor, al ver aquel regalo, se puso loco de alegría.

-Gracias, golondrina -le dijo el Príncipe-; pero antes de irte, por favor, llévale mi otro ojo a aquella pobre cerillera. La vendedora de cerillas era apenas una niña, y cuando la golondrina se posó en su hombro con el zafiro, lloró de felicidad. El pajarillo volvió junto al Príncipe para despedirse, pues iba haciendo cada vez más frío y no podía retrasar más su viaje. -Debo irme en busca de un país cálido, buen Príncipe -le dijo-. Adiós, nunca te olvidaré. -Antes de irte -rogó el Príncipe- cuéntame lo que sucede en la ciudad, pues ya no tengo ojos y no puedo verlo. La golondrina voló junto al oído del Príncipe y le fue contando lo que veía. -Veo unos pobres niños que están en la calle sin ganas de jugar, pues pasan hambre y frío.

El Príncipe le pidió que repartiera las últimas laminas de oro que tenía, y así lo hizo la golondrina. Y aunque todavía tenía una oportunidad para irse, la golondrina ya no quería marcharse. Deseaba pasar sus últimos días en compañía del Príncipe. Nevó en la ciudad, y la golondrina tenía cada vez más frío, hasta que una mañana amaneció muerta a los pies de la estatua. Pasó por allí el alcalde, esa misma mañana, y se dio cuenta que la estatua del Príncipe Feliz ya no era como antes: en el puño de su espada no brillaba un rojo rubí, ni eran sus ojos zafiros azules como el cielo, ni estaba recubierta de oro. -Esta estatua se ha puesto muy fea -dijo el alcalde- y no habrá más remedio que quitarla de ahí, pues ya no adorna la plaza. Mandó quitar la estatua y fundirla para aprovechar el metal, pero el corazón del Príncipe no se fundió y lo tiraron junto a la golondrina muerta; pero pasó por allí un ángel que estaba recogiendo las cosas más bellas y valiosas del mundo, y entre todos los tesoros de aquella ciudad, escogió a la golondrina y el corazón del Príncipe.

golondrina

Wilde, Oscar. El Príncipe Feliz. Ciudad de México: Edivisión Compañia Editorial,1999,12 p.

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Y las preguntas de la semana son:

¿Cúal ha sido su cuento infantil favorito y por qué?

¿Son de las personas con un solo libro favorito o tienen más?

¿Han leido otros cuentos/narraciones de Oscar Wilde? (A parte de ésta, y El retrato de Dorian Gray)

“Es lo que lees cuando no tienes que hacerlo, lo que determina lo que serás cuando no puedes evitarlo” -Oscar Wilde

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Comments

  1. Kevin says:

    Woow, nunca había leído nada de Óscar Wilde ( mas que algunas frasecillas) y me gustó bastante… No es por que seas mi amiga pero.. Tienes potencial; Sigue así 🙂

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El Cafetín de las 5

Revista cultural con sede en la Ciudad de México. 25 de abril 2011
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