Conflicto de intereses

Como comentábamos en la anterior entrega, el “mal de la academia” no es endémico a los políticos mexicanos. Ciertamente las credenciales académicas, los títulos y honores no terminan de concordar con los resultados mostrados por los líderes políticos del planeta; pero a veces las soluciones (o los problemas) no radican en la capacidad del estudiante de aprender complejas fórmulas econométricas o recitar letanías políticas semi-bíblicas. A veces no son los estudiantes a los que debemos de colocar bajo la lupa, sino a aquellos que los forman. Así es, la tradición magisterial, tan ensalzada alrededor del mundo como una de las profesiones más dignas, entregadas y loables, se encuentra manchada en nuestros días. ¿Quiénes son los profesores de estas universidades de élite? ¿De dónde surgen estos miembros de la academia? ¿Qué intereses ostentan bajo el portafolio? ¿Qué les enseñan a nuestros graduados?

En México, organismos como el Sindicato Nacional de Trabajadores por la Educación y la misma Secretaría de Educación Pública impiden de manera sistemática una investigación profunda de algo tan esencial y público como sus nóminas, tan secretas sin embargo, que le costaría trabajo a Assange y secuaces explicar el por qué. Las cifras son pocas y obtusas, y sin embargo se sabe que existen más maestros “registrados” de los que hay, puesto que algunos cobran por plazas en San Luis Potosí y Mérida, el mismo día. Cómo le hace un profesor para dar clases de educación primaria en dos estados tan alejados el mismo día es algo que desafía a las leyes mismas de la metafísica. Por esta y otras razones, utilizaremos en cambio la película “Dinero Sucio” (Inside Job, 2010) de Charles Ferguson, y ganadora del Óscar en la categoría documental del año pasado, la cual puede ayudarnos a entender una parte mínima de la mala educación en los mejores lugares.

El documental es una seria mirada hacia el mundo de Wall Street en Nueva York y su incuestionable intersección con Main Street en Washington D.C. Un análisis serio y a la vez comprensible sobre cómo se produjo el colapso económico-financiero global de hace un par de años, cuyas consecuencias aún vemos todos los días. Sin embargo, a la mitad de la película, ésta toma un giro inesperado y apunta su cámara hacia los profesores de economía de las principales universidades norteamericanas. John Y. Campbell (jefe de cátedra de economía en Harvard), Glenn Hubbard (decano de la escuela de graduados en negocios en Columbia) y Frederic Mishkin (profesor de economía en la misma universidad) son todos entrevistados en esta película, y cooperan con la misma, hasta que Ferguson dirige sus preguntas hacia la relación entre éstos y las principales corporaciones financieras y de seguros en el mundo.

Es ahí cuando nos enteramos de cómo estos profesores mantienen contratos millonarios con las firmas y despachos financieros que produjeron la crisis del 2008, y cómo durante muchos años, sus publicaciones, conferencias, seminarios y clases se encuentran orientadas hacia el beneficio de aquellas corporaciones para las cuales trabajan de manera paralela a su puesto como académicos. Así se crean entonces importantes conflictos de intereses. Ellos mismos saben que esto es falto de ética y por esa misma razón no detallan estas consultorías en sus semblanzas académicas. Sin saber quién financia a los economistas, la sociedad no puede confiar en sus investigaciones o recomendaciones políticas.

Este dilema no presenta soluciones simples o salidas fáciles y entonces empezamos a dudar de todo. ¿Quién diseña los planes de estudio? ¿Quién está detrás de las materias en un programa? ¿Quién decide qué libros leer, de qué autores, y por qué? ¿Quiénes son estos autores y profesores, quiénes los financian? Estas y mil preguntas más surgen al mismo tiempo que nos inquirimos exactamente cuál es la función de las universidades: formar personas que con una visión plural y crítica contribuyan al desarrollo de las sociedades, o bien producir empleados en masa para las corporaciones que seguirán tejiendo los hilos del planeta.. ¿Será de las universidades de donde venga un cambio crítico y radical algún día que nos permita a todos vivir mejor, o es precisamente de ahí donde se sustenta la reticencia al cambio, la consolidación de los intereses de unos cuantos? Un adoctrinamiento tan dictatorial y macabro que se antoja de otra época. ¿Debe de ser eso la educación?  ¿Un simple monólogo por parte de los profesores que cobran por resolver los problemas del mundo, invitando a sus alumnos al pensamiento y a la búsqueda de alternativas, teorías y corrientes, al mismo tiempo que hacen lo propio por aconsejar a las corporaciones que producen miseria en el mundo?

Yo no lo sé.

Dinero Sucio (Inside Job, 2010) de Charles Ferguson se encuentra actualmente en exhibición en nuestro país en la Cineteca Nacional y otros cines.

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El Cafetín de las 5

Revista cultural con sede en la Ciudad de México. 25 de abril 2011
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