La última palabra

Tomar decisiones por un grupo es probablemente una de las responsabilidades más grandes y comprometedoras que existen. A partir de esto es fácil descubrir la importancia que tiene un presidente para una nación. Este mítico personaje no sólo funge como imagen de un país, su labor principal es la toma de decisiones relevantes para la comunidad. La responsabilidad y presión que tiene un presidente es muy grande pues al final del día será a él al que el pueblo le pedirá resultados. En muchos aspectos que atañen al porvenir del país, el presidente tiene la última palabra.

Como cualquier organización, un país debe tomar decisiones sobre muchos aspectos. Los presidentes tienen labores que abarcan temas políticos, económicos, sociales y militares entre otros. En esta ocasión ahondaré especialmente en estos últimos, los militares. El rol que juegan actualmente los presidentes en las milicias es bastante importante y considero debe ser comentado detenidamente. No es nueva la permanente aparición de las milicias en el quehacer tanto internacional como local de algunos países, sin embargo pocas veces se pone la debida atención a quién tiene la última palabra sobre esto.

Mentiría si asegurara que en “todos” los países el presidente funge como “Jefe Máximo” del ejército, sin embargo es una realidad que en la mayoría de ellos así sucede. En muchos países el presidente al llegar al poder, obtiene la condecoración más alta de su milicia. Esto involucra que al final del día el presidente tomará las decisiones más importantes que atañen al país y al ejército. Así mismo el ejército estará a disposición del Ejecutivo en caso de emergencias. En México por ejemplo el presidente al llegar a Los Pinos se convierte en Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas de la Nación. Otro ejemplo de esto es nuestro vecino del norte en el que Barack Obama es el líder del ejército más poderoso del mundo.

El dilema no está realmente en que el presidente tenga la última palabra en aspectos que realmente interesan o ponen en juego el futuro del país. Criticar esto sería prácticamente desechar la figura presidencial pues para esto es que realmente se le elige. La problemática viene cuando se cuestiona sobre qué aspectos el presidente tomará las decisiones. Considero que a pesar de seguramente tener un gabinete preparado para asesorarlo, el presidente no debe tener la responsabilidad o cualidad de tomar decisiones fundamentales en cuanto a la milicia de un país. Alrededor de un presidente y sus funciones hay demasiados aspectos que pueden llegar a determinar seriamente las decisiones que tome especialmente en temas tan delicados como una posible intervención militar.

En México la tradición de los presidentes militares terminó con la llegada de Miguel Alemán Valdez a la silla presidencial en 1946. Desde entonces los presidentes mexicanos no se han caracterizado por tener algún rango militar, son “civiles”. A pesar de esto es el ejecutivo el que aún tiene la palabra final y puede requerir el apoyo del ejército en situaciones que considere convenientes. Incluso la Constitución marca que el presidente es el indicado para declarar la guerra en nombre del país. Es así como llegamos a la actualidad y sus constantes conflictos.

En el norte del país la intervención del ejército en la lucha contra el narcotráfico es ya el pan de cada día. Sin duda a partir de que el ejecutivo nacional ordenó la intervención de militares en este conflicto, la violencia aumentó. A pesar del incremento de la violencia existen otras dos contras a la decisión de Felipe Calderón. La primera es que con esto automáticamente se está aceptando la incapacidad de las fuerzas policiales del país que son los verdaderos encargados de afrontar estos problemas. La segunda es que el ejército no está realmente diseñado para afrontar situaciones como esta. No es función del ejército actuar como si fuera un comando de policía buscando criminales y por obvias razones surgen más problemas cuando se intenta hacer esto.

La situación actual ejemplifica perfectamente lo que pasa cuando se hace un mal uso de la milicia y del poder de tomar decisiones. Es un signo de madurez cuando se tiene la capacidad de tomar decisiones acertadas en el momento indicado. México no cuenta con un presidente maduro y parece realmente difícil que lo tenga al menos para el próximo sexenio. Entonces, ¿Está realmente capacitado el presidente para tomar decisiones sobre el ejército o debe hacerlo alguna persona que realmente tenga conocimiento del tema?

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El Cafetín de las 5

Revista cultural con sede en la Ciudad de México. 25 de abril 2011
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