Circunferencia

La circunferencia del Ecuador son 40.076 kilómetros. Así es nuestro mundo: ancho, vasto y contrario a cualquier lógica imperante en el pretérito, redondo. Así también varían las decisiones que toman los países, el rumbo que eligen, el camino que transitan. Con tantos países (y tantos paisanos) es una nimiedad el pensar que los senderos serán uniformes, que el mundo avanzará en un mismo sentido y que la noción de justicia, equidad, progreso y prosperidad será la misma en Brasil que en Alemania. Pongo de ejemplo a estos dos países por dos noticias que se sucedieron esta semana.

La primera de estas tiene como epicentro territorio teutón. En Alemania, al parecer algo aprendieron de lo que sucedió con el reactor de Fukushima en Japón, y otorgándoles la razón a los organismos no gubernamentales (así como a los individuos independientes) que llevaban meses en campaña para cerrar las plantas nucleares del país, la canciller Angela Merkel decidió ordenar la clausura de estas instalaciones. Aún cuando la energía nuclear representa el 22% del total consumido por los alemanes, el gobierno de este país parece determinado a explorar otras fuentes de energía renovables, para convertir a Alemania en una nación líder en cuanto a tecnologías verdes se refiere. El proceso no es inmediato, y la clausura definitiva de las 17 plantas con las que cuenta Alemania se prevé para el 2022.

Este plan aún necesita la aprobación del parlamento germano, pero al parecer todo marcha sobre ruedas para que Alemania se convierta en la primera nación industrializada que tiene en mente el abandono total de la energía atómica. Algunos dirán que se necesitó de la vida de japoneses y ucranianos en un pasado para por fin entender que la energía nuclear es tan fantástica como peligrosa, y sin embargo el camino se ha emprendido de manera firme, con lo cual Alemania sienta un precedente que espera otras naciones imiten.

Del otro lado del Atlántico, Brasil también arrojó al mundo su noticia sobre proyectos de infraestructura y energía, aunque en un tono totalmente opuesto. El Instituto Brasileño de Medio Ambiente y de los Recursos Naturales Renovables (Ibama) aprobó la construcción de la represa hidroeléctrica Belo Monte. El proyecto, de 17,000 millones de dólares se sitúa como uno de los más ambiciosos en la historia, colocándose en tamaño, sólo debajo de la presa de las Tres Gargantas en China y de la presa Itaipú en la frontera paraguayo-brasilera. Según las autoridades brasileñas, esta presa impulsará el desarrollo carioca, aumentará su productividad y proporcionará suficiente energía eléctrica para el país amazónico. Sin embargo, miles y miles de opositores a lo largo del globo tienen otro punto de vista.

Desde celebridades como el director canadiense James Cameron, pasando por organizaciones no gubernamentales y representantes de los pueblos indígenas del Amazonas, muchos son los que se han opuesto a este proyecto desde sus albores. Las implicaciones varían. Por un lado, está el desplazamiento obligado al que serán sometidos los indígenas del Amazonas, comunidades que residen ahí desde hace siglos, protegidos por la misma selva y el río que son para ellos su hogar. Comunidades que van a ser forzadas a abandonar este estilo de vida que ellos han preservado durante siglos, culturas milenarias, sabiduría propia, un verdadero milagro en este mundo globalizado.

Por otro lado, están las demandas ambientales. Ha sido probado una y otra vez que las presas terminan por exterminar todo indicio de fauna y vida a su alrededor, lo cual es perjudicial no sólo para estas mismas especies, sino para todos aquellos pescadores que dependen de esta actividad para subsistir. La represa de 6 kilómetros de extensión desplazará a 30.000 moradores de la zona, reducirá el volumen de agua del río Xingu en una extensión de 100 kilómetros e inundará grandes áreas de bosques y tierras.

El proyecto de la presa Belo Monte fue concebido hace más de 30 años y desde sus orígenes se ha visto enfrascado en polémicas, reveses y altercados, como en 2009 cuando los indígenas de la región se armaron con garrotes (a la Atenco) para defenderse y atacaron a funcionarios estatales. Sin embargo, parece que el último golpe ha sido dado ya, y no habrá marcha atrás en este proyecto que se calcula empezaría a generar electricidad por ahí de 2015.

Así es como dos decisiones completamente opuestas, antitéticas y contradictorias pueden tener cabida en este ancho mundo. Un mundo que debería empezar a definir, con parámetros claros, hacia dónde se mueve y cuáles son las cosas que se deben preservar. Por un lado, los alemanes lo tienen claro: la vida humana, el desarrollo tecnológico, la creación de empleos, el medio ambiente. Por el otro, los brasileros parecen estar mucho más preocupados en estos momentos por alcanzar, a la de ya, un estatus de país industrializado, sin importar cuántos metros cuadrados o comunidades milenarias deban sufrir en este sinuoso y opaco camino hacia la riqueza.

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El Cafetín de las 5

Revista cultural con sede en la Ciudad de México. 25 de abril 2011
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