En calzones

Como es de todos bien sabido, el pasado 4 de junio, Jorge Hank Rhon fue detenido en su casa junto con otras 11 personas en posesión de 88 armas -40 de ellas de alto calibre- y más de nueve mil cartuchos.  Dentro de este arsenal, existen armas que están vinculadas (según declaraciones oficiales de la Procuraduría General de la República)  directamente con crímenes, homicidios para ser específicos. En un principio, se arraigó á Hank Rhon bajo la acusación de acopio de armas (delito tipificado y sancionable), posesión de armas de uso exclusivo del ejército y las fuerzas armadas y a lo que después se sumó una averiguación previa de la PGR. Actualmente el hombre se encuentra preso en un penal de Baja California, el estado donde su nombre es una especie de vocablo sagrado.

Todo esto es de conocimiento público, y los distintos espacios informativos se han encargado de alimentar el expediente Hank y de dejar al hombre, como lo encontraron en su casa, en calzoncillos. Sin embargo, existe una cuestión sumamente interesante a la cual debería de prestársele más atención. Durante este tiempo, donde Hank Rhon ha acaparado virtualmente los titulares nacionales de manera ininterrumpida (digamos hasta el escándalo por dopaje de la Selección Mexicana), el partido al cual pertenece, y del cual su familia ha sido piedra angular en el Estado de México (nada más ni nada menos) ha permanecido callado. Un silencio desconocido para todos aquellos que ya nos habíamos acostumbrado a las querellas semanales de su presidente Humberto Moreira; a sus gráficas de la pobreza, a su denostación del gobierno y el gabinete. Salvo por la consigna inicial (aquello de la cacería de brujas), parece ser que la orden dentro del PRI es seguir la ley omerta del mafioso silencio siciliano.

Esto obedece a una lógica sencilla: no atraer ni un minuto más la atención al caso. Esto por dos cuestiones: la actual campaña de Eruviel Ávila en el Estado de México (que podría verse mermada de manera significativamente por las ligas con la peculiar familia Hank) y porque simple y sencillamente, no tienen cómo o con qué defender al hombre. Así es, defender a Jorge Hank Rhon es defender lo indefendible. El considerar a la mujer como un “animal favorito”, o traficar con tigres siberianos (en peligro de extinción) para su zoológico particular (de más de 25,000 especies), debería ser motivo suficiente como para dar por perdida una batalla de defensa a favor del político priísta. Pero no lo es. Hank Rhon también está ligado al homicidio de periodistas en el pasado, y si a esto le sumamos una investigación del FBI y el actual caché decomisado, no podemos negar que nos encontramos frente a un criminal indefendible.

Sin embargo, en un país en el que las cosas no marchan del todo bien, volteamos la mirada, las voces y el dedo hacia las autoridades. Que si el ejército está al servicio de Calderón, que si el hombre es inocente, que si las fuerzas armadas entraron así por Hank Rhon cómo entraran por nosotros los ciudadanos comunes…Es decir, en estos tiempos, desconfiamos tanto del gobierno, nos encontramos tan defraudados, que en lugar de aplaudir la detención del hombre del chaleco de pene de burro (literalmente), del criminal, nos lanzamos en contra de nuestras instituciones, las cuales suponemos corruptas a priori. No hay prueba más fehaciente de la separación completa que existe entre la clase política y los ciudadanos. No hay indicio más triste del abismo que divide a México en estos momentos.

Con esto, no tengo duda alguna, más de uno se aventurará a llamarme “calderonista”, apagar su computadora y cancelar su suscripción a la revista. Esto es sin embargo contraproducente. ¿De qué sirve el cerrar la computadora (y la mente) si el argumento esgrimido es únicamente el de la negación como acto reflejo? Con esto, no pretendo hacer una apología del sexenio, o convertirme en un colaborador del blog de la Presidencia, sino simplemente motivar la reflexión en torno a una cuestión fundamental y preocupante: ¿desde cuándo los mexicanos estamos del lado de la ilegalidad? O acaso cuando (si es que algún día sucede) agarren al Chapo Guzmán, ¿vamos a pedir que el ejército no lo saque de su casa en calzoncillos?

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El Cafetín de las 5

Revista cultural con sede en la Ciudad de México. 25 de abril 2011
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