Sólo para “garbanzos de a libra”

“Cada hombre es lo que hace con lo que hicieron de él.”

Jean Paul Sartre (1905-1980) Filósofo  francés, ícono del existencialismo.

Para aquellos que lo ignoran, un “garbanzo de a libra” es una expresión que se utiliza en México para referir a algo excepcionalmente bueno y además, difícil de encontrar; frase que gracias al repetido uso que mi padre le da, forma parte de mi vocabulario, igual que la folklórica expresión “se me queman las habas” para indicar que se tiene prisa, mas no vengo a hablar de dimes y diretes familiares, vengo a decirte que donde sea que estés leyendo esto, y aunque la imagen de arriba ironice la circunstancia, tú sí eres único.

Estoy seguro de que no somos pocos los que hemos sufrido la encrucijada de por un lado saberse especial,  y por el otro tener la duda de que tal vez todos los demás lo son también, y bajo esa lupa, entonces, todos somos especiales  y justamente eso, nos hace comunes. Y tal vez unos más valientes se han aventurado a creer – como dictan algunas doctrinas orientales- que la única forma de alcanzar la plenitud y autorrealización personal es logrando ser imperceptibles al mundo, es decir, ser tan ordinario que, en contraste con el resto de almas errantes, infladas por dentro de una espesa nube llamada ego y eternamente insatisfechas por nunca  lograr cubrir sus desmedidas ambiciones, serás un iluminado, pero sólo si logras dejar de ambicionar, dejas de tratar de entender y controlar todo, entonces, te fundes con el entorno y vives en armonía con el universo.

Para enriquecer el punto, les compartiré un pasaje zen presente en el primer libro de la saga “Los Tres Tesoros” sobre el Taoísmo, escrito por Osho:

“Cuenta la leyenda que Lao Tse iba viajando con sus discípulos y llegaron a un bosque donde había cientos de leñadores contando troncos porque se estaba construyendo un gran palacio.

Habían cortado casi todo el bosque, pero queda un árbol, un gran árbol con miles de ramas, tan grandes que su sombra podía cobijar a diez mil personas. Lao Tse pidió a sus discípulos que averiguaran por qué aquel árbol no se había cortado todavía cuando el resto del bosque había sido talado y no quedaba nada.

Los discípulos fueron y preguntaron a los leñadores: —¿Por qué no habéis cortado este árbol?

—Este árbol es totalmente inútil —dijeron los leñadores—. No se puede hacer nada con él porque las ramas tienen muchos nudos. No hay ni un tramo recto. No se pueden construir pilares con él ni se pueden fabricar muebles. Tampoco se puede quemar su madera porque el humo es muy malo para los ojos, casi te puede dejar ciego. Este árbol es absolutamente inútil. Por eso no lo hemos cortado.

Los discípulos volvieron. Lao Tse se rió y dijo: —Sed como este árbol. Si queréis sobrevivir en el mundo sed como este árbol, absolutamente inútiles. Entonces nadie os hará daño. Si sois rectos os cortarán, alguien os convertirá en muebles. Si sois preciosos alguien os venderá en el mercado, os convertiréis en un bien de consumo. Sed como este árbol, absolutamente inútiles. Entonces nadie os podrá hacer daño. Y creceréis grandes y fuertes, y podréis dar sombra a miles de personas.”

Para continuar puedo decir que a mi entender, el anhelo de querer ser especial me ha llevado a creer que, si bien es cierto que se puede llegar a ser especial y auténtico mediante la eliminación del deseo de serlo, entonces resulta complicadísimo, pues ¿cómo podemos asegurarnos de que eliminamos la ambición de algo por su causa genuina, cuando es la afirmación de la posesión de ese mismo algo lo que nos llevó a intentarlo? Para ese fin, al ser auténtico, ya no tendía valía ni significado para el que lo es.

Afortunadamente, el tema de la autenticidad y su filosofía es sumamente amplio, tanto que representa un gran desafío (sino es que una falacia) querer abordarlo todo, pero retomando la imagen del inicio puedo también recomendarte que no prestes tanta atención a las estadísticas, pues son exclusivas y debido a que no engloban las alternativas sino sólo las tendencias, nos dan una visión limitada y una ilusoria certidumbre; la verdad la hacemos todos, y  cada una es tan válida como la anterior, la única verdad es que no hay verdades únicas.

Finalizando, te pediré no sin antes agradecerte por el tiempo dedicado a leer las líneas que ahora escribo, líneas que no son más que prematuros alumbramientos de mis gestadas reflexiones personales, recuerdes que  todos somos únicos, es decir, todos somos ese uno en un millón.

Por Davilowsky

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Comments

  1. Que bonita forma de escribir. Primera persona que al expresarse con letras visibles llama mi atención. Me parece muy interesante el texto, sobre todo porque en cada oración hay un enigma que decifrar.

  2. marissa :) says:

    cada qien es una persona excepcional!! me gusta leerte !!!

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El Cafetín de las 5

Revista cultural con sede en la Ciudad de México. 25 de abril 2011
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