La importancia de llamarse…

“La importancia de llamarse Ernesto” es una novela bastante famosa de Oscar Wilde; por una parte el título me inspiró a escribir este post, sin embargo el tema principal no va a ser de este autor ni de su obra, es acerca de nuestros nombres, la importancia de nuestros nombres.

En los años recientes, los psicólogos se han interesado por estudiar la manera en que el nombre propio influye en la vida de las personas. Por ejemplo se sabe que las personas con nombres muy singulares (extraños) consideran su personalidad igualmente singular y “especial”, su nombre es una de los rasgos más distintivos e importantes en su vida. Otro factor importante de los nombres, es la connotación que se le atribuye. Por ejemplo, nombres como Bárbara, Victoria, Arturo y Guillermo son considerados como nombres enérgicos, con presencia; y esa impresión fonética que creamos, nos hace pensar que personas con nombres así tengan esas características. Lo mismo puede pasar con los nombres que nos suenan comunes o graciosos.

En ocasiones también pasa que a la gente no le guste su nombre, ya que son anticuados o se prestan para burla. Por ejemplo Federico, Pancrasio, Anivdelarev, Brayan, Britany,… por lo que acuden a sus segundos nombres, apellidos, diminutivos o apodos. Pero a menos que ellos mismos no se presenten con ese apodo, no es recomendable decirles de alguna otra forma, ya que en algunas personas puede afectar autoestima y verse reflejado en su personalidad.

El nombre propio es probablemente la primera cosa que aprendemos a escribir, además es también el sonido mas hermoso que podemos escuchar, por ello, no hay que subestimar el valor del nombre propio. Por lo tanto, los dejo con algunas sugerencias:

-Si tienen la oportunidad de preguntar y aprenderse el nombre de la gente con la que trabajan o conviven (por ejemplo un mesero) es muy probable que el trato sea mejor y más amable.

-Nunca sigan una conversación sin acordarse del nombre de la otra persona, en este caso pídele amablemente que te lo recuerde, ya que puede que en algún momento debas presentarla a un tercero, cosa que no podrás hacer si no sabes el nombre quedando como un mal educado.

-No rehuyan a alguien porque no recuerden su nombre. Saludalo, sé honesto y pídele que te recuerde su nombre, la otra persona se hará cargo y no se molestará, al contrario agradecerá la honestidad, y de todos modos es preferible quedar como un despistado que como un engreído.

-Utilizar analogías. Cuando quieran recordar un nombre, establezcan una relación de semejanza entre éste y una circunstancia particular (asócialo al parecido con su padre o con un amigo íntimo que lleva el mismo nombre, o con algún rasgo físico característico). Pronúncialo varias veces inmediatamente después de haber conocido a la persona que lo lleva y al final de la conversación.

-Futurizar la relación logrará mantener el recuerdo de la persona con su nombre en tu memoria.

-Futuros padres: por favor piensen muy bien el nombre que llevaran sus hijos y las consecuencias de escoger tal o cual.

pulceras

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El Cafetín de las 5

Revista cultural con sede en la Ciudad de México. 25 de abril 2011
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