Sólo futbol, ni más ni menos, sólo futbol.

“El hincha que está en la cancha busca alegria nada más, busca ser feliz nada más, busca que le den algo nada más”

(Atilio Costa Febre) Periodista deportivo argentino.

“Al pueblo, pan y circo”, es una frase del poeta Juvenal que en un principio utilizó para referirse a los malos gobiernos de la antigua Roma, los cuales, mediante la comida gratuita y espectáculos alejaban a la población del quehacer político. Juvenal se refería particularmente al gobierno de Julio Cesar, quien repartía trigo o pan a las clases bajas, además de entradas a juegos circenses, con el fin de mantener distraída a la población.

Cuántas veces no hemos escuchado esa frase en nuestros días, incluso siendo cambiada por “Al pueblo, pan y futbol”. México, desde el punto hasta donde llegue nuestra memoria, ha sido un país muy futbolero, y desgraciadamente también plagado de problemas. Sin duda el futbol en México ha llegado a convertirse en una ruta de escape, al menos momentánea, de todos los problemas que nos aquejan. Incluso esto ha llegado a dividir a la población, pues hay muchos que aman el futbol y otros tantos que lo odian, por el hecho de que llega a acaparar la atención del país completo al menos por noventa minutos. Al final del día ninguna de las dos posturas tiene completa razón pues el futbol no tiene ni la culpa, ni la respuesta a los problemas de un país y una sociedad decadente, es simplemente futbol.

Tengo dos ejemplos que reflejan completamente esta peculiar situación. El primero es la fronteriza ciudad de Tijuana, la cual, a inicios del año fue evaluada como una de las cincuenta ciudades más violentas del mundo por el Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública y Justicia Penal. Tijuana cuenta con alrededor de un millón y medio de habitantes que se han acostumbrado a vivir en medio de operativos militares, ataques por parte de grupos de delincuencia organizada, y mucha violencia, convirtiéndose en el perfecto ejemplo de la realidad de muchas entidades fronterizas mexicanas. La pasada temporada el club de futbol Xoloitzcuintles de Tijuana logró el ascenso a la primera división del país, desbordando pasiones en gran parte de la población de la ciudad. El equipo del futbol en muy poco tiempo ha llegado a ser muy querido por la gente y les ha dado una gran felicidad al llegar a la máxima categoría.

El segundo ejemplo tiene años de llevarse a cabo y se puede notar casi por ley cada cuatro años. La selección mexicana detiene al país en cada juego, y a pesar de que han sido realmente pocas las verdaderas satisfacciones, la afición mexicana es simplemente inigualable. El pasado sábado la selección mayor de México jugó la final de la Copa Oro frente a Estados Unidos e incluso cruzó fronteras, tanto el territorio mexicano, como gran parte del norteamericano estaban pendientes del gran partido. Las ocasiones que la selección mexicana visita suelo estadounidense, aunque el rival sea de mero trámite, convoca a muchos aficionados inmigrantes quienes después de años fuera de casa, simplemente buscan revivir un poco ese sentimiento que tanto extrañan. Lo mismo sucede en el interior de la república, donde ricos, pobres, clase medieros, ninis, emos, hombres, mujeres y hasta niños están pendientes de la actuación de la selección. Todos los mexicanos que gustan del futbol, simplemente olvidan sus problemas por un rato y disfrutan del partido.

Hasta este punto la fiesta va en paz, no hay motivos para pensar en que el futbol nos pueda causar un mal. Sin embargo, el problema viene cuando el futbol eclipsa por mayor tiempo todo lo demás, cuando esos noventa minutos llegan a ser lo único importante. En Tijuana por ejemplo, los Xolos que tanta alegría le dan a la gente, son propiedad de Jorge Hank Rhon, un corrupto político que incluso es protegido por un sector de la población que teme que el futbol se vaya de Tijuana si es capturado su dueño. En el caso de la selección, el otro lado de la moneda también existe. Ciertamente llegan a haber ocasiones en que la atención al partido de futbol es mucho mayor a los problemas que realmente nos deberían tener ocupados. El futbol no lo es todo.

Desde hace mucho tiempo, el futbol se juega en nuestro país y mueve pasiones, desde que tengo memoria hay gente que o critica al futbol o lo defiende a capa y espada, y al final del día los problemas siguen ahí. Si nos gusta el futbol, no tiene nada de malo ver esos noventa minutos, apasionarnos, gritar y si se puede festejar un rato, pero sólo un rato. El apoyar a nuestra selección no nos hace más o menos mexicanos, lo que nos hace mexicanos es la responsabilidad con que afrontemos los fantasmas que siguen aquejando a nuestra sociedad. Todo en exceso es malo, se vale festejar pero todo a su tiempo, si hoy podemos festejar un poco que se ganó en el futbol hagámoslo, pero no olvidemos el porvenir. El futbol nunca va a darnos más que una gran alegría, nunca va a resolver la existencia de este país.

Anuncios

Trackbacks

  1. […] se acelera por conocer la intimidad de alguien más, el fútbol; cuyo rol fue bien analizado en otra sección de esta misma revista, y el consumismo; cuyos valores suplantan la dignidad y la libertad […]

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

El Cafetín de las 5

Revista cultural con sede en la Ciudad de México. 25 de abril 2011
A %d blogueros les gusta esto: