El final

En muchos otros cafés, charlas amenas y alguna discusión apasionada, se ha debatido la importancia de los números ordinales. Aquellos que nos enseñaron en la primaria, que nos permitían saber quién había ganado en una carrera de autos inventada por la maestra de matemáticas, qué recipiente era más ancho o quién en el salón era el más alto. Aun cuando quiero suponer que los números ordinales no tienen vida propia y que son una mera invención humana que sirve como herramienta en el continuo juego de la comparación (a todos los niveles), existe evidencia que trata de desmentirme una y otra vez. Los números ordinales se han convertido en escalones de distintas alturas en un podio. En clasificaciones incontables de “lo mejor” y “lo peor”. En medallas más pesadas, más brillantes para unos que para otros. En trofeos más grandes y ostentosos para los primeros lugares; en diplomas de participación para los otros. Reforzado acaso por la idea de la competitividad que prima en un mundo capitalista, los números ordinales se vuelven una referencia inmediata para cuantificar cosas que creíamos imposibles de medir. Los mejores países, goles, amabilidad por nación y cariño maternal en cada sociedad: todo lo que en principio se pensaba inmedible es objeto ahora de los estudios estadísticos más diversos, los cuales terminan por sentenciar, descalificar y llenar de gloria, reconocimiento y honores a unos y otros.

¿Hacen tanto daño acaso los listados jerárquicos? En principio se podría suponer que no, que sirven (de nueva cuenta) como una forma amena de clasificar elementos cotidianos (una lista de las mejores películas nominadas al Óscar, por ejemplo), una manera de expresar con un lenguaje universal (el de los números) la afiliación por ciertos objetos, el placer que supone cierta actividad. Sin embargo, a países como el nuestro, los números ordinales les dañan en demasía. Hablemos bien de México, repite incesantemente el Presidente Calderón, quizá porque sabe que si no somos nosotros, los embajadores silenciosos, quienes hacemos ese trabajo, las listas y clasificaciones de seguridad, inversión extranjera, discriminación, niveles educativos y demás que presentan diferentes trabajos periodísticos, investigativos o de ONGs están imposibilitados a hacerlos por los resultados.

Esta breve introducción no pretende alejarlo a usted de la última parte de la lista que hemos venido elaborando desde hace dos semanas ya. Por el contrario, pretende motivar una reflexión mucho más amplia acerca del sentido de este tipo de listados, su cotidianidad e impacto. En suma, una perspectiva diferente al mundo de los números ordinales, de los cuales sólo emplearemos tres esta vez para otorgar a las películas restantes, que son:

 

3.- The Fighter (El Peleador).- Una de esas cintas que curiosamente corre al lado del protagonista, contra las adversidades y triunfante al final, en su historia de producción. Con Darren Aronofsky como primer director, el proyecto siempre fue impulsado por Mark Wahlberg, (protagonista mismo del filme, y quien ya alista una precuela, gracias a su éxito comercial y crítico) y sufrió distintos reveses con el paso del tiempo. Aronofsky abandonó la cinta para dirigir El Cisne Negro, y uno de los actores estelares involucrados en la producción, nada más ni nada menos que Brad Pitt también sacó sus cosas del trailer de actores. Con esto, otro peleador se hubiera rendido, pero no Wahlberg, quien contactó a David O. Russell para la silla de director y a Christian Bale para el puesto de Pitt: a la postre, O. Russell terminaría nominado como Mejor Director y Bale ganaría el galardón como Mejor Actor Secundario. The Fighter es una historia que no busca desesperadamente escapar de los convencionalismos de películas de box (o de deportes, como se quiera ver) sino que les da un toque humano, realista e íntimo a los mismos. Apoyado por un ensemble de talentosísimos actores, The Fighter nos mete en el seno de una familia disfuncional, en un cuadrilátero soñado y en una historia real que no abandona al espectador, aún cuando la cinta termina y las luces se prenden.

(4 estrellas)

2.- The Social Network (La Red Social).- Mi respuesta frente a quienes preguntan en qué radica la mayor fortaleza de la cinta siempre es la misma: ¿creía usted que una historia sobre los nerds que crearon Facebook tendría los toques de dramatismo shakespearianos, que tocaría temas como el poder, la amistad, el estatus, la avaricia, la crítica a la modernidad, o que poseería el humor, la inteligencia y la chispa que nos mantuvo a todos durante dos horas pegados al asiento? No. Por esa razón, por el estilo visual impecable de David Fincher, por el guión multilaureado de Aarón Sorkin, por las actuaciones fenomenales de su grupo de actores, y por hacernos creer que un millón de dólares no es cool, La Red Social es una de las mejores películas de nuestros tiempos.

(4 estrellas)

1.- Inception (El Origen).- Por el viejo método del descarte (no confundirse con el de Descartes), más de uno no encontrará esta película en este puesto como sorpresa. El Origen es otra de las películas (como las pasadas tres) que luchó contra ciertas concepciones erróneas y problemas desde un principio. Cuando se empezó a hablar del proyecto, más de una voz justificaba a la película (y lo que ellos veían como un fracaso comercial y crítico) diciendo que era el “capricho” del director Christopher Nolan, para que después se pusiera a trabajar en la tercera entrega de Batman. Después se creyó que sólo los fanáticos de Nolan iban a ver la película y que era “demasiado inteligente y compleja” para la gente promedio. Al final, todos estos críticos tuvieron que callar cuando Inception se colocó como el éxito del verano, no sólo entre las audiencias (que no tuvieron que pagar elevados precios en 3D para hacerla una taquillera) sino entre los críticos también. Una película que tiene un poco de todo para todos: metafísica, psicoanálisis y profundidad intelectual para algunos, romance para otros, acción para otros tantos, etc. Salir de la sala de cine boquiabierto y fascinado no es una reacción ajena o imaginaria hacia esta película que combina lo mejor de los componentes de las películas para la historia: una edición fantástica que nos hizo entender a todos qué estaba pasando (y en qué nivel de sueño estábamos), fotografía impecable (ganadora de Óscar), dirección supeditada a la historia pero sin embargo, presente y perceptible, efectos especiales sin robots pero más impresionantes y actuaciones elegantes, sofisticadas y al mismo tiempo, familiares e imborrables. Inception puso a girar el trompo mental dentro de todos y que aún no sabemos si se detendrá.

(4 estrellas)

Así terminamos con esta lista de películas nominadas, con lo que en esta época de sosiego y veraneo, la continuación lógica de la misma sería conseguir las que no se han visto y crear una lista propia, una jerarquía personal, para que nadie piense que los peldaños en esta escalera, y sus ocupantes han sido una idea plantada por mí en la cabeza de ustedes que han leído.

Hasta la próxima entrega, donde el contenido cinematográfico ya no ocupará las líneas digitales de esta revista, para pasar a otros temas

¿Es acaso The Social Netowrk una de las mejores películas sobre nuestros narcisistas tiempos?

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El Cafetín de las 5

Revista cultural con sede en la Ciudad de México. 25 de abril 2011
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