Los maduros se equivocan

Hay muchas cosas en la vida que llenan de tristeza a quien escribe estas líneas. Ciertamente, centenares de teóricos, científicos, publicistas, mercadólogos y guionistas de Televisa conocen a la perfección los más diversos métodos, diálogos y situaciones que logran arrancar lágrimas hasta de los sauces. Un perro abandonado, un amor imposible, el abandono, Elsa y Fred o The Notebook, no son mas que sabidos ejemplos del poder de lo cursi, o bien si no gusta esto último, del infinito deseo melancólico que invade al ser en la agonía de su existencia, lo vacío de las relaciones que establece, lo efímero de la vida (¿así está mejor?). Sin embargo, hay algo más, algo mucho más amplio, abstracto y lejano que sólo entristece a algunos cuantos; estoy hablando del futuro. Aquellos a los que nos entristece el futuro somos generalmente tachados como pesimistas, emos, atrasados, o en el mejor de los casos envidiosos porque no tenemos una iPad (y por ende no podemos percibir el idílico y touch screen porvenir mundial, al parecer).

Aún así, no es este el lugar, ni el momento para discutir lo fallido de las “Metas del Milenio”, o lamentar el constante incremento de la pobreza y la hambruna a nivel mundial, las fallas del capitalismo, los desastres naturales, el calentamiento global, y todo aquello que pueda englobar el cada vez más común término de Apocalipsis (pensado siempre como un ente del futuro, no algo que se pueda vivir o presenciar) que parece ser el destino final al que todos estamos encaminados. No, lo que me ocupa en esta ocasión son los trabajos del futuro, lo que alguna vez nos enseñaron bajo el nombre de “oficios y profesiones”. Sería muy interesante preguntarle a niños en edad de educación primaria, a qué se quieren dedicar “cuando sean grandes”, aunque puedo imaginar algunas respuestas (claro que éstas variarían de manera intensa de acuerdo a la región geográfica y económica donde se formulara la pregunta, pero pensemos en una escuela privada de clase media en la Ciudad de México):
-Actuario como mi papá.- diría alguno.

-Empresario para ganar mucho dinero.- otro.

-Futbolista.- Perdón, pero me parece que esa respuesta será eterna, mientras ruede el balón.

-Abogado como mi tío.- el último.

Aunque todas estas profesiones son loables, legales y absolutamente respetables, queda en mí un dejo de nostalgia, al pensar que hoy ningún niño está considerando seriamente el ser astronauta.

La angustia anterior se deriva de la noticia del último despegue de un transbordador tripulado de la NASA, llevado acabo la madrugada del viernes. De unos años para acá, el ser astronauta ya no es rentable, la NASA no figura mucho en los titulares científicos de las publicaciones periódicas, su presupuesto es cada vez más bajo, y el furor de mitad del siglo XX por el espacio y la última frontera, se ha ido perdiendo cada vez más y más. Diversos factores contribuyen a esto. La desacelaración económica que sufre el mundo parece ser el indicador más adecuado de este declive espacial. Los gobiernos prefieren ahora rescatar a los bancos (culpables de distintas crisis) con subsidios millonarios, a financiar la exploración espacial que permita encontrar agua en otros planetas, trazos de vida o cualquier elemento que produzca un significativo avance en la manera en que concebimos a nuestro planeta, la formación del universo o la aparición de distintas especies (entre las cuales obviamente está la humana). Otro motivo sustancial es sin duda alguna el fin de la Guerra Fría, la carrera espacial, la competencia y la desaparición de la concepción Jedi que parecían portar algunos líderes del mundo entonces (véase Ronald Reagan). Ya no hay enemigo a vencer o banderas que colocar en la Luna: ahora Rusia y los Estados Unidos están más preocupados por que sus banderas sigan ondeando…en su propio territorio.

Así es como llega una era a su fin. Décadas pasadas en que los héroes nacionales no eran los ganadores de American Idol en cualquiera de sus modalidades (Latin, Asian, African, etc.) sino Yuri Gagarin, Buzz Aldrin, Rodolfo Neri o el reciente José Hernández (no relacionado de manera alguna con el Chicharito, ni pregunten). Se ha ido perdiendo de la memoria y conciencia colectiva a la figura del astronauta: el pesado casco, el traje, el alimento empacado y la gravedad cero son literalmente vestigios de un pasado que hoy por hoy (como lo atestigua el despegue del Transbordador Atlantis) está ya muy lejos.

Rodolfo Neri, astronauta mexicano, colocó en órbita al satélite "Morelos Dos".

Probablemente no se gane mucho dinero siendo astronauta. No hay publicidad en sus trajes, nadie conoce sus nombres, no están involucrados en escándalos. Tal vez por eso no llaman la atención de los niños. Algunos otros, los que se distancien del resto alegando “madurez” dirán que las cuestiones más apremiantes para la humanidad no se encuentran en la Luna, en los viajes a Marte, en los hoyos negros, o en las órbitas de algún lejano planeta. Pero sin conocer de dónde venimos, quiénes y por qué somos, en dónde vivimos y con quienes (si es que) compartimos este infinito universo, jamás podremos descifrar el camino a seguir de la humanidad, jamás alcanzaremos a delinear una ruta precisa para el futuro, en espera de que éste no sea nunca más motivo de tristeza.

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Comments

  1. En un mundo donde la cantidad de dinero presupuestada pareciera indicar la importancia que se le da a algo, la exploración espacial queda relegada a millones de dólares luz de otras industrias que poco (o nada) podrían competir con la NASA y las publicaciones científicas en la divulgación del conocimiento. Gracias a todos por sus comentarios, que son siempre leídos (básico) y bienvenidos.

  2. Qué BÁR BA RO! Amigo neta que casi me sacas las lágrimas de los ojos (pues nimodo que de dónde vea?) Debo confesar que es la primera vez que leo esta página y debía ser una de tus notas. Como siempre MAESTRO *aplausos*

  3. Lo triste es que todo el presupuesto que se ha invertido en la historia de la NASA, equivale al presupuesto de 2 años para el ejercito estadounidense (y estando en tiempos de paz)

  4. Gaby Pérez islas says:

    Excelente reflexión, duele la tristeza de los jóvenes. Sólo saldría a la defensa de Elsa y Fred muestra clara de actitud ante la vida y lo dado no pedido.

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El Cafetín de las 5

Revista cultural con sede en la Ciudad de México. 25 de abril 2011
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