Benjamín Franklin, No. 84

A través de los tiempos, la política ha demostrado ser el espacio de negociación más complejo, entramado, por momentos opaco pero ciertamente fascinante en que participan los hombres. Años luz de distancia nos separan sin embargo de los lugares que vieron florecer el debate, el diálogo y la argumentación como los ingredientes esenciales de un gobierno. En otras palabras, el Foro Romano no es Benjamín Franklin No.84: sede del Partido de la Revolución Democrática.

Mucho se habla, en distintos espacios y con distinta intención, sobre la ruptura de la izquierda mexicana; lo perdida que está, lo dividida, débil, desorientada. En gran parte, esta división se le atribuye en mayor o menor medida al sospechoso usual: Andrés Manuel López Obrador. Para mucha gente, el caudillismo de AMLO, su obstinación, su intransigencia, y sobre todo su incapacidad para negociar son las razones principales por las que su(s) partido(s) no se ponen de acuerdo en un proyecto de nación viable y respaldado por la mayoría de cara a la elección presidencial del 2012.

La reciente elección presidencial de ese partido evidenció claramente lo que los analistas llaman las dos corrientes dentro del PRD. Por un lado, tenemos al grupo comandado por Jesús Ortega (Nueva Izquierda) que aboga por un pragmatismo centro-izquierda, y la conformación de un gobierno de coalición (alianzas partidistas). Por el otro lado, está la corriente “radical” comandada por López Obrador, donde siquiera saludar de mano al Presidente Calderón está prohibido y el más grande enemigo es la mafia que impide la llegada al poder de este gobierno de, por y para el pueblo. Los dos se presentan entonces como irresponsables frente a la actual debacle del Sol Azteca, pues achacan las recientes catástrofes electorales (EDOMEX, Coahulia, Nayarit) a factores externos, incontrolables, aislados. Ambos grupos de partidarios saben que, de presentarse escindidos a la contienda de 2012, sus posibilidades serán ínfimas y por tanto, tienen un problema.

Se ha visto ya, que ninguno de los dos piensa ceder. Pareciera que inclusive una aparición milagrosa de su apóstol El Tata Cárdenas, podría elevar sus conciencias para lograr un acuerdo nacional. Sin embargo, es en el discurso donde podemos inferir ciertas situaciones. Se ha venido diciendo de manera incesante que los únicos candidatos probables son Marcelo Ebrard y Andrés Manuel López Obrador. El primero pasó de ser “el carnal Marcelo”, al galardonado “Mejor Alcalde del Mundo”, el de la ciudad de la Vanguardia, el que aparece en “Hoy”, casi con tanta frecuencia como su vecino mexiquense. Pasó de ser un aliado incondicional de AMLO, a una figura pública con peso y reputación por su cuenta. Un gobernador y un político eficaz, conciliador y que en efecto, ha apretado la mano del Presidente Calderón en más de una ocasión. Ebrard pasó de ser un correligionario lopezobradorista más al político que hoy por hoy reta a López a debatir y a una consulta popular para elegir al candidato presidencial perredista. El todavía jefe de gobierno capitalino amasa una confianza personal y una seguridad que sorprende.

A partir de esto, se ha manejado que las encuestas definirán al candidato “mejor posicionado” para que sea el abanderado por la izquierda en 2012. Tanto Ebrard como López Obrador han aceptado públicamente y en repetidas ocasiones que ése será el mecanismo fundamental para decantarse uno a favor del otro. Es decir, el que traiga más amigos a la fiesta. Y en estos momentos, parece que la lista de invitados de Ebrard se alarga (con Elba Esther Gordillo y secuaces entre ellos) mientras que la de López Obrador se contrae inevitablemente. Por eso no deben de sorprender las recientes declaraciones de AMLO: “no me quieren ver en las boletas, pero no les voy a dar el gusto, voy a estar en las boletas como candidato”.

Es decir, López Obrador parece dispuesto a obviar el acuerdo que tácitamente ha establecido con Marcelo Ebrard y “adelantársele” a aquellos opuestos a su candidatura dentro del PRD, registrándose como canditato por el Partido del Trabajo, que sin duda alguna ha salido más beneficiado por el apoyo a AMLO, que viceversa. Esto perjudica únicamente a la ciudadanía, quien termina enmedio del embrollo, con precandidatos confrontados entre sí y no contra los males que aquejan al país. Desmoraliza ver cómo la virtud política del diálogo, la conciliación y el acuerdo no tiene cabida en la maltratada izquierda mexicana, que tendrá que sentarse a la mesa (como en estos momentos lo está haciendo el Presidente Calderón con el PAN) para definir una estrategia viable, pacífica y de coalición en aras de ofrecer a los electores lo que se supone que representan: una alternativa política.

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El Cafetín de las 5

Revista cultural con sede en la Ciudad de México. 25 de abril 2011
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