El cinturón por el iPhone

Ser padre implica inevitablemente cargar con un sentido de preocupación extra. No todo el tiempo, claro está: los niveles disminuyen casi por completo a la hora de la cena (asumiendo que los hijos están en la mesa) y aumentan de manera exponencial y drástica aquellos fines de semana, en “altas horas de la madrugada” o cuando los hijos no se “reportan”. Alguna vez un profesor de comunicación explicó en términos de esa disciplina, cómo en nuestros tiempos, el poder de nuestros padres es mayor. Basándose en la idea de que el poder de una persona (un gobernante, un emperador, un padre) llega tan lejos como los medios de comunicación de los que disponga (teoría original de Harold Innis), los padres de hoy día parecieran ser omnipotentes a comparación de los primeros líderes tribales, que tenían que alzar la voz para que todos los miembros de la comunidad lo escucharan. Hoy día, sólo se necesita un SMS. Es decir, debido a la existencia del celular, los regaños no se limitan a un espacio físico, y la localización es inminente. Lejos están los días, decía el profesor, cuando uno podía salir de su casa, sin que sus papás supiera a dónde iba, con quién, y hasta qué hora. Claro que no sólo las tecnologías han ayudado a esto, la creciente inseguridad y la paranoia cotidiana contribuyen a que los padres agudicen su sentido de preocupación y a mantenerlo en niveles altos.

Sin embargo, así como la tecnología evoluciona, también los padres lo hacen, adaptándose a las tendencias, buscando nuevas formas de establecer vínculos con sus hijos, cambiando el cinturón por el iPhone. Con esto me refiero al uso creciente que le dan los padres a Facebook para mantener a raya a sus retoños. Una reciente encuesta realizada en Inglaterra reveló que más de la mitad de los padres encuestados (alrededor de 2,000) utiliza Facebook para espiar a sus hijos. 55% de los encuestados respondió que utiliza esta red social para rastrear las actividades, preferencias y localización de sus hijos, y un 5% contestó que lo haría si supiera cómo.

Es más, el 11% admitió que creó su cuenta en Facebook con el único propósito de espiar a sus criaturas. 13% de los encuestados fueron más lejos y admitieron haber iniciado sesión con cuentas de “amigos” de sus hijos, principalmente al haber sido negada su solicitud de “amistad” por sus vástagos. 15% ha intentado el envío de estas solicitudes, y 4% han sido rechazados.

Esto no es para nada desconocido ni nuevo, pero si plantea nuevas preguntas con respecto a la relación padres-hijo. Más allá de lo extraño que podría parecer el tener a tus padres bajo la denominación de amigos (en el mismo apartado donde se encuentran los amigos de las fotos indiscretas), ¿hasta dónde tiene derecho un padre de ser un participante activo en la vida “social” de su hijo? Me cuesta trabajo imaginar a alguien que quiera asistir a una fiesta a la que ha sido invitado por Facebook, y en donde la lista de invitados confirmados incluye a su mamá.

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Comments

  1. Gaby Pérez islas says:

    Si la “preocupación” es una forma velada de control, la insurrección a ella se paga con el sentimiento de culpa, qué complejo!!! Todo esto responde a aprendizajes familiares donde se nos ha enseñado que querer a alguien es preocuparse por él. Además como bien dices la realidad de nuestro país pues no ayuda en nada a solucionar esto.

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El Cafetín de las 5

Revista cultural con sede en la Ciudad de México. 25 de abril 2011
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