Valentina

“La verdadera libertad yace en la espontaneidad”

(Anónimo)

Este día comenzaré con una historia que me aparece en la mente, en este instante, y que tal vez no tendrá ni pies ni cabeza, pero bajo la consigna de cumplir con la labor de compartir lo más honesto y auténtico que salga desde mí, espero saldré avante de este viaje. Le pienso llamar, -novela espontánea-.

Aquella tarde lluviosa, su madre había estado buscándola por más de cinco horas, las mismas horas que la joven de tez blanca llevaba sentada en un triste sillón rojo, mientras que con una expresión desagradable, reía a carcajadas y repartía besos de alquiler a los esporádicos hombres que se acercaban, algunas veces para hacer un cumplido, algunas otras para sentir su piel.

Valentina, le llamaban ”La avestruz”, ciertamente tenía sentido pues cuando sentía miedo, solo se ocultaba tras su cobardía y mitigaba la culpabilidad de no atreverse a ser si misma, con orgias de hartamiento, con bacanales de placer; lo anterior, bajo el vago pretexto de que era una forma de castigarse, de sentir que con esa auto imposición podía sentir que ayudaba a los hombres prestando su cuerpo, desconfiando siempre de sí misma para ponerse a merced de lo que ellos quisieran que ella fuese…pero Valentina, no se molestaba en fingir, pues cansada de buscar el instructivo, muy dentro de ella sabía que a pesar de no tener un pene, podía, gracias a su cálida vagina, tener cuantos falos quisiera de otros hombres, al fin ella dominaba y ellos sólo eran el rebaño de ilusos, aquellos incautos que disolvían sus frustraciones y complejos con la utopía de perderse en la odisea que el cuerpo exquisito de Valentina, que lleno y vasto de lujuria, empapaba y desbordaba un mar de sensaciones dentro de aquellos hombres que decían llamarse cabales, aquellos que si de algo se jactaban, era de decencia.

Suzanne, su inseparable amiga, no podía creer la radical transformación que había experimentado Valentina; su cuerpo era otro, su mirada perdida y sus sonoras carcajadas la hacían parecer mayor, se asemejaba a esas mujeres que rematan su falsa simpatía, a cambio de un trago que les recuerde sus años de ser las pretendidas….pero algo andaba mal en este cuento, pues Valentina, estaba por entrar a la Universidad.

Por Davilowsky

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El Cafetín de las 5

Revista cultural con sede en la Ciudad de México. 25 de abril 2011
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