Encubetados

Nota: Para una muy completa descripción y cobertura de las revueltas londinenses, no deje de leer el excelente Reino Unido; Más allá de las protestas y el vandalismo en la sección El Nautilus, de esta misma revista.Escobas al aire. Ciudadanos londinenses en pos de su ciudad.

La imagen que más recuerdo de los recientes disturbios y saqueos en Londres y otras ciudades de Inglaterra no es la del camión de doble piso en llamas. No es la de los enfrentamientos con la policía. Ni siquiera es la del rostro del primer ministro David Cameron ante la noticia de que los disturbios se extendían y replicaban por todo el país, de una noche a la otra. Para mí, la imagen que habla más y con más fuerza que todas las anteriores, es la de cientos de londinenses literalmente tomando las calles, escobas al aire.

Me explico: ante la ola de saqueos, disturbios y revueltas en las ciudades inglesas, los ciudadanos reaccionaron de dos maneras diferentes. Unos, cerraron con doble llave las puertas de casas y negocios, recluyéndose en el té de la tarde, en el miedo, por cierto alimentado de manera incesante por los medios de comunicación, quienes se encargaron de seleccionar las tomas más violentas e impresionantes para sus titulares. Otros, decidieron contramanifestarse: recuperar las calles.

Ante lo que ellos encontraban como violencia sin sentido, saqueos sin escrúpulos y protestas sin fondo alguno (es decir como lo que fue, un brote de violencia y caos puro, impulsado por la situación paupérrima en la que viven muchos de los jóvenes que organizaron los disturbios, y que representan a un sector marginal del Reino Unido, ese que la Corona no quiere mostrar en sus venideros Juegos Olímpicos), su respuesta fue la de organizarse a través de Twitter, pero sobre todo (y a diferencia de otros movimientos recientes en otros rincones del mundo) por los muy famosos mensajes instantáneos de BlackBerry. Estos ciudadanos pues se reunieron bajo el lema #cleanup, por voluntad propia, sin un llamado oficial o una llamada obligatoria, para salir literalmente escobas en mano y limpiar por la mañana todo lo que en la noche había quedado quemado, o destruido.

Los participantes de lo que he denominado como contramovimiento no son tan jóvenes como los que destruyen por las noches, los que incendian los comercios. Joan McAvoy es una ciudadana inglesa de pura cepa. Al ver el barrio en el que ha vivido toda su vida, destruido y saqueado, decidió unirse a los que buscaban recuperar su colonia. Los causantes de los disturbios tienen 10, 12 años: Joan, 72 y su determinación con la escoba es mayor que la de los jóvenes con bombas molotov. Sarah Driver-Jowitt de 37 años vive en un departamento londinense, en un barrio que también sufrió saqueos y disturbios. Sin embargo, la profundidad en su respuesta ante su sentir sobre el caos nocturno nos invita a replantearnos la participación social y cívica en nuestras vidas: “Creo realmente que la única manera de responder al desorden, es con orden civil“. Sarah llevaba entonces algo más que la cubeta en mano para recuperar las calles.

¿Qué nos dice esto sobre el espíritu de los londinenses? Mucho, pero nos dice mucho, mucho más sobre otra concepción de lo que vivir en sociedad significa. Por años, la sociedad inglesa ha sido el modelo de comportamiento y de normas a seguir para vivir en paz y de manera correcta. Sin duda, todas esas caricaturizaciones de los ingleses, con bombín y monóculo, tienen un sustento en la realidad. Desde hace tiempo ya, y debido a las limitaciones geográficas de la isla, la gente se ha concentrado en cantidades importantes en las urbes inglesas. Si éstos no hubieran desarrollado ya una manera cívica y tolerante de convivir, aunado al torrente de convenciones sociales que perduran bajo el reino, la experiencia de vida en esos lares sería extremadamente ruda, inhóspita.

Todos los que salieron a las calles mandaban un mensaje directo y brutal a los manifestantes: no permitiremos que nadie pase por encima de la ley, que nadie destruya el equilibrio, el orden y el estilo de vida que por muchos años (recordemos la destrucción de Londres tras los bombardeos aéreos nazis) hemos construido. La participación ciudadana no es hablarle a tu diputado porque te llegó muy caro el recibo de luz. La participación de la sociedad civil no debe de ser entendida como una reacción negativa, o como algo temible. La ciudadanía se ejerce de manera diaria, consciente, con un sentido ético de comunidad, de responsabilidad. Los brotes de violencia y enojo, empujados esencialmente por los recortes presupuestales en el gobierno y la crisis económico-financiera mundial, no deben ser la noticia que de la vuelta al mundo. Los ciudadanos encubetados sí.

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El Cafetín de las 5

Revista cultural con sede en la Ciudad de México. 25 de abril 2011
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