El sauce

¡Se ve! ¡Se siente! ¡Enrique presidente! ¡Se ve! ¡Se siente! ¡Enrique presidente!… No, esta no es una proclama ilusoria en los pasillos de algún estudio de televisión en San Ángel. Tampoco es la voz que escuchan en sus más temibles pesadillas los dirigentes de Acción Nacional. Vaya, no es siquiera una estampa en la defensa de un coche. Pero es un grito real, existente, audible y grabado que le ha dado la vuelta al país desde su epicentro en el Estado de México. Fue en el Teatro Morelos en el territorio mexiquense, donde el pasado jueves Eruviel Ávila Villegas (¿se acordaba usted de él?) rindió protesta como gobernador entrante en funciones.

Durante dicha ceremonia, Ávila no pudo recordar el juramento que debía hacer, y tuvo que leerlo continuamente, haciendo de la misma un trámite vergonzoso frente a las cámaras de televisión. Vale la pena recordar que a Obama, por lo mismo, lo hicieron repetir su toma de protesta. Pero Toluca no es Washington y eso quedó claro en el momento en que la cámara registró a algunos de los asistentes. Por obvias razones, estaba sentado en primera fila y al centro (no podía ser de otra manera) el ahora ex gobernador del Edomex, Enrique Peña Nieto. Junto a él, algunos de los pesos pesados del renovadísimo Partido Revolucionario Institucional, como Manlio Fabio Beltrones, Beatriz Paredes…

Pero quien robó más de una mirada a la concurrencia y a quienes nos enteremos de ella por otros medios, fue nada menos que Arturo Montiel. Sí, el mismísimo ex gobernador mexiquense que ha sido calificado (cuando le va muy bien) de rata, en sus múltiples acepciones y sinónimos. Aquel gobernador que representa casi de manera transparente (vaya paradoja) a la corrupción política. Aquel personaje que contaba con propiedades dentro y fuera de México con valores exorbitantes, y las cuales nunca fueron motivo de una auditoría que resultaba obvia y necesaria. El mismo que alguna vez fue descrito por Ávila como  “[…] el árbol, fuerte y frondoso, al que acudimos para protegernos bajo su sombra del inclemente sol. Fue siempre y sigue siéndolo, árbol lleno de frutos para saciar a los hombres y mujeres con más necesidad.

Lo curioso es que el árbol Montiel no había echado raíces o aparecido en la escena pública nacional desde hace más de seis años. Seis años en los cuales las dudas sobre su enriquecimiento ilegítimo no han hecho sino crecer. Años en los que el PRI ha tratado de renovar su imagen, de presentarse como un partido distinto, lejos de aquella corrupción cabalgante, de aquel despilfarro de recursos, del vaciar las arcas nacionales para otros intereses. Seis años en los que la figura de Montiel se asoció con los defectos más oscuros del príismo, donde nadie osaba expresarse a favor del supuesto miembro del Grupo Atlacomulco.
Y de repente, que se nos aparece el sauce, llenando con su sábila inconfundible un camino que se suponía distinto y fresco…

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El Cafetín de las 5

Revista cultural con sede en la Ciudad de México. 25 de abril 2011
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