Yo, robot

"Robot", de la galería de imágenes de sid

Dentro del gran género literario de la ciencia ficción, mi subgénero favorito siempre será el de los robots. No podía ser de otra manera después de haber probado un poco de lo que Isaac Asimov dejó de legado al mundo. Él introdujo al vocabulario inglés palabras como robótica y positrónico, y le dejó a la literatura decenas de pequeños cuentos y novelas absolutamente brillantes, además de llegar ser un referente reglamentario para cualquier obra que incluya robots.

A los treinta años publicó Yo, robot, que probablemente sea más conocido por la adaptación cinematográfica protagonizada por Will Smith que por el libro en sí, pero es sin duda un trabajo brillante, recopilación de diez cuentos relacionados entre sí por la interacción entre humanos y robots, y las implicaciones morales y prácticas que surgen a partir de esto.

En su universo ficticio, los robots inteligentes son una realidad cotidiana. Piensan, resuelven problemas, y lo que es más, algunos presentan rasgos peligrosamente humanos. A veces parecen demasiado humanos como para ser considerados seguros, a pesar de las Tres Leyes de la Robótica que supuestamente garantizan su buen funcionamiento. Asimov diseñó estas normas y luego procedió a demostrar su “fallo”. Pero no nos adelantemos. Hablemos de robots.

Leyes hechas para romperse

Las Leyes están grabadas dentro de los ceberos positrónicos de cada robot en el mercado:

  1. Un robot no puede hacer daño a un ser humano o, por inacción, permitir que un ser humano sufra daño.
  2. Un robot debe obedecer las órdenes dadas por los seres humanos, excepto si estas órdenes entrasen en conflicto con la Primera Ley.
  3. Un robot debe proteger su propia existencia en la medida en que esta protección no entre en conflicto con la Primera o la Segunda Ley.

Si un robot deja de cumplir alguna de las leyes, el conflicto de lógica dentro de su cerebro sería tal que colapsaría, previniendo así, a mayor escala, un posible “levantamiento” o rebelión de la obra hacia el creador. Sin embargo, a través de los diez relatos, el libro nos narra cómo en algunas ocasiones estas leyes pueden burlarse o ignorarse, y finalmente, cómo el pensamiento de los robots evoluciona de tal forma que surge una ley más. Siguiendo la Ley 0, los robots dan la impresión de desobedecer las otras tres, pero en el trasfondo lo hacen para el bien mayor de la humanidad.

Más humanos que los humanos

Cada uno de los relatos nos cuenta la historia de un robot en específico, del “problema que hay con él” y cómo se resuelve. Cada una de las máquinas presenta características tan humanas que es difícil no encariñarse con ellos. Y lo más gracioso aún, cada robot pertenece a una serie o tiraje con siglas específicas que, en la mayoría de los cuentos, forman el nombre del robot. Por ejemplo:

  • De la serie RB, tenemos a “Robbie”, un robot-niñera que disfruta escuchar cuentos de hadas de la pequeña niña de la que está a cargo.
  • De la serie SPD-13, conocemos a “Speedy”, quien parece haberse vuelto loco y deja de obedecer las órdenes de los humanos con los que trabaja, casi costándoles la vida.
  • Luego, con QT-1, está “Cutie”, un robot que inicia un razonamiento sobre su propio origen y sorprendentemente llega a la misma conclusión que Descartes, “pienso, luego existo”, para sorpresa de los humanos que lo supervisan.
  • A continuación tenemos a DV-5, “Dave”, un robot con comportamientos compulsivos debido a su abrumador trabajo.
  • El siguiente, un RB-34 (como una nueva versión de Robbie), es llamado “Herbie” y es capaz de mentirle a los humanos para no lastimarlos con la verdad.
  • Finalmente, encontramos a NS-2, o “Nestor”, al que su propia arrogancia lo lleva a la destrucción, a pesar de su astucia.

Podría decir mil cosas más sobre esta magnífica obra, pero este Héroe Desempleado se despide con una cita del libro:

-Y eso es todo -dijo la doctora Calvin, levantándose-. Lo he vivido desde el principio, cuando los robots no podían hablar, hasta el final, cuando se interpusieron entre la Humanidad y la destrucción. No veré ya nana más. Usted verá lo que viene ahora…

Anuncios

Comments

  1. Definitivamente este autor revoluciono la manera en que vemos a los robots. Además el razonamiento es innegable

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

El Cafetín de las 5

Revista cultural con sede en la Ciudad de México. 25 de abril 2011
A %d blogueros les gusta esto: