Ensayo de un soñador

“En un futuro, serán vecinos el lobo y el cordero, el leopardo se echará con el cabrito, el león comerá pasto con los bueyes y los bebés jugarán con las serpientes” (Isaías 11,7). Antiguo Testamento.

Tal parece que, en la actualidad, lo único que puede salvar al ser humano de su autodestrucción es apelar a lo más puro y místico que tiene: la capacidad de amar; en esencia, esto es lo que expresa el teólogo y sociólogo inglés John Sobrino en su obra titulada “The eye of a needle” publicada en 2008. Y es que cuando hacemos una revisión retrospectiva al problema generacional que produce los monstruos sociales notaremos que es la carencia de identidad.

Digo esto porque, si prestamos atención en específico a México, su gente está totalmente desvinculada entre sí; existen familias con mucha unión en sus integrantes, pero paradójicamente, ya como conciudadanos carecen de consciencia, es decir, actuamos como si no fuéramos capaces de entender que, de alguna manera, todos estamos interconectados.

Nacos, fresas, cholos, emos, hipsters, tetos y demás motes son los que en lo cotidiano usamos para designar a los individuos que, a nuestra interpretación de la realidad, poseen un conjunto de características en común suficiente para encasillarlos y, de paso, alejarlos de nuestra identidad colectiva.

Para mí, una posible solución a este problema es hacernos conscientes de que si ellos son como son, es por algún motivo, y ciertamente, de haber llevado una vida similar a la suya, procederías con las mismas conductas; por tanto me pregunto: ¿quién es más condenable?  Aquel que, ni sabe lo que hace y pocas posibilidades tiene de entenderlo o el que etiqueta y relega a un ser humano a ser un ejemplar más en su prejuiciosa taxonomía, reitero, ¿quién es más condenable?

Sin duda, me declaro un ferviente predicador de la cultura de la consciencia y del amor, herramientas presentes (si prestamos atención) en todas las filosofías canónicas.

Ya sea un Jesucristo diciendo “Amaos los unos a los otros…”  o un cuarteto en Liverpool gritando: “All you need is love”, lo único con lo que me explico que a los pocos afortunados que, en lugar de encontrarnos dudando sobre si podremos comer un pan mañana o no, sino que estamos frente a una pantalla, bien alimentados,  con ropa limpia y no hagamos nada, es que estamos ciegos, sordos e idiotas….de otra manera, no lo entiendo.

Postdata. DESPIERTA A LA VIDA!!!

Honestamente, Davilowsky

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Comments

  1. Juan Sánchez es miembro de la respetable y honorable familia Sánchez. A los Sánchez se les conoce como unos chingonazos, son una familia grande, todos se apoyan entre sí, nadie falta a las fiestas que organizan… pero Juan, por sí solo, sin el apellido Sánchez, no puede conseguir trabajo, le cuesta socializar y como individuo, desearía que todo mundo supiera quién es la familia Sánchez, y presumir que él es miembro de una gran familia.
    Psicología del Mexicano, Rogelio Díaz-Guerrero

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El Cafetín de las 5

Revista cultural con sede en la Ciudad de México. 25 de abril 2011
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