Además de héroe, Gilberto Bosques fue un hombre de bien

“Basta un instante para hacer un héroe y una vida entera para hacer un hombre de bien” (Paul Brulant, escritor francés).

En la historia como nos la cuentan en México, es demasiado complicado identificar héroes. Es una versión la que nos cuenta el gobierno y otra la que los estudiosos dicen conocer, al final, uno simplemente ya no sabe qué pensar. Por un lado nos hablan del “padre de la patria”, del “niño artillero” e incluso de los “niños héroes”, por el otro nos presentan estudios extensos con los que hacen caer a estos personajes. La Real Academia Española dice que un héroe es un “varón ilustre y famoso por sus hazañas o virtudes”, ¿acaso es verdad que simplemente no ha existido ni uno de esos personajes en México? Es prácticamente imposible pensar que realmente no exista ningún héroe en la historia de México, sin embargo, hay gente que lo cree y hoy vengo a demostrar lo contrario. Gilberto Bosques no fue únicamente un héroe, pues como dice la cita al inicio del texto, un héroe puede hacerse en un instante, él además fue un hombre de bien.

Gilberto Bosques Saldívar nació el 20 de julio de 1892, en Chiautla de Tapia, Puebla, México. Fue profesor, periodista, político y diplomático, pero en esta ocasión únicamente destacaré la gran labor que realizó en el área de la diplomacia. Bosques participó en la Revolución Mexicana y desde ahí entró a la política, para más tarde ser de los hombres de confianza del presidente Lázaro Cárdenas. En 1939, cuando Europa comenzaba a enfrentar al fascismo, Gilberto Bosques es asignado como cónsul general en París, por órdenes directas del presidente.

Fotografía de Gilberto Bosques. Fuente: Wikimedia Commons

Los frentes nazis comenzaron a tomar Francia cuando Bosques ya se encontraba laborando en la capital de aquel país, por lo que tuvo que desplazarse junto con su familia varias veces a otras sedes provisionales del gobierno francés. Finalmente pudo establecerse en Marsella, donde comenzó a actuar en representación de México ante los actos de la Alemania Nazi. En sus primeras acciones, Gilberto Bosques buscó proteger a los mexicanos que se encontraban en Europa, pero después extendió su ayuda a refugiados de otras nacionalidades que buscaban huir del fascismo.

Al ser uno de los hombres cercanos al presidente Lázaro Cárdenas, Bosques fue influyente para que se tomara la decisión de abrir las puertas de México a los exiliados. En Europa, Gilberto Bosques ofreció la nacionalidad mexicana o visa a quién quisiera tomarla con el fin de escapar de la gran tragedia que se vislumbraba. Incluso, se dice que Bosques alquiló dos castillos, en los que daba refugio a los perseguidos mientras los ayudaba a realizar los trámites necesarios. En los dos años siguientes se expidieron un poco más de 40,000 visas.

Los ataques de las autoridades del Tercer Reich y del gobierno fascista español no se hicieron esperar. Cuando el consulado mexicano es tomado por la Gestapo, Bosques y su familia son tomados como prisioneros, puesto que oficialmente México estaba en guerra con Alemania. Ante su captura, Gilberto Bosques tomó una postura valerosa exigiendo que a pesar de ser prisioneros, se les tratara con dignidad.

Le manifesté que todo el personal mexicano se sometería al reglamento que acababa de leernos, porque México estaba en guerra con Alemania y por ello éramos prisioneros de guerra. Que podía estar seguro de que no pediríamos ninguna excepción, ninguna gracia sobre esas disposiciones, pero que tampoco aceptaríamos ningún trato vejatorio, como acostumbraban ellos con los prisioneros.”

Después de un año, Bosques y los demás prisioneros fueron liberados a cambio de prisioneros alemanes. En abril de 1944, Gilberto Bosques regresó a la Ciudad de México donde fue recibido gloriosamente por miles de refugiados principalmente españoles, libaneses y judíos, a los que había ayudado a escapar.

Gilberto Bosques continuó ejerciendo la diplomacia y finalmente murió en julio de 1995 a los 102 años de edad. Su vida y grandes acciones de ayuda humanitaria han sido reconocidas mundialmente. En Viena, el gobierno austriaco nombró una calle en su honor como agradecimiento por las vidas que salvó. También, en Israel, Yad Vashem (institución oficial constituida en memoria de las víctimas del Holocausto) lo considera como “justo entre las naciones” y le ha rendido homenaje en su sede.

He aquí un ejemplo de un verdadero personaje mexicano que vale la pena resaltar y sin embargo es prácticamente desconocido. Gilberto Bosques no fue únicamente un héroe, ese calificativo ciertamente quedaría muy corto para tan loable acción. Él fue un hombre de bien, un mexicano digno de admirar y del cual sentirse orgulloso. Héroes y hombres de bien los hay en México, simplemente hay que buscarlos.

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El Cafetín de las 5

Revista cultural con sede en la Ciudad de México. 25 de abril 2011
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