Chaplin; entre democracia y fascismo

“La tiranía no se edifica sobre las virtudes de los totalitarios sino sobre las faltas de los demócratas”.

Albert Camus (1913 – 1960) Escritor francés.

Tal parece que en nuestros días el concepto de democracia permanece gastado por el abuso en el uso del mismo y a pesar de ello, nos parece imposible imaginar un mundo sin dicho concepto. Por todos lados escuchamos y leemos a gente que habla de ella pero no estamos realmente seguros si hablan del mismo concepto que nosotros tenemos en mente. Hoy en día la mayoría de los partidos políticos y movimientos sociales o políticos tienen alguna referencia a tal concepto. Sin embargo, ¿por qué la democracia es un concepto tan eficaz? Porque pinta una necesidad y un anhelo que el ser humano ha tenido desde tiempos anteriores a la Ilustración, en donde deseaba ver su voluntad individual plasmada en una voluntad colectiva ejercida a través del gobierno.

Sin embargo, el mundo utópico y de los anhelos termina cuando se enfrenta a una realidad manejada por intereses de distinta índole, en donde el concepto de democracia es tan sólo parte del aparato ideológico del Estado, en donde se nos hace creer que nuestra voluntad está resumida en las decisiones de nuestros representantes. Llevado a un caso más radical, encontraríamos el viejo absolutismo europeo enmarcado en la figura de un rey o un emperador, el no tan viejo fascismo a finales de la primera mitad del Siglo XX o el modelo militar impuesto en las dictaduras latinoamericanas en la década de los 60’s y 70’s.

La democracia para Mafalda

En esta ocasión busco centrarme en el fascismo europeo que aunado a otros factores, orilló al estallido de la Segunda Guerra Mundial, sin embargo para esto quiero hacer referencia a una obra cinematográfica de Charles Chaplin: El Gran Dictador. Escrita, dirigida y producida por el propio Chaplin, fue estrenada en el año de 1940, año en el cual la figura de Hitler comenzaba a tomar más protagonismo que nunca en Europa y ésta comenzaba a ceder ante el yugo nazi.

Charles Chaplin en El Gran Dictador. Fuente: Wikimedia Commons

Presentando una excelente sátira principalmente al nazismo y al nacionalismo exacerbado proclamado por éste, Chaplin describe por medio de su característico humor las condiciones bajo las cuales Hitler regía en Alemania. Por mencionar algunas situaciones, se encuentra por ejemplo, su enjundia durante los discursos, sus característicos actos de rabia causados por la frustración, la discriminación hacía la raza judía que se volvió ley, la exacerbación de la supuesta superioridad aria como mito nacional, el envío de opositores al régimen a campos de concentración, la relación con otros “dictadores hermanos” y el asunto de la guerra y conquista bajo la perspectiva fascista.

A la par que el director nos muestra la realidad del fascista en el poder, nos detalla también la condición de vida de un barbero judío cuyo parecido con el dictador es impresionante y que más tarde terminaría por darle un giro a la historia. Aquí se presenta más que la condición de la vida judía bajo las leyes nazis, se presenta la de la sociedad civil aparentemente impotente ante el uso de “tropas de asalto” del Estado, aparatos represivos a final de cuentas. Observamos la sumisión total de la voluntad del pueblo ante un pequeño grupo de personas que deciden el rumbo de la nación bajo pensamientos como “al menos no estamos tan mal” o “podríamos estar peor” (Cualquier coincidencia con la realidad es mera coincidencia) y la reducción de su praxis a su propia cotidianidad. Del mismo modo, se nota un pequeño chispazo de lo que parecería ser un acto de valor y resistencia ante la opresión que se ve esfumado ante la resignación bajo el pensamiento de conformismo que lleva a argumentos como “ese no es nuestro papel, él nuestro está en nuestra casa, con nuestras familias”.

¿Democracia o manipulación?

¿Democracia o manipulación?

Ficción o no. Cinematografía o realidad. Chaplin nos presenta en menos de dos horas una situación que se avecinaba en los años posteriores al estreno de la película pero que incluso hoy mantiene su vigencia, no sólo como parte de la reserva cultural o material didáctico para la clase de historia sino como la explicación de una realidad que aún vivimos. ¿Vivimos en un sistema fascista? Esa no es la verdadera pregunta. ¿Vivimos en una democracia? Para contestar tal pregunta, que mejor que dejarlos con el discurso final emitido por el barbero judío que es confundido con el dictador ocupando su lugar al final de la película, dándole un inesperado giro a la “ideología” del sistema. A partir de tal discurso cada uno de nosotros podrá responder a la pregunta anterior.

Gran parte de la esencia de la película reside en el discurso final de Chaplin, sin embargo para entenderlo bajo un mejor contexto es necesario ver el resto de la película. Por ello, en esta ocasión me permito exhortarlos a no perderse de esta importante obra de Chaplin y que sean ustedes quienes emitan su opinión final.

Nemo el Capitán.

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El Cafetín de las 5

Revista cultural con sede en la Ciudad de México. 25 de abril 2011
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