Día de Muertos, más que una fiesta –una tradición.

Espero que estén teniendo un bonito fin de semana, que hayan ido a algún Halloween y que no les haya dado problema el horario de verano (se retrasa una hora a partir de hoy Domingo 30 de Octubre). El día de hoy me gustaría comentar acerca del Día de Muertos, que en lo personal, es mi tradición mexicana favorita.

Como lo dice el título del post, el Día de Muertos va más allá de un festejo y de una ofrenda, el día de Muertos es una tradición prehispánica, que gracias al sincretismo de nuestra cultura, ha podido sobrevivir a la conquista española y a las tradiciones católicas. ¿Y cómo logró sobrevivir? Modificando la fecha para que se celebrara el mismo día que “Día de Los Fieles Difuntos” y de “Todos Los Santos”. Y aunque lo que sabemos en general sobre esta tradición es correcto, creo que es importante también conocer el trasfondo histórico de nuestra más iconográfica festividad.

El festival que se convirtió en el Día de Muertos se conmemoraba el noveno mes del calendario solar mexica, cerca del inicio de agosto, y se celebraba durante un mes completo. Las festividades eran presididas por la diosa Mictecacíhuatl, conocida como la “Dama de la Muerte” y esposa de Mictlantecuhtli, Señor de la tierra de los muertos. Las festividades eran dedicadas a la celebración de los niños y las vidas de parientes fallecidos.

Existen registros de estas celebraciones en las culturas mexica, maya, purépecha y totonaca. En la era prehispánica era común la práctica de conservar los cráneos como trofeos y mostrarlos durante los rituales que simbolizaban la muerte y el renacimiento, la muerte no tenía las connotaciones morales de la religión católica, en la que las ideas de infierno y paraíso sirven para castigar o premiar. Por el contrario, ellos creían que los rumbos destinados a las almas de los muertos estaban determinados por el tipo de muerte que habían tenido, y no por su comportamiento en la vida.

De esta forma, las direcciones que podrían tomar los muertos son:

El Tlalocan o paraíso de Tláloc, dios de la lluvia. A este sitio se dirigían aquellos que morían en circunstancias relacionadas con el agua: los ahogados, los que morían por efecto de un rayo, los que morían por enfermedades como la gota o la hidropesía, la sarna o las bubas, así como también los niños sacrificados al dios. El Tlalocan era un lugar de reposo y de abundancia. Aunque los muertos generalmente se incineraban, los predestinados a Tláloc se enterraban, como las semillas, para germinar.

Tlalocan

El Omeyocan, paraíso del sol, presidido por Huitzilopochtli, el dios de la guerra. A este lugar llegaban sólo los muertos en combate, los cautivos que se sacrificaban y las mujeres que morían en el parto. Estas mujeres eran comparadas a los guerreros, ya que habían librado una gran batalla (la de parir), y se les enterraba en el patio del palacio, para que acompañaran al sol desde el cenit hasta su ocultamiento por el poniente. Su muerte provocaba tristeza y también alegría, ya que, gracias a su valentía, el sol las llevaba como compañeras. Dentro de la escala mesoamericana de valores, habitar el Omeyocan era un privilegio.

El Omeyocan era un lugar de gozo permanente, en el que se festejaba al sol y se le acompañaba con música, cantos y bailes. Los muertos que iban al Omeyocan, después de cuatro años, volvían al mundo, convertidos en aves de plumas multicolores y hermosas. Morir en la guerra era considerada como la mejor de las muertes por los mexicas. Para ellos, a diferencia de otras culturas, dentro de la muerte había un sentimiento de esperanza, pues ella ofrecía la posibilidad de acompañar al sol en su diario nacimiento y trascender convertido en pájaro.

En el Códice Boturini o “Tira de la Peregrinación”, documento histórico, elaborado en escritura pictográfica Nahuatl, se encuentra una lámina que describe un pasaje, donde cuatro personajes llamados teomamah, ‘cargadores de difuntos’ llevan a cuestas en sendos bultos mortuorios, uno de los cuales corresponde al difunto Huitzilopochtli

El Mictlán, destinado a quienes morían de muerte natural. Este lugar era habitado por Mictlantecuhtli y Mictecacíhuatl, señor y señora de la muerte. Era un sitio muy oscuro, sin ventanas, del que ya no era posible salir.

El camino para llegar al Mictlán era muy tortuoso y difícil, pues para llegar a él las almas debían transitar por distintos lugares durante cuatro años. Luego de este tiempo, las almas llegaban al Chicunamictlán, lugar donde descansaban o desaparecían las almas de los muertos. Para recorrer este camino, el difunto era enterrado con un perro, el cual le ayudaría a cruzar un río y llegar ante Mictlantecuhtli, a quien debía entregar, como ofrenda, atados de teas y cañas de perfume, algodón (ixcátl), hilos colorados y mantas. Quienes iban al Mictlán recibían, como ofrenda, cuatro flechas y cuatro teas atadas con hilo de algodón.

Mictecacíhuatl, Señora de La Muerte

Por su parte, los niños muertos tenían un lugar especial, llamado Chichihuacuauhco, donde se encontraba un árbol de cuyas ramas goteaba leche, para que se alimentaran. Los niños que llegaban aquí volverían a la tierra cuando se destruyese la raza que la habitaba. De esta forma, de la muerte renacería la vida.

Chichihuacuauhco

Los entierros prehispánicos eran acompañados de ofrendas que contenían dos tipos de objetos: los que, en vida, habían sido utilizados por el muerto, y los que podría necesitar en su tránsito al inframundo. De esta forma, era muy variada la elaboración de objetos funerarios: instrumentos musicales de barro, flautas, timbales y sonajas en forma de calaveras; esculturas que representaban a los dioses mortuorios, cráneos de diversos materiales (piedra, jade, cristal), braseros, incensarios y urnas.

Las fechas en honor a los muertos eran tan importantes que les dedicaban dos meses. Durante el mes llamado Tlaxochimaco se llevaba a cabo la celebración denominada Miccailhuitontli o “Fiesta de Los Muertitos”, alrededor del 16 de julio. Esta fiesta iniciaba cuando se cortaba en el bosque el árbol llamado Xócotl, al cual le quitaban la corteza y le ponían flores para adornarlo. En la celebración participaban todos, y se hacían ofrendas al árbol durante veinte días.

En el décimo mes del calendario se celebraba la Ueymicailhuitl o fiesta de los muertos grandes. Esta celebración se llevaba a cabo alrededor del 5 de agosto, cuando decían que caía el Xócotl. En esta fiesta se realizaban procesiones que concluían con rondas en torno al árbol. Se acostumbraba realizar sacrificios de personas y se hacían grandes comidas. Después, ponían una figura de bledo en la punta del árbol y danzaban, vestidos con plumas preciosas y cascabeles. Al finalizar la fiesta, los jóvenes subían al árbol para quitar la figura, se derribaba el Xócotl y terminaba la celebración. En esta fiesta, la gente acostumbraba colocar altares con ofrendas para recordar a sus muertos, lo que es el antecedente del actual altar de muertos.

De este altar, se conservaron elementos iconográficos de los cuáles me gustaría hablar hasta la próxima semana, por tres razones: 1) Es un tema bastante amplio. 2) Como les dije, esta celebración me gusta mucho, así que quiero visitar las Islas en la UNAM, Coyoacán, Museos, Escuelas… y compartir con ustedes las fotos. 3) También me gustaría invitarlos a que nos manden fotos de sus altares para publicarlas con el resto de las fotos.

No dejen de visitar las ofrendas que hay por toda la Ciudad, incluso fuera (Como las que hay en Mixquic) y ya sea que crean o no en esta festividad, patrimonio de la Humanidad desde el 2003, disfruten de un rico Pan de Muerto acompañado por un chocolatito caliente (Según la tradición prehispánica, se tomaba chocolate preparado con el agua que usaba un difunto para bañarse, de manera que se impregnaban de la esencia del difunto). Espero que se la pasen muy bien en estas fechas, y como dijo la UNESCO: “…aunque la tradición no está formalmente amenazada, su dimensión estética y cultural debe preservarse del creciente número de expresiones no indígenas y de carácter comercial que tienden afectar su contenido inmaterial.”

No confundan Halloween con Día de Muertos (¡porfavor!), tal como diría un spot publicitario: “Ayuden a preservar lo que es nuestro”. Que tengan un excelente inicio de semana y de mes. Recuerden, si quieren mandar sus fotos pueden hacerlo a mi mail : edmy.abrakadabra@gmail.com ó a: elcafetindelas5@hotmail.com

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El Cafetín de las 5

Revista cultural con sede en la Ciudad de México. 25 de abril 2011
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