Una obra negra llamada Latinoamérica

“Los arquitectos no inventan nada, solo transforman la realidad”     

Álvaro Siza

-Manual de construcción de identidad-

Podríamos preguntarnos: ¿Qué es lo que necesitan los seres humanos para dar por bueno el orden universal? Luego, si zarpáramos en la búsqueda de una respuesta, de inmediato encontraríamos conclusiones como la de Platón que cree que la felicidad individual radica en la esencia misma de las cosas, es decir, en lo que está más allá de la ilusión que nos ofrecen los sentidos; sin embargo, de seguir buscando, llegaríamos a puertos más excéntricos, como los ideales orientales  donde  aseguran que el desapego y la eliminación total del deseo nos librará de todo sufrimiento y sólo quedará espacio para el flujo de una armoniosa y permanente felicidad; y así, de puerto en puerto, encontraríamos cientos de definiciones tan distintas como variadas en las que una colección de cien libros no bastaría para expresarlas todas. Empero, en esta ocasión será en las aguas antillanas que buscaremos la respuesta, en La Habana y en compañía del fundador del Partido Revolucionario Cubano: José Martí.

Fue hace más de cien años que, en la Revista Ilustrada de Nueva York, se publicó un ensayo titulado “Nuestra América”, en el cual, con profunda pasión y elocuencia, Martí hacía un llamado a lo que queda de aldea en nuestro continente, pedía que como hermanos nos tendiéramos la mano para hacer un frente sólido; él no dudaba que la solución estaba en la unión, en apretar filas y ser tan unidos como lo es la plata en las raíces de los Andes.

Con fines prácticos (¿y por qué no? también creativos e innovadores), he decidido hacer una breve alegoría de lo que Martí expresó en dicha obra, pero de una manera sistematizada, con pasos y métodos; llamémosle: manual práctico de construcción de identidad, a la usanza de los arquitectos. De antemano me disculpo con los estrictos y los doctos en la labor arquitectónica, pues mis analogías podrán incomodar a más de uno. Si cabe usted en uno de los rubros antes mencionados, sírvase de cerrar este ensayo y volver al automático en su vida; en caso contrario, comparta conmigo unos minutos a imaginar un paraje utópico, si no le teme a las alturas, atrévase a imaginarse en una silla presidencial donde está deslizando sus ojos por las líneas del proyecto internacional en el que irá a encumbrarse para hacer realidad el sueño de Martí, pues, sin temor a equivocarme, es hora de quitarle los listones de “obra negra” a nuestras repúblicas dolorosas de América.

Basándonos en “Nuestra América”, deducimos que para la formación de una identidad que haga poderosa una nación, región, continente e incluso -rayando en la utopía- humanidad, se necesita entender que no hay odio entre razas, porque no hay razas. Además, para imaginar el proceso que habrá de llevarse para lograrlo, propongo como analogía la construcción de una casa, no sin antes aclarar que no estoy de acuerdo con Martí en el llamado que hace a deshacernos de los sietemesinos pues, aquellos que no creen, deben ser “jalados” por aquellos que sí, el empoderamiento vendrá después, pues es únicamente por ignorancia que no creen y cuando nuestra fe llegue a su punto crítico, es que los insectos dañinos se añadirán al proyecto; en dicho momento su incredulidad (basada en la ignorancia y el remanente de amargas experiencias) será arrollada por los resultados percibidos en la razón y la emoción. Como única posibilidad de discriminar a los desalineados, acepto que sería temporal dicha exclusión, pues mientras sean débiles los cimientos del proyecto (formación de identidad) es mejor no involucrarlos pues, pueden hacer que los menos motivados pierdan el ánimo. Hecha dicha aclaración, cedo la atención a la anunciada alegoría.

-Cuando se tenga la intención de construir algún predio o comercio, se revisarán los fondos que uno posee y será conveniente la búsqueda de socios que, por las características en común, pueden estar interesados en la construcción del mismo. No debemos olvidar que de no hacerlo, corremos el riesgo de que alguien más lo haga y nuestra idea pierda  impacto, por tanto podamos ser arrasados.

Similar a los tratados y demás negociaciones entre países logrando sinergia para la formación de una identidad más allá de la nacional, de no ser así, estaremos expuestos a los zarpazos del tigre que echa llamas por los ojos, por ello hay que ser hombres reales que le pongan las zarpas al aire.

-Se deberá evaluar el terreno sobre el cual se construirá y qué tipo de edificaciones han tenido lugar en dicho espacio para estar seguros de que es viable la elaboración del proyecto, esto lo sabrá el antiguo habitante o los vecinos.

Revisión sobre el pasado de los países, los orígenes de los problemas que le acontecen pues, aunque éramos una visión, el hombre natural ha despertado y, ya despierto, gobernará en su propia Grecia. 

Los planos del inmueble deberán ser diseñados por los mejores arquitectos especializados en ese tipo de índole, que a su vez, establecerán los materiales que se ocuparán de dar tesón a los pilares, vigas, arcos y columnas de la construcción.

El contenido del discurso legitimador, hecho por pensadores, escritores, sabios, estudiosos, intelectuales de toda índole y estrato social, y en nuestro caso, provenientes de los países americanos, que buscará hacer de las manos de los indios una sola, bien podría ser similar a los ideales de ‘raza de bronce’ o el ya utilizado en México ‘nacionalismo revolucionario’ (Macario Schettino), con la diferencia de que el discurso será el pensamiento de un hombre natural y no la adaptación de algo hecho en París o en Madrid. “La solución a los problemas de América no está fuera de sus fronteras” (José F. Santillán).

-Cuando se hayan terminado los planos, los arquitectos se los explicarán y darán copia de los mismos a los ‘maestros de obra’ que participarán activamente en el desarrollo de la construcción.

Creación de un nuevo canon, la literatura que se dará en las escuelas por los maestros también será inculcada por los medios de difusión masiva para hacer despertar a los mestizos autóctonos.

Conforme la obra vaya tomando forma se llevará un registro de avances acompañado de un calendario que estipule cómo y cuando se revisará el progreso.

Loscerebros de la planeaciónpara la formación de una identidad latinoamericana solida habrán de valerse de un sistema que demuestre que se está logrando la generación de pertenencia.

-Cuando la obra esté casi terminada, se revestirá de pintura y se tendrá especial cuidado a las paredes que cubren la estructura y, como valor agregado, se tendrá una prestigiosa imagen ante la competencia, pues de ser exitosa, será un orgullo ser vinculado con dicho trabajo.

Es de vital importancia notar que, aunque “no todos metieron las manos”, para que la obra sea exitosa  se necesitó que todos colaboraran (a su forma y en la medida que les es posible), ya que de otra manera la obra tendría deficiencias; por tanto sería una insensatez decir que un obrero es menos importante que el arquitecto o en inversionista pues, o se tiene una casa terminada, o no. Con sólido argumento fundo que, como en una construcción, de haber omitido hasta al que puso el tornillo más pequeño, la obra estaría incompleta. También recordemos que, como diría nuestro autor: Trincheras de ideas valen más que trincheras de piedra.

*Nota: Conviene sobremanera darle casco y overol también a los jóvenes pues aunque no tengan maña en la construcción, son fuertes para cargar y fáciles de motivar.

En este punto, encuentro muchas ventajas al añadir a los jóvenes, pues dada su motivación e ímpetu, sin duda, constituirán un ejemplo vivo del hombre natural  para las futuras generaciones. Además, en su intención de quererse comer el mundo, serán de gran ayuda en el trabajo de difusión y dotarán de pasión y entrega el propósito; también serán orgullosos e incansables defensores de una identidad, ya no tanto como nativos de un país, sino como hombres libres y conscientes, hombres de una patria regional y, llevado a su máxima expresión: una patria universal; lo que sin duda Martí quiso resumir al definir al hombre natural, capaz de soportar el pisotón de un gigante que lleve siete leguas en la bota, que, -con todo y sus garras de terciopelo– no puede cruzar el fortalecido bosque de filas cerradas, donde cada árbol es imprescindible para que germine la semilla de los nuevos ciudadanos, la semilla de la América nueva.

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El Cafetín de las 5

Revista cultural con sede en la Ciudad de México. 25 de abril 2011
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