Decreto para una vida responsable. 1ra parte

“Somos lo que hacemos repetidamente

Aristóteles

Saludos querido lector, antes que nada, agradezco la inversión de tiempo que haces en mi ensayo, a sabiendas de esto y a cambio de tu tiempo, me comprometo a darte lo mejor que tengo, el mío.

Sin más rollo introductorio, quiero dejarte con un conjunto de reglas (o como lo menciono en el título, un decreto) que pretende dar una pista de algunas razones que si bien, no podemos afirmar que sean verdad, convienen en una realidad práctica, por ello, pido indulgencia y tolerancia a aquellos que disientan a mi opinión y les doy mi palabra de que leyendo las siguientes creencias, cuando menos, podrán salir más fácil de algún periodo de letargo dentro de su vida, sea cual sea el ámbito.

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F. Nietzsche

Comienzo explicándote lector, que la semilla que inspiró en mí la idea de escribir estas creencias personales fue la última página de El Anticristo; en aquella obra de Nietzsche, se expresa (al terminar su crítica sobre los incongruentes pilares del cristianismo) que hace falta fundar nuevas bases que permitan la germinación de una sociedad perfecta (un ejemplo extrapolado fue la campaña de Hitler en Alemania). Después de haber leído y digerido el libro de ese loco ya mencionado, me dispuse a imaginar cuáles serían mis reglas, bases o creencias que, desde mi óptica, podría dar paso a una sociedad donde exista el Übermensch.

Inicio dando la premisa de que, desde mi punto de vista (que bien podrías catalogarlo como pragmático) poco importa si son “verdades“ o  creencias las que expresaré, pues en la práctica muchas cosas se toman por verdad, para luego, descubrir que fueron sólo creencias que sirvieron para el desarrollo personal (a nivel individual) o para el progreso (a nivel social). Un ejemplo que uso siempre para explicarlo es: Partiendo de la suposición de que tú crees en Dios (o no en Dios, pero crees en algo) y que ésta creencia, te ha servido para crecer como individuo, para usarlo de ejemplo, para “portarte bien”, para encontrar un motivo o simplemente para justificar lo que te sucede, entonces ¿qué pasaría si yo llegara hoy y te demostrara con pruebas contundentes que Dios (o en lo que creas) jamás existió?, Me pregunto ¿se te vendría el mundo abajo? O ¿continuarías siendo quien eres? Yo digo que más bien nada cambiaría…en la mayoría de los casos.

Esto nos lleva a la conclusión de que aquella creencia (no comprobable científicamente) ha sido útil para la formación de una identidad y para darle un sentido a tu movimiento, para atarnos al mundo, en otras palabras, has usado un molde genérico (que no podemos comprobar su existencia) para construir sobre él, y ahora que tienes toda una estructura sólida (personalidad, pasado, valores, expectativas) poco importa si el primer ladrillo era de cemento o estaba hueco, la casa es la misma y ella sí es sólida.

Ahora, y para cerrar esta primera entrega del decreto, imaginemos que tú quieres ser un genio, la historia nos enseña que de todas las personas que se han considerado geniales, sólo en un puñado de estos se ha podido comprobar que tenían características morfológicas notables que les dieron alguna ventaja evolutiva en contraste con el resto de las personas, así que -a menos que queramos esperar a nuestra muerte para que alguien abra nuestro cerebro y demuestre si tenemos o no características físicas que nos diferencian del resto- demos por hecho que no las tenemos y avoquémonos a pensar: ¿Qué fue lo que determinó que sobresalieran aquellos personajes arquetípicos (pero normales) en el ámbito de nuestra preferencia?…Veremos que fue la creencia de que eran capaces de sobresalir, al convencerse de que podían ser (por ejemplo) un genio, comenzaron a comportarse como ellos creyeron que un genio debería comportarse, despertaban creyendo que lo eran, desayunaban lo que un genio desayunaría, se enojaban de las cosas que según ellos un genio debería enojarse, etc…, en suma, fortalecieron dentro de sus redes neuronales una creencia muy fuerte de que ellos eran genios, que al fin y al cabo definió quienes eran y después de repetir dichas conductas y hábitos, los demás les compraron la idea y los empezaron a ver como genios, pues parecían genios e incluso olían como genios y al final, para no ser incongruente con el personaje que crearon de sí mismos, tenían los resultados que un genio tendría… por todo eso, yo no me atrevería a decir que no fueron genios.

Concluimos esta entrada destacando que su proceso de consolidación fue: generar confianza de que podrían ser lo que querían. Comenzar a generar credibilidad ante sí mismos actuando arquetípicamente (como ellos creen que se comportaría alguien, que ya es como ellos desearían ser).

  1. Aproximación de lo entendido como red neuronal

Este paso tiene un trasfondo psicológico pues los actos repetitivos conocidos como hábitos generan una actividad cerebral en un punto específico del encéfalo que, con el tiempo (y cual músculo), se ejercita y se hace fuerte; por ello, es en mi opinión el punto más importante pues, al hacer un acto concreto (lavarse los dientes, por ejemplo) repetidas veces, convence al individuo que él es alguien que hace eso regularmente y no hacerlo iría en contra de quien es.

Ya con una creencia fortalecida ante sí mismo (red neuronal ejercitada), comenzará a convencer a la gente de que él es, sin duda alguna, eso que pregona (credibilidad) y además esto es muy conveniente para el individuo, pues la expectativa social que se tiene del sujeto en cuestión puede ayudar u obstaculizar la construcción del personaje arquetípico (Principio de la reputación: “dale a alguien una buena reputación y se interesará en mantenerla”).

En el mejor de los casos, para este punto el individuo tendrá ya la creencia de que merece lo que desea, la sociedad (convencida del personaje que se formó) se alineará a su deseo y le ayudará a obtenerlo.

Al final, tendremos un individuo íntegro, algo así como el Übermensch, con la diferencia de que éste no cree que Dios no exista, sino más bien, qué él se sirve en función de la existencia de su propio Dios, es decir, es diseñador y constructor de su magna obra, su vida.

Honestamente, Davilowsky

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Comments

  1. Interesante punto de vista mi estimado. Creo personalmente que hay muchas cosas que dependen de uno al formar una personalidad y una imagen, sin embargo, debo decir que no todo esta en nuestras manos para crear la imagen que deseamos, pues para hacerlo tendríamos que empesar de cero jajajajaja de lo contrario nuestras vivencias pasadas y los recuerdos de los demás de lo que “somos” afectarían esa imagen. A su vez quisiera recordar el hecho de que somos 4 cosas: lo que nosotros creemos que somos, lo que los demás piensan que somos, lo que nosotros pensamos que los otros piensan que somos y finalmente lo que realmente somos. 🙂

    Creo también que lo que dices es muy similar a la idea original de Nietzsche, pues el consideraba que para llegar al Ubermensch había que ser verdaderamente consciente de nuestras acciones, dejar de ponerle peso a nuestras decisiones a deidades o suerte y ser realmente los arquitectos de nuestras vidas 😉

    Por otro lado si un mercadologo o un asesor de imagen te dirán: debes proyectar lo que deseas que los demas vean en ti. Y ademas uno bueno y realmente estudiado te dirá esta imagen debe ser congruente con tus mejores aptitudes y características para darle la fortaleza y la trascendencia suficiente para mantener esta imagen a lo largo del time jajajajaj
    Por cierto soy economista 😉
    ya me voy a estudiar jajajajajaj

    • Davilowsky says:

      De inicio, agradezco el tiempo que te tomaste para leer el ensayo, analizarlo y comentar, sin duda son ustedes los lectores los que hacen que el texto cobre vida; tomaré tus observaciones en cuenta para la redacción de la segunda parte. Te animo a que no te pierdas la entrega del próximo viernes donde -te adelanto- hablaré sobre las diferencias comparativas entre el Ubermensch de Nietzsche(que personalmente lo interpreto como un hedonista o vitáfilo=”el que ama la vida”) y el ser consciente que yo propongo en mi dectreto es más bien (si tuviéramos que ponerle un nombre) un filántropo(φιλάνθρωπος) “el que ama a los humanos”.
      Tal vez te suene un poco separado del tema esto que te comento, pero verás que toda duda se esclarecerá en la segunda parte. Sin más, gracias.

      Honestamente, Davilowsky.

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El Cafetín de las 5

Revista cultural con sede en la Ciudad de México. 25 de abril 2011
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