Los indignados delegacionales (Parte 1)

Me indigna la jerarquización de las personas (todos somos iguales), me indigna el maltrato a la naturaleza, me indigna el oportunismo, me indigna la censura, me indigna la apatía, me indignan las televisoras de nuestro país

Indignado anónimo de la Acampada Sur

También hay indignados en la Ciudad de México. Andan desperdigados y son mucho menos famosos que sus contrapartes españolas, inglesas o norteamericanas. No sólo menos famosos: menos publicitados, menos atendidos por la prensa y los medios y menos, muchos menos, en cantidad. Algunos aventureros decidieron hace algunas semanas ya, el establecer un campamento nómada en la Plaza Hidalgo, en el centro de Coyoacán (“junto al quiosco” dicen ellos), donde los flanquean dos símbolos que resultan irónicos: la iglesia a un lado y al otro, las oficinas del jefe delegacional de la demarcación. A este movimiento le llamaron Acampada Sur, la cual invariablemente está inspirada en la ibérica que le diera la vuelta al mundo.

Logotipo oficial de la Acampada Sur

No es la primera vez que en nuestro país se agrupan los mexicanos para acampar en espacios públicos. Hace ya varios meses, un grupo de jóvenes se armó de hashtags y cobertores para acampar frente al Congreso de la Unión, exigiendo una #ReformaPolíticaYa. Comandados por Gonzalo Ibarra (@YONOFUI), los reformistas buscaban meterle presión a los diputados para que abandonaran la comodidad de su congeladora de iniciativas y dedicaran sus esfuerzos a aprobar las reformas que el país, a decir de ellos, necesita urgentemente. El movimiento generó cierto impacto en los medios, y la presencia in situ de los acampados llevó al Congreso mexicano a invitar a Ibarra y a un grupo de representantes a una discusión en el pleno. Pasaron así de las casas de campaña al plano activo de la política en nuestro país. A través de los meses, diversas agrupaciones de la sociedad civil, así como organizaciones no gubernamentales y activistas políticos se han sumado y compaginado esfuerzos con los del movimiento.

Fue sin embargo el 15 de octubre el día que los miles de indignados alrededor del mundo decidieron tomar las calles y organizarse en sus ciudades respectivas para ocupar los espacios públicos en aras de la atención mundial a sus demandas, un llamado a la conciencia cívica y democrática de sus sociedades y del orbe. Hubo protestas en Madrid, ese epicentro de indignación mundial, pero también en Londres, Berlín y disturbios en Roma. De este lado del Atlántico, México, Estados Unidos, Argentina y otras tantas naciones aportaron su grano de indignación a ese reloj de arena imparable. En nuestro país, quienes protestaban se congregaron alrededor del Monumento a la Revolución. No pasaban de 300 personas, pero hablaban por miles.

A partir de ahí, y debido a la monstruosa magnitud de la Ciudad de México (a quien le indigne el tráfico, siéntase aludido) que se crearon dos frentes, por así llamarlos, de indignación en la antigua Tenochtitlán. Por un lado, están aquellos que acampan frente a la Bolsa Mexicana de Valores y por el otro, del lado sur, los que “ocupan” Coyoacán. Mientras que los primeros han denunciado a las patrullas y policía de la Ciudad de México por un constante acoso psicológico (en las noches, dicen, los policías les “echan las altas” o prenden sus torretas frente a las casas de campaña, impidiéndoles dormir) con los segundos sucedió algo mucho más curioso.

El primer día que se presentaron en la Plaza Hidalgo para extenderle a México su indignación, un empleado de la oficina del Delegado salió amablemente a pedirles que se apuntaran en una lista de las manifestaciones registradas para ese mes en Coyoacán. Sin afán alguno de mostrarse surrealista, el burócrata  sin embargo les comentó que existía en la delegación una política muy clara sobre el cómo, cuándo y dónde pueden proceder las marchas, protestas o arengas populares de inconformidad. Los indignados desestimaron dicha sugerencia, y en cambio le pidieron una extensión eléctrica para poder conectar sus computadoras y demás aparatos. Renuente al principio, el burócrata terminó cediendo para así completar una escena inesperada: la luz con la que viven los indignados de Coyoacán está facturada a nombre de la misma delegación.

Hoy, un mes después de sus primeras pernoctadas, los indignados de Coyoacán no llegan a las 10 casas de campaña y sin embargo atraen las miradas de más de un curioso que detiene la mordida a su elote para escuchar lo que un joven declara desde su micrófono y amplificador casero. Su movimiento ya cuenta con un perfil en Facebook, una cuenta en Twitter (@AcampadaSur) y un blog (http://acampadasur.wordpress.com/) donde detallan no sólo sus actividades sino sus propuestas, convocatorias y hasta manifiesto.

Pero eso será, en la siguiente entrega…

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El Cafetín de las 5

Revista cultural con sede en la Ciudad de México. 25 de abril 2011
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