Decreto para una vida responsable. 2da parte

“Nadie puede hacer el bien en un espacio de su vida mientras hace daño en otro. La vida es un todo indivisible.

Mahatma Gandhi

Hola querido cibernauta, antes de que te inmiscuyas por completo en el contenido de las líneas ulteriores, quiero hacer hincapié en que esto que lees es la segunda parte de un breve ensayo, por tanto, si quieres entender con claridad el motivo y la intención del mismo, sugiero le eches un vistazo a la primera entrega. Si ya lo has hecho, aquí tienes.

Como recordarás, en el primer escrito se detalla la importancia del fortalecimiento de una creencia determinada para asegurar la obtención de resultados mediante el convencimiento de uno mismo respecto a una imagen arquetípica. Ahora bien, ya que he decidido mostrar una serie de reglas que yo propondría para la formación de una sociedad que sea la mejor versión de sí misma, te diré un ejemplo concreto que, si te atreves a imaginar un poco, en su trasfondo sería la llave para generar identidad, crearía un sentido humano, implantaría en los practicantes una inclinación por la filantropía y “quien quita” tal vez sea verdad ( tomando en cuenta que una verdad es una creencia comprobada y fortalecida por la acción frecuente) propongo usemos los tipos orientales en los que yo mismo siento mi sistema de toma de decisiones.

Para que sea más fácil de entender, usemos una de mis analogías:

Analogía “Alberca de pelotas”

Imaginemos una alberca de pelotas (sí, como aquellas en las que te metías a jugar cuando eras niño/a), con la única diferencia de que esta alberca, en su base tiene pequeños orificios y debajo de estos hay un jardín fértil con la necesidad de recibir agua para su florecimiento; ahora, en esa alberca hay muchas pelotas de diversas texturas, tamaños y colores, cabe mencionar que todas las pelotas son de plástico y también todas están rellenas de agua, pero sólo pocas contienen alguna semilla, así que, por más juntas que estén, el agua que hay dentro de ellas no se toca. (No debemos olvidar que, de vez en vez, alguna se llega a reventar y su agua toca alguna zona del jardín donde eventualmente florece algún bello ejemplar). Siguiendo con la analogía, lo mejor que le podría pasar al jardín para llegar a su cenit en lo que respecta al florecimiento es que se rompiera el plástico de las pelotas y el agua que contienen se hiciera un todo para nutrir al fértil terreno y florezcan las semillas mencionadas.

Ahora, sólo resta aclarar que esa alberca es la humanidad. Esas pelotas somos los seres humanos y nuestro plástico se llama ego mientras que nuestra esencia es representada por el agua. El jardín fértil es nuestro mundo y sus posibilidades de progreso son la variedad de flores que podrían darse a partir de las semillas integradas en algunas pelotitas (ideas).

A partir del entendimiento de esto, es posible hacer una revisión a nuestra manera de observar al mundo pues, se sabe que NUESTRA realidad no es LA realidad, sino la subjetiva interpretación que hacemos por medio de los sentidos de aquello con lo que percibimos, es otras palabras, todo lo que creemos ver, ser, pensar o sentir es un resultado de meter un objeto (hecho neutro) por nuestro filtro personalizado (expectativas, valores, miedos, creencias y recuerdos) así que si nos convencemos de que nuestra cosmovisión NO es universal, sino parcial y relativa (pero imprescindible) notaremos que tan válida es la verdad de otro como la nuestra, y justo eso es lo que tenemos en común.

Regresando un poco a la analogía de la alberca de pelotas, es bueno pensar que esa agua es justamente el amor, dios, o aquello en lo que creamos que está detrás de la existencia humana y resulta entonces que nosotros sólo somos los vehículos para el flujo del mismo (ya sea del amor o de dios).

Para dar más argumentos que legitimen la creencia de la analogía, pensemos en ¿cuál es el problema que se suscita en las relaciones amorosas occidentales tradicionales? Después de pensarlo, veremos que es que fingimos el amor, nos queremos convencer que somos tan capaces de “amar” como cualquier ser humano que simulamos las etapas y las conductas que determinar el amor romántico que sin duda, al final deparará en un hastío producto del continuo sostenimiento de un personaje ficticio e irreal.

¿Qué quiere decir esto?

Que todo el tiempo estamos buscando relacionarnos por una necesidad esencial (el agua contenida en las pelotas) pero lo buscamos a través de nuestro ego ( el plástico que nos recubre) por tanto, así tengamos un acercamiento físico a otra persona –que también está usando el ego para intentar satisfacer a su esencia- lo que haremos simbólicamente es: frotar con mucha fuerza las pelotas de plástico pero no logrando que el agua contenida en ellas se toque es decir, que la esencia de dos individuos dados entre en contacto y se fundan en una sola esencia humana – lo que yo sí entiendo por amor-.

En fin, creo que ha quedado claro mi ejemplo de las pelotas y resumo diciendo que:

La segunda regla imprescindible para una vida responsable es entender la interdependencia que -con simplemente ser seres humanos- ya compartimos, por tanto, si yo ensucio el agua de alguien más, realmente estoy ensuciando el agua de todos, incluyendo la mía.

Esto es todo por esta vez, espero haya sido de tu agrado.

Honestamente, Davilowsky

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Comments

  1. un gustaso leer a un conocído. Sigue adelante!

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El Cafetín de las 5

Revista cultural con sede en la Ciudad de México. 25 de abril 2011
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