Confesiones. Por un joven novelista

“Es la confesión, y no el sacerdote, quien da la absolución”

Oscar Wilde

Lector, seguro alguna vez has escuchado a alguien decir: “¿A poco diciendo dos aves marías y un padre nuestro el asesino revive al que mató?”, si sí, este ensayo puede interesarte.

Pero antes, sé que las siguientes líneas pueden interesarte o no, imagino además que la causa de que me estés leyendo es porque, debido a tu característica afición por navegar en sitios “indie”, has naufragado en el lugar mismo donde se anidan mis reflexiones… así que, ya sea por accidente, recomendación o predisposición inconsciente, a continuación, te comparto una de ellas.

Confesionario

“Ego te absolvo a peccatis tuis in nomine Patris, et Filii, et Spiritus Sancti”, recita la famosa frase tan propia del catolicismo al final de cada confesión, pero más allá de una revisión protocolaria (cual si fuéramos inspectores de calidad), debemos pensar en el porqué de la confesión.

Pongamos las cartas en la mesa: Los sistemas religiosos occidentales -mejor ejemplificados por el cristianismo y el catolicismo- tienen sus propios métodos de “absolución” en donde, desde los orígenes, tienen por fin reivindicar la consciencia del confesado mediante una penitencia.

Con el devenir del tiempo, se ha pensado que la penitencia, posterior al acto que se lleva de rodillas en el confesionario, permite pagar por lo que hicimos y que además Dios, con toda su benevolencia va a perdonarnos… yo no digo que esté mal creer esto, sólo quiero ser crítico y tratar de proponer un propósito más convincente de por qué nos sentimos bien después de confesar algo que creemos está mal (no sólo en el ámbito religioso, sino en cualquier contexto).

Hablemos del pecado más común y que, según estadísticas, todos cometemos diario: mentir.

Utilizando el concepto que he definido en entregas anteriores, podemos inferir que la actividad presente en las redes neuronales nos permite convencernos de que somos buenas personas (desde la óptica social) y eso tiene grandes ventajas pues, si somos buenos nos aceptan, si nos aceptan, es más probable que sobrevivamos (es decir, también hay una ventaja evolutiva en ser observados como buenos); para continuar, otra visión que explica la sensación placentera que experimenta quien dice la verdad es que, al darle una imagen congruente al personaje que ostenta, la vida se hace más fácil y llevadera; mientras que aquel que recurre con frecuencia a las mentiras ha de tener que lograr que su segunda mentira sea congruente con la primera, la tercera con la anterior y así sucesivamente; esto lo hace complicado y genera que nuestro ser actúe siempre en función de la imagen que se creó.

Por último y para retomar la cita que inicia el texto, en el taoísmo se cree que en la Ley del Equilibrio Universal, por tanto, y según el TAO: El castigo lo experimentamos en el mismo momento que pecamos, no después, no en la penitencia, sino el castigo viene incluido al pecar pues nos hacemos pequeños y nos encarcelamos en la invención de un hecho incongruente que no sucedió que tendremos que sostener para mantener nuestra imagen (como verás, nuevamente el ego hace de las suyas).

Finalizo pues diciendo que, no se trata de que nos hagamos santos y dejemos de pecar, esto no es un asunto de dioses y otros mundos en los que arderemos en las llamas consecuencia de nuestros actos, pretendo que nos hagamos consientes y tengamos claro que al mentir o hacer algo que en el inconsciente colectivo se encuentre etiquetado como “malo”, lo único que hacemos es convencernos de que somos esa clase de personas, por consecuencia cada vez será más difícil quitarnos la etiqueta y en un futuro se verá limitado nuestro potencial creador.

Espero no haber sido muy efímero y agradezco tu indulgencia al leer mis reflexiones, sin más y para el descanso de tu retinas, gracias.

Honestamente, Davilowsky.

Anuncios

Comments

  1. Boris Pasternak says:

    La reflexión estimado Davilowsky vale la pena la retina tan sólo parcialmente, siento decirlo.

    Cuando reflexionamos de éste tipo de cosas, siempre es bueno deternse un segundo y tratar de ver la dimnensión que le vamos a dar al tema, mucho más si es moral, o más comprometeder aún, ético.
    En primer lugar, la cuestión del pecado y la penitencia es algo sumamente personal y por ello se atiene a lo que el individuo considere malo. Además de ello, diría cualquier sacerdote existe una cosita, que no implica taoísmo y meterse en más problemas, llamada acto de contricción y creo entender que es donde te gustaría hacer enfásis en un efeméride del quince próximo pasado. La cuestión es qué tanto verdaderamente podemos aprender de la culpabilidad a la que nos invita entender un error moral como pecado. ¿Por qué si simplemente podemos darle la espalda y ver hacia adelante hacemos el esfuerzo de enmendar algo que es irrebersible como el pasado? Bueno, diría yo, porque el hecho subjetivo de la consciencia nos invita a permanecer en una estabilidad de comportamiento que nos aporta una especie de orgullo positivo desde las acciones pasadas a las que le siguen. Finalmente es una justificación de nuestro actuar y es por ello que me parece tan positiva.

    Sin más, mi estimado Danilowsky, me despido cordialmente.

    B. Pasternak

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

El Cafetín de las 5

Revista cultural con sede en la Ciudad de México. 25 de abril 2011
A %d blogueros les gusta esto: