Presto el nombre, comparto el alma. 2da entrega

Hoy, como último post del año, he decidido hacer el experimento comparte una vez más, al que personalmente he nombrado “presto el nombre, comparto el alma”. Este es un cuento que escribió un amigo y que me gustaría compartir con ustedes, sin quitarles más de su ateción con mis palabras, cedo mi espacio a un entrañable ser humano: Adalberto Ortíz.

Cuento del grillo.

Un día con mucho frío un grillo soñó que era un hombre. Abrió los ojos y salió inmediatamente de la cama, miró la mujer muy hermosa que aún dormía, con el pelo suelto, hermosamente. No tenía frío, en cambio sentía una especie de calor húmedo que lo cubría de pies a cabeza, sonrió y se dirigió a ver la televisión. No era la primera vez que soñaba ser de otra especie. Soñaba recurrentemente con que era un gallo, a veces una paloma, algunas más era un perro y con ésta era su segunda vez siendo un hombre. Miraba animado el partido de la mañana cuando justo en el medio tiempo sintió hambre y entonces se dirigió a la cocina. Era extraño caminar en dos pies y sin antenas, se sirvió cereal con leche y regresó al partido. Sabía que el cereal con leche era bueno para los hombres. Y también el futbol. Se rascó la cabeza, y no, nada de antenas. Pensaba que eran preciosas las porristas y sonrió de nuevo.

El mismo día un hombre soñó que era un grillo. De pronto sintió un frío intenso y muy húmedo, escuchó una gran cantidad de grillos que hablaban desde todas partes. Cri-cri-¡qué frio hace!, cri-cri-¡Ya amaneció!, cri-cri-¡Déjame en paz, que siga el juego!, cri-cri-etcétera, cri-cri, cri-cri. Todos los grillos hablaban y cantaban al mismo tiempo, era un verdadero desorden. Veía los pastos altísimos y se movía saltando de un lado a otro. Una extraña felicidad de grillo lo embargaba, lo obligaba a cantar y decir cualquier cosa aunque no tuviera sentido. Cri-cri-¡las nubes!, cri-cri-¡el sol!, cri-cri-¡bla bla bla!, todo era cri-cri-cri, todo era alegría de grillo. De hecho, más que reflexionar en su nueva existencia, recordaba la felicidad de cuando era un niño. Es más, ni se acordaba de la mujer con la que había compartido, como cada noche, la noche anterior.

La noche terminó y ésta vez el amanecer era el real. El hombre se despertó como todas las mañanas, el grillo igual, entre pastos altísimos y un griterío de grillos. Saltando de un lado a otro logró meterse a la casa del hombre, que estaba en el mismo jardín que el grillo. Llegó hasta donde estaba; veía televisión y comía cereal. El chirrido lo delató y ambos de repente se miraron fijamente. El hombre recordó parte de su sueño y volvió a sentir por un instante la alegre libertad de ser grillo. El grillo también recordó parte de su sueño y pensó en la mujer hermosa con la que había dormido… y en las porristas. El grillo se fue… saltando de un lado a otro. El hombre nunca sospechó nada.

Publicado por Davilowsky, fuente: Adalberto Ortíz.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

El Cafetín de las 5

Revista cultural con sede en la Ciudad de México. 25 de abril 2011
A %d blogueros les gusta esto: