Enero 20, 1961: ¿Revolución de esperanzas?

Estamos a unos días de que se cumplan 51 años de que John Fitzgerald Kennedy tomara el poder y pronunciara su famoso discurso, Revolución de esperanzas. En ésta ocasión les presento las palabras que proclamó ese día el presidente de Estados Unidos en Washington D.C., frente a miles de norteamericanos. Estoy perfectamente consciente de que el discurso puede ser extenso, sin embargo los invito a que lo lean, vale mucho la pena y seguramente los hará reflexionar, al final del texto verán a lo que me llevó a mí.

John F. Kennedy hablando para los norteamericanos.

La relación que ha mantenido Estados Unidos con el resto del mundo, a lo largo de la historia ha sido complicada, llena de contradicciones, secretos, conflictos y hasta “campañas heroicas”. El discurso de John F. Kennedy es el perfecto ejemplo de esa extraña relación, Estados Unidos se empeña en salvar al mundo, aun cuando, probablemente a estas alturas, el mundo prefiera no ser “rescatado”, al menos no de esa forma.

“(…) Los clarines vuelven a llamarnos. No es una llamada a empuñar las armas, aunque armas necesitamos; no es una llamada al combate, aunque combate entablemos, sino una llamada a sobrellevar la carga de una larga lucha año tras año, “gozosos en la esperanza, pacientes en la tribulación”: una lucha contra los enemigos comunes del hombre: la tiranía, la pobreza, la enfermedad y la guerra misma.

¿Podremos forjar contra estos enemigos una alianza grande y global al norte y al sur, al este y al oeste que pueda garantizar una vida fructífera a toda la humanidad? ¿Quieren participar en esta histórica empresa?

Sólo a unas cuantas generaciones, en la larga historia del mundo, les ha sido otorgado defender la libertad en su hora de máximo peligro. No rehúyo esta responsabilidad. La acepto con beneplácito. No creo que ninguno de nosotros se cambiaría por ningún otro pueblo ni por ninguna otra generación. La energía, la fe, la devoción que pongamos en esta empresa iluminará a nuestra patria y a todos los que la sirven, y el resplandor de esa llama podrá en verdad iluminar al mundo.

Así pues, compatriotas: pregúntense, no lo que su país puede hacer por ustedes, sino lo que ustedes pueden hacer por su país.

Conciudadanos del mundo: pregúntense no qué pueden hacer por ustedes Estados Unidos de América, sino qué podremos hacer juntos por la libertad del hombre.

Finalmente, ya sean ciudadanos estadounidenses o ciudadanos del mundo, soliciten de nosotros la misma medida de fuerza y sacrificio que hemos de solicitar de ustedes. Con una conciencia tranquila como nuestra única recompensa segura, con la historia como juez supremo de nuestros actos, marchemos al frente de la patria que tanto amamos, invocando su bendición y su ayuda, pero conscientes de que aquí en la tierra la obra de Dios es realmente la que nosotros mismos realicemos”.

Para leer el discurso completo, aquí les dejo un link a una nota de la BBC, también, les comparto un par de videos del evento en vivo.

Al escuchar el discurso, invariablemente surgen las preguntas para los ciudadanos que vivimos fuera de esos 9.826.675 kilómetros cuadrados bajo los que ondea la bandera de las barras y las estrellas, ser ciudadano de Estados Unidos y “del mundo” es completamente diferente. A lo largo de la historia, pareciera que de un lado se forjan “héroes” y del otro están las víctimas, o al menos eso creen ellos. Es preciso aclarar que no tengo nada en contra de aquél país, estoy seguro cuenta con seres humanos admirables, sin embargo, estando de este lado de la historia, es necesario hacer ésta crítica.

Tal como en 1961, en repetidas ocasiones el gobierno de Estados Unidos ha emprendido campañas heroicas para “salvar al mundo”, de las garras de muchos enemigos, llámese fascismo, comunismo, pobreza, desigualdad, etc…, pero ¿quién se los ha pedido? ¿Porqué los gobiernos estadounidenses se empeñan en “liberar a los pueblos del mundo”? Más de uno me responderá con argumentos que involucren intereses ocultos de dicha nación, no me interesan los motivos, me interesa más que dejen de hacerlo.

A John F. Kennedy sólo me restaría decirle que no prometa algo que no va a cumplir y que a estas alturas los ciudadanos del mundo ya no preguntamos qué puede hacer Estados Unidos por nosotros, preguntamos cuándo van a dejar de hacer lo que quieran con el mundo. Han pasado más de 50 años desde aquél discurso y las cosas no han cambiado, todas aquellas promesas que hacen los gobiernos estadounidenses el mundo ya no las cree.

Por: Alberto Vega/ @Betovegaa

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El Cafetín de las 5

Revista cultural con sede en la Ciudad de México. 25 de abril 2011
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