La Carta de Mario a los Reyes

Hola cafetino o cafetina, recibe un abrazo mío. Sí, un abrazo, y no, no es opcional. Yo estoy escribiendo para ti y lo único que pido a cambio es un gesto fraternal que salde la lectura de mis líneas, me parece que un abrazo es lo justo pues para mí es una manera de que tú te encuentres en mí y yo en ti. Te aseguro tenemos mucho en común y las pocas barreras ideológicas limitantes que pueda haber entre nosotros, no tienen lugar donde dos cuerpos se estrechan de manera amistosa, en tal comunión, sólo hay lugar para la esencia genuina de dos seres humanos que son insignificantes en el universo, pero ambos y de manera individual, son irremplazables e imprescindibles para que esté completo el rompecabezas; por eso, te pido recibas este abrazo, virtual, pero sincero.

Los Reyes Magos

Quiero compartirte que el día de hoy me partió el alma una breve historia que mi madre me contó sobre la suya; Ella me dijo, mientras yo conducía, que en la mañana de un seis de enero (como hoy, pero de hace muchos años) mi abuela materna (Q.E.P.D.), madre de de quince hijos (pobres Reyes Magos), se encontraba en casa viendo los juguetes que sus hijos habían recibido por motivo de la tradición tan extendida en nuestro país, mientras un niño de 7 años que vivía en la casa de enfrente y que sólo tenía a su madre (la cual era de origen muy humilde), estaba observando los juguetes y felicitando a los que a su juicio eran los mejores de mis entonces pequeños tíos, al tiempo que una amargura recorría su cuerpecito… el niño, Mario se llamaba, estaba triste porque no había recibido nada ese día; en el pequeño arbolito que con mucho esfuerzo su madre compró para adornar el tocador, no había llegado nada y el niño debía experimentar sentimientos que no entendía pues, a causa de que su madre se encontraba trabajando, el niño estaba compartiendo patio con los hijos de mi abuela y no tenía opción más que envidiarlos.

El niño repentinamente se echó sollozar en un rincón, y cuando mi abuela se acercó cuidadosamente al pequeño le preguntó – ¿qué pasa Mario?-, el infante contestó que estaba triste porque los reyes magos no habían leído su carta, que no se habían acordado de él, palabras que fueron seguidas de una mirada incrédula de mi abuela que respondió desafiante -“Lo dudo mucho Mario, más bien no has buscado, seguramente algo dejaron en tu casa o quién sabe, con tantos niños en mi casa, puede que se hayan confundido y te hayan dejado el regalo aquí por accidente. Te sugiero vayas a tu casa, busques y si no encuentras nada regreses a buscar aquí.”- .En ese momento el niño, ya con un ápice de esperanza, pero con un andar desconfiado fue a su casa y buscó por más de una hora, mientras tanto, mi abuela tomó las llaves del auto y… (Me imagino que fue a la casa de los reyes magos a preguntar por el regalo de Mario), total que regresó jadeando y con una bolsa en mano.

Fue entonces que sonó el timbre y fue mi madre la que presenció la mirada desencantada del pequeño Mario que voz entrecortada y temerosa pronunció: “No me dejaron nada, se olvidaron de mi“. La silueta de “la señora de la casa” apareció detrás del cuerpo adolescente de mi madre y le dijo al desilusionado muchacho: “¿Qué pasó, encontraste algo?” y ante la negativa de Mario, mi abuela lo invitó a pasar y le dijo: “Sabes, debajo de nuestro árbol hay un regalo que nadie aquí reclamó, ¿por qué no vas y me ayudas a investigar de quién es?”  Mario corrió y tremenda sopresa que se llevó cuando leyó una pequeña tarjetita azul que decía:

Mario:

Primero que nada, mereces una disculpa, pues nos hemos confundido de casa y hemos dejado tu regalo aquí por accidente. Este año tuvimos mucho que entregar, pero el tuyo fue uno de los primeros que repartimos y envolvimos con mucho cariño para ti. No olvides que debes ser un buen niño y siempre compartir.

Con amor, Los Reyes Magos.

Mario leyó con atención la tarjetita, sonrió y después, sin la menor vacilación, abrió su regalo y miró fascinado un coche de bomberos rojo que disfrutó con júbilo. Sus ojos se inundaron de lágrimas y descubrió que él también es importante. Hoy en día, ese coche de bomberos rojo está en una repisa del cuarto de Mario y su esposa. Cada seis de enero juntos van y regalan juguetes en varios orfanatos de México.

No les negaré amigos, que esta historia por poco me provocó una lágrima y me hizo entender una razón más de por qué todavía hay esperanza, me volví a convencer que vale la pena el esfuerzo para mover consciencias y valdrá la pena hasta que no haya más Marios de los que sí se quedan sin juguete.

Por último, hagamos un esfuerzo y hoy, sea o no 6 de enero, recordémosle a un niño que hay razones para sonreír.

Sin más, gracias por su atención.

Honestamente, Davilowsky

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El Cafetín de las 5

Revista cultural con sede en la Ciudad de México. 25 de abril 2011
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