La Expropiación Franelera

“Las calles son para los mexicanos”
Ana Martínez, representante de la Asociación Civil Vanguardia Nacional de Organizaciones Revolucionarias

Uno de los problemas mejor conocidos de esta ciudad (por ahí viene la basura también) es el tráfico. Cualquiera que haya tenido que recorrer en el medio de transporte de su preferencia algún recorrido de más de 1 kilómetro podrá darse cuenta que muchas veces la voluntad termina donde empieza el embotellamiento. El efecto térmico que produce una ciudad revestida de asfalto no ayuda, como tampoco la contaminación que no invita a abrir las ventanas y sacar la cabeza cual perro despreocupado. Al contrario, si saca algún miembro del auto usted puede terminar perdiendo desde el reloj hasta la mano misma.

Las filas de coches son interminables, así como la sinfonía de claxonazos que bien parece marcha fúnebre. Hace no mucho, escuché a alguien de otro estado verdaderamente sorprendido por el hecho de que sobre Periférico (una supuesta vía de alta velocidad) se venden Gorditas de Nata. Impensable, pero cierto: entre las hileras de coches en las mañanas muchas veces uno puede encontrar desde jugos frutales hasta lonches en bolsita.

Nada de lo que digo es nuevo, a diferencia de los recientes esfuerzos del Gobierno del Distrito Federal por empezar a proponer soluciones al problema del hacinamiento vehicular. Así surgió la propuesta, común en otras ciudades del mundo, de los parquímetros. Máquinas que cobran 2 pesos por cada 15 minutos de estacionamiento en la calle. Lo único que se debe hacer es pagar por el tiempo por anticipado, imprimir el recibo y dejarlo dentro del auto a la vista. Mientras que en otros mundos el cobrar por utilizar la calle sería impensable, en México es una solución: es prácticamente imposible encontrar lugar para estacionarse en la calle, a menos que uno lo busque a las 5 de la mañana, o bien que cuente con la lealtad de un personaje netamente defeño: el franelero.

El huacal, elemento imprescindible de la comunión franelera. Puede también ser sustituido por cubetas rellenas de cemento o piedras, dada la región y el clima.

Es tautológico definir al franelero en una ciudad donde éste posee características casi divinas:  todos lo conocen, presentan siempre los mismos rasgos y es omnipresente. La iniciativa de los parquímetros empezó hace unos pocos días en una colonia donde desde hace varios años ya, no cabe nadie más. O se llega en transporte público a Polanco, o no se llega. Aunque siempre está la tercera opción: confiar el auto (llaves incluidas) a un perfecto desconocido (en cuerpo, mas no en espíritu, de nuevo características divinas) para que éste se haga cargo de él. “[…] no es posible que por ir a la tintorería, estos señores te cobren 40 pesos por estacionarte 15 minutos.” Son las palabras de una vecina de Polanco de apellido de la Riva, pero podrían ser las de cualquiera.

Los franeleros no se iban a quedar cruzados de brazos mientras los parquímetros invadían sus banquetas. Cual auténticos ludistas, reemplazado su trabajo por máquinas (¡ah, nuestros tiempos!), encaminaron sus esfuerzos a oponerse a su instalación, a exigir su retiro, al mismo tiempo que utilizaban su deidad terrenal para hablar por todos los mexicanos: “¡Marcelo, entiende, la calle no se vende!” gritaban una y otra vez aquellos que minutos antes pedían su humilde diezmo (ni tan humilde si multiplicamos el número de coches aparcados) a los feligreses que estacionaban su auto en la vía pública, la misma invendible.

Si a usted le parece inverosímil y hasta surrealista esta nota, probablemente no ha pasado suficiente tiempo en México, donde ya nada sorprende. Los reporteros que estaban cubriendo las manifestaciones de los franeleros aprovecharon la ocasión para cuestionarles acerca de la ironía de la situación. Ante esto, un iluminado sacerdote franelerista respondió: “Gracias a nosotros se ha bajado la delincuencia en Polanco, […] no recibimos ningún salario por vigilar las calles y avisar de los rateros.” Prueba de que, como cualquier otra religión, la de los franeleros requiere de ciertos dogmas.

No tardó en organizarse la contra-marcha, esta vez los vecinos y ciudadanos de Polanco salieron a las calles a criticar la desfachatez y cara dura de los franeleros y a mostrar su apoyo a la medida de los parquímetros. “Son ellos los que privatizan la calle al cobrar por estacionarse, y sus ganancias no son reportadas, por lo que no se les descuenta ningún impuesto” externó un portavoz del nuevo movimiento. “Estos señores no tienen derecho a hablar” dijo otro simpatizante de esta suerte de consciencia ciudadana que ve más allá del franelerismo. Finalmente, el dinero de los parquímetros no va a enriquecer las aras de un viene-viene (nombre popular con el que se conoce a los franeleros), sino (se supone) su destino es público y parte del presupuesto de la Delegación.

Entre manifestaciones, se libran las nuevas Cruzadas del siglo XXI; en pleno Masaryk.

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Comments

  1. Rosabelh says:

    Me gusto mucho el artículo, por otro lado, hoy me entere que existe un sindicato de franeleros, no reconocido obviamente, de más de 600 militantes y están dispuestos a todo con tal de recuperar “la calle” y seguir haciendo de las suyas por supuesto, ahora la consigna es “parquímetro por parquímetro”, que loco!!!

    • lmdrgl says:

      De hecho, el rimbombante nombre de la “asociación” que aparece al inicio del artículo (Asociación Civil Vanguardia Nacional de Organizaciones Revolucionarias) no es mas que una larguísima manera de nombrar al grupo de correligionarios de la franela que aparecieron indignados.
      Más allá de lo chusco de la situación, la pregunta sobre qué hacer con estas personas sigue en el aire.
      Gracias por tus comentarios.

  2. lmdrgl says:

    Muchísimas gracias, siempre es gratificante saber que lo que uno escribe, alguien (sin haberlo forzado) lee y disfruta.
    Como bien apuntas, muchas veces la realidad supera, o inspira a la ficción.
    Un abrazo citadino

  3. Davilowsky says:

    Qué interesante artículo, sobre todo muy objetivo, con cierta (pero sana) ironía. Me entretuvo mucho leerlo.

    Comparto tu punto de vista y de verdad que qué cinismo el de los franeleros para enojarse, es algo así como de “ver para creer”

    Gracias Bardo, un gusto leerte. Saludos.

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El Cafetín de las 5

Revista cultural con sede en la Ciudad de México. 25 de abril 2011
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