– Mamá, ya no quiero democracia…

“El elector goza del sagrado privilegio de votar por un candidato que eligieron otros”.

Ambrose Bierce (1842 – 1914) Escritor estadounidense.

El voto; divino tesoro de los dioses entregado a los hombres cuando estos fueron iluminados para vivir en democracia, o al menos esa es la versión de la historia oficial. Si bien no fue obra de la generosidad de Prometeo como el caso del fuego, el hombre salió del oscurantismo y absolutismo de la Edad Media para encaminarse hacia el uso de la razón y “salvaguarda” de la soberanía nacional en el pueblo. Desde los grandes autores ilustrados del Siglo XVIII hasta nuestros días se han proclamado los conceptos de soberanía popular, democracia, representación popular, voto, entre otros como parte de nuestro lenguaje político diario. Sin embargo, la mayoría de ellos nos remiten a clases de civismo o fundamentos de política y los analizamos como viejos y empolvados conceptos que nos hacen añorar una repetida utopía.

Fuente: Sociedad de Conciencia

México, como muchos países de Latinoamérica, ha vivido bajo la esperanza de alcanzar el ideal implantado por los Estados Unidos de cómo debe ser una democracia y hemos querido importar su sistema sin detenernos a pensar si es realmente funcional para nosotros. Es claro y evidente que no vivimos en las mismas condiciones que nuestro vecino del norte, que no tenemos los mismos problemas, inquietudes ni mucho menos la misma idiosincracia, lo cual nos lleva a la frustración e ineficiencia de nuestro sistema político. Debo aclarar que muchos ámbitos concedidos al concepto y al modelo de la democracia deben ser “globales” y deben desarrollarse bajo cualquier condición. Tales ámbitos se refieren por ejemplo al respeto de las garantías individuales de cada ciudadano, libre ejercicio del periodismo y el respeto y defensa de las libertades. A pesar de esto, algo que debe modificarse de raíz porque no cumple con su propósito es la de la representación popular y el ejercicio del voto.

Es probable que muchos de nosotros, al ver a los partidos políticos “fuertes” de nuestro país y entender, hasta donde nos lo permite la demagogia usada por éstos,  sus ideologías, creencias y ambiciones, no nos sintamos identificados con ninguno de ellos. Miramos con aburrimiento las largas sesiones del Congreso y vociferamos ante los despilfarros causados por los sueldos de diputados y senadores. Miramos a esos curiosos personajes que aparecen en televisión, radio, revistas, periódicos y propaganda que contamina la ciudad como parte de una élite ajena a nuestra sociedad. De hecho, este es un fenómeno mundial, en donde, salvo contados casos, la elección de los mandatarios, congresistas o representantes se realiza a partir de un grupo selecto, previamente aprobado por las personas en poder. Eso no es elección y representación popular, eso se llama elección de aparador. Nuestros intereses, propuestas e inquietudes no son escuchadas, porque no les interesan ni les sirven para defender sus beneficios propios, sean individuales o de élite. No existe un verdadero interés por brindarle voz y voto a aquel indígena huichol que defiende su tierra sagrada de las inversiones y construcciones extranjeras, aquel estudiante que requiere una beca para seguir estudiando y no un crédito para seguirse endeudando, aquel homosexual que se ve privado de sus derechos como ser humano o aquella persona con capacidades diferentes que se desenvuelve en ciudades no aptas para personas en sus condiciones. Y sí, es probable que me refiera a algunas minorías dentro de este país pero hay que ponernos a pensar que ni siquiera nosotros “la mayoría” o el grueso poblacional tiene acceso a foros para publicar sus ideas.

Fuente: El Liberal

“El voto es la herramienta del pueblo para cambiar su realidad”. Falso. Como ya había establecido en artículos anteriores, un cambio jamás vendrá de sólo depositar la papeleta que marca tu elección en la urna. Jamás vendrá de depositar las esperanzas y la fe ciega en las palabras huecas de un candidato o los colores de un partido. Cuando la desconfianza en la clase política es mayor, la confianza en nosotros mismos debería de serlo también, así como la decisión y la perseverancia por hacer las cosas nosotros mismos. Justamente, con motivo de que los candidatos elegidos por los ciudadanos carecen de una total legitimidad por el ausentismo en las urnas, ya que su credibilidad está por los suelos y carecen de identificación popular, se está analizando el dictamen de volver obligatorio el voto en México. Se afirma que el voto voluntario “deshabilita a la ciudadanía para no sentir responsabilidad” y que el ausentismo cuestiona la legitimidad de los elegidos y puede llevar a un escenario de “inestabilidad” (Nota completa).

Fuente: Teotihuacán en Línea

Supongamos que el decreto se vuelve ley y cada mexicano es obligado a votar, ¿Cómo ejercerían presión para que se cumpla la ley? Pues estemos conscientes de que vivimos en un México en donde únicamente se estudian las leyes y cada vez menos se ejercen, se requeriría de un modo coercitivo para lograrlo. ¿Qué sucedería con aquellas personas que decidan no votar? Incumpliendo la ley, llevaría consigo el cumplimiento de una pena. “Lo declaro culpable por el delito de ausencia de voto en las elecciones de 2012 y lo sentenció a 2 años de prisión y 3 de trabajos forzados” Suena tan ridículo como llegaría a serlo. ¿Qué pasaría con aquellos que anulen su voto? Espero no se estudie la posibilidad de hacer obligatorio el voto hacia un candidato o partido específico porque entonces ya estaríamos al borde de una distopía digna de George Orwell.

Debemos estar atentos a aquellas propuestas que tienen foro en las distintas cámaras, debemos preocuparnos por remodelar nuestro sistema democrático para apegarlo, lo más posible, al concepto clásico de los griegos (aunque por dimensión poblacional sea imposible), debemos interesarnos por aquello que discuten nuestros políticos. Una democracia puede ser fácilmente encaminada hacia una oligarquía o hacia una dictadura y las miradas indiferentes e ignorantes de la sociedad, son el mayor cómplice. El primer paso hacia el cambio es la discusión de ideas, el siguiente, la realización de acciones. Empecemos hoy mismo, la televisión no se irá.

Nemo el Capitán

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  1. […] democracia mexicana. Para quienes estén interesados, el artículo lo pueden encontrar pinchando aquí. Esencialmente, la nota lidia con los problemas derivados del sistema democrático mexicano y la […]

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El Cafetín de las 5

Revista cultural con sede en la Ciudad de México. 25 de abril 2011
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