Resiste, rarámuri

“El mayor espectáculos es un hombre esforzado luchando contra la adversidad; pero hay otro aún más grande: ver a otro hombre lanzarse en su ayuda”.

Oliver Goldsmith (1728 – 1774) Escritor británico.

En días recientes nos hemos visto conmovidos por las noticias que llegan desde la Sierra Tarahumara acerca de las penurias y dificultades que viven nuestros hermanos raramuris. Ha llegado a nuestros oídos la noticia de que unos 50 habitantes de las comunidades tarahumaras, en su desesperación ocasionada por la falta de comida y por no poderle brindar alimento a sus hijos, optaron por suicidarse en los barrancos de la sierra (vídeo de la notica aquí). Sin embargo, el gobierno Federal y Estatal, niegan esta versión y afirman que se está atendiendo a estas comunidades frente a la pérdida de sus cultivos por las bajas temperaturas. Dado que no se puede esclarecer la veracidad de los hechos en su totalidad, es imposible emitir un juicio al respecto, sin embargo ésta generó una importante movilización en las redes sociales para recaudar víveres y cobijas para que fueran enviados a la Sierra Tarahumara. (Centro de Acopio Facultad de Derecho UNAM) Muchos artículos, por todo Internet y la prensa, se han escrito acerca de estos acontecimientos, pero, ¿Sabemos quienes son los Tarahumaras? Me parece valioso entonces, comenzar por ese punto.

Debemos conocer que la denominación de “tarahumara” es producto de la castellanización de la palabra “rarámuri”. Según el historiador Luis Alberto González, tal palabra se puede traducir como “planta corredora” o “los de los pies ligeros”, lo cual hace alusión a una de las tradiciones más antiguas de este pueblo: el correr.

El pueblo rarámuri, de unos 50,000 indígenas, se localiza al suroeste del estado de Chihuahua, en México viviendo principalmente en las partes más altas de la Sierra Madre Occidental a la cual se le ha dado el nombre de la Sierra Tarahumara, ubicada entre 1,500 y 2,400 metros sobre el nivel del mar.

La historia del pueblo rarámuri ha estado marcado por despojos y abandono. Durante la conquista española del territorio mexicano, los conquistadores españoles tuvieron contacto con los tarahumaras aproximadamente en el año de 1606 y tras un intento fallido de evangelización, comenzó una dura represión. En los siglos XVII y XVIII, comenzó una colonización del ahora estado de Chihuahua en donde la mayor parte de los indígenas fueron despojados de sus tierras a cambio de baratijas como jabón, sal y mantas para el frío. No obstante, fueron obligadas a trabajar para los colonizadores en condiciones similares al peonaje. Posteriormente, con la llegada y el asentamientos de las misiones jesuitas en el territorio, se les brindó a los indígenas un refugio contra los abusos de los hacendados, sin embargo la expulsión de la orden jesuita del territorio de la Nueva España, significó un regreso a la vida nómada, lo que a la larga permitio la conservación de la cultura rarámuri y la creación de un sincretismo religioso, único en México por su mezcla de catolicismo y chamanismo.

Con la desamortización de los bienes de la Iglesia en 1856, producto de las leyes de Reforma, los mestizos de la zona ocuparon las tierras pertenecientes a los pueblos de misión habitadas por tarahumaras, viéndose éstos obligados nuevamente a abandonar sus cultivos. Esto suscitó que se rebelaran en 1876 contra el despojo de sus tierras, hecho que el gobierno del estado respaldó, abogando por ellos. Se volverian a presentar levantamientos en los años de 1895 y 1898. A partir de entonces los rarámuris han “conservado” sus tierras y sus cultivos, sin embargo han permanecido aislados y marginados de la ayuda y el apoyo del gobierno y de nuestra sociedad. Actualmente el pueblo y las comunidades rarámuri carecen de infraestructura para servicios de salud y educación, se presenta la proliferación de enfermades y desnutriciñon infantil, escasa disponibilidad de electricidad, agua potable y vías de comunicación. Del mismo modo, las alternativas para fortalecer la economía doméstica y volver autosuficientes a estas comunidades son escasas debido al clima de la sierra, prolongadas sequías e intensas temporadas de frío y nevadas.

Dos varones tarahumaras. 1892 Fuente: Wikimedia Commons

Las viviendas del pueblo rarámuri están hechas principalmente de troncos de arbol en las cuales se deja abierto una parte del techo como salida al humo del fuego, el cual arde constantemente en el piso de las casas para brindar un refugio a las bajas temperaturas de la sierra. En dichas viviendas, no se acostumbra el uso de sillas, mesas o camas, utilizando en cambio tarimas o durmiendo sobre cuero de chivos en suelo. Del mismo modo, algunas familias prefieren vivir en cuevas en donde encuentran un mejor refugio a los vientos, lluvias y una eficaz protección ante los animales.

Casa típica rarámuri Fuente: Wikimedia Commons

Hogar rarámuri en una cueva Fuente: Wikimedia Commons

En cuanto a vestimenta se refiere, muchas comunidades han adoptado indumentarias occidentales, sin embargo aún se conserva la vestimenta tradicional, sobretodo en las mujeres, la cual consta de blusas o camisas de colores brillantes y estampados en ocasiones floreados. En el caso de las mujeres, las faldas son comúnmente utilizadas, no sólo como abrigo ante las frías temperaturas sino también como adorno, llegando a utilizar varias a la vez, lo cual asemeja que están “envueltas en mil colores”.

Fuente: Wikimedia Commons

Famoso es el uso del peyote en esta cultura, sin embargo éste es reservado únicamente para los chamanes o guardianes de las costumbres sociales de su pueblo. Esta planta alucinógena tiene un uso restringido y sólo los chamanes conocen la cantidad que se utilizará con fines curativos. Se conoce que se utiliza para sanar el reumatismo, mordeduras de serpiente y otras dolencias.

Con respecto a su fama de ser los mejores corredores del mundo, tal historia proviene del explorador danés Carl Lumholtz, famoso por su meticulosa investigación de campo y publicaciones etnográficas de la cultura mesoamericana de México. Wade Davis, antropólogo canadiense refiere el origen de la historia:

“Por los diarios del explorador danés Carl Lumholtz, se supo que los tarahumaras, indígenas de la Sierra Madre Occidental de México, eran los mejores corredores del mundo. En carreras sin descanso y llevando un botón de peyote y la cabeza disecada de un águila bajo el cinto para protegerse de la brujería, los hombres tarahumaras podían trotar más de doscientos kilómetros. Un empleado del servicio postal mexicano y de origen tarahumara, en cinco días, había entregado una carta a novecientos sesenta kilómetros de distancia”.  Wade Davis, El Río, página 82.

Fuente: Norawas de Raramuri

Es importante mencionar que la cultura tarahumara, sus creencias, tradiciones y modo de vida son tan vastos que es imposible recopilarlos en un artículo como este, sin embargo es un ligero esbozo que tiene como fin difundir un poco más de nuestros hermanos rarámuri. Más importante aún es encontrar formas de convertir a estas comunidades, en lo más alto de la sierra, en autosuficientes para que las noticias de hambruna y muerte en la Sierra Tarahumara dejen de ser cosa de todos los años.

Nemo el Capitán

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El Cafetín de las 5

Revista cultural con sede en la Ciudad de México. 25 de abril 2011
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