Androginia y modelaje

Identificar a una persona por su sexo biológico comienza a ser una práctica inútil y en ocasiones hasta degradante, una especie de determinismo biológico. Es una tácita afirmación de “te clasifico por lo que tienes entre las piernas, no por lo que eres como ser humano” o “hagas lo que hagas, estas determinado por tus genitales”. Detrás de esto existe una pesada carga cultural sobre roles dicotómicos que nos hacen más que acentuar la dominancia de un género sobre el otro.

Los valores arraigados a esta clasificación dependen de la cultura a la que pertenezcan, pero suelen determinar a la persona en aspectos que van desde sus habilidades (las mujeres saben cocinar, los hombres pueden cambiar un neumático), sus virtudes (las mujeres son sensibles, los hombres lógicos), su personalidad (las mujeres son sumisas, los hombres dominantes) e incluso su manera de vestir (las mujeres de rosa, los hombres de colores sobrios; solo las mujeres usan falda, las camisas son para los hombres). Nada de esto es una crítica a las mujeres que saben cocinar, son sensibles, sumisas, les gusta el rosa y usan faldas. El problema viene cuando lo hacen porque así se los marca a sociedad. Si van a ser o hacer algo, que sea porque lo eligen conscientemente, no porque “así debe ser”. O cuando hacen exactamente lo contrario solo para rebelarse.

Estoy consciente de que este tipo de categorizaciones forman parte de cada uno de manera cotidiana. Cada vez que conocemos a alguien, o incluso cada vez que nos fijamos en alguien (aunque sea por un instante, en la calle, en la escuela, en el trabajo), de inmediato intentamos descifrarlo. Decodificamos lo que nuestros ojos ven para comprenderlo. Buscamos características que lo sitúen en un mapa dentro de nuestra cabeza: qué edad tiene, cuál es su complexión, color de piel, longitud de cabello… ¿es hombre o mujer? Cuando una persona no entra claramente en alguna de las categorías que hemos construido a lo largo de nuestra vida a través de experiencias, conocimientos heredados, concepciones estandarizadas e ideas arraigadas,  nos causa ruido.

¿De qué sirve conocer el sexo de una persona? A menos que se necesite para algún asunto estrechamente ligado con lo genético o lo biológico, no debería importar. Lo que hacemos al “descubrir” el sexo de alguien es imponerle la carga de estereotipos, roles y demás costras culturales que se alinean con sus genitales. ¿No es más provechoso, más humano, quedarse en la ambigüedad? Si no sabemos lo que la sociedad espera de cierto individuo, no podemos pedirle más que sea tal y como es.

Sin embargo, existen cientos de barreras que nos impiden o nos hacen extremadamente difícil no determinar a las personas por su sexo. Una de ellas en el lenguaje. ¿Han notado la escasez de adjetivos neutrales? Se necesita un dominio avanzado de la lengua para encontrar distintas posibilidades sin remitirse a clasificaciones dicotómicas. El español es muy flexible, pero el habla cotidiana se limita a expresiones simplificadas, así que encontrar opciones puede resultar trabajoso. Pero tiene una ventaja: se pueden omitir pronombres en la mayoría de los casos y empezar con verbos que no delimiten identidades de género. El inglés no tiene esa posibilidad, pero tiene la virtud de que sus adjetivos no definen sexos. Cada lenguaje tiene sus particularidades, así que hay que hacer lo que se pueda con lo que se tiene, al menos por ahora.

Otra barrera: las nociones arcaicas de la belleza. En este mundo y en estos tiempos, la búsqueda de lo bello da la impresión de ser algo cada vez más abierto, plural, subjetivo. Tal vez antes haya sido igual, pero hoy se escuchan tantas voces que parece que se han multiplicado las visiones y perspectivas que avalan lo que es bello. Los estereotipos de belleza van a los extremos. En los medios circulan imágenes de todo tipo: mujeres rubias, de busto prominente y piernas esculpidas, al más puro estilo Pamela Anderson; mujeres extremadamente delgadas, más planas que una mesa, con tez pálida y aspecto de estar a punto de romperse en dos; hombres musculosos, bronceados, que sudan testosterona por todos sus poros, rudos, carismáticos; hombres de rasgos suaves y afilados, ojos grandes, con caras de niños de secundaria y complexión pequeña. En esta misma corriente, modelos andróginos están sobresaliendo a nivel mundial.

El término androginia designa a un individuo cuyas características físicas no pueden definirse claramente como pertenecientes al sexo femenino o al masculino. Las personas andróginas suelen acaparar la atención por dondequiera que van, sobre todo si la cultura que los rodea tiene límites muy marcados en cuanto a sexos y géneros. De esto saca ventaja el mundo de la moda.

Estos son ejemplos de modelos que le sacan provecho a su apariencia ambigua a la hora de ganarse el pan de cada día, modelos a los que se considera bellos más allá de las barreras culturales de su sexo. No son hombres guapos o mujeres bonitas, son personas atractivas, hermosas.

Fuente: El País

  • El caso más polémico es el del modelo biológicamente masculino Andrej Pejic, de nacionalidad serbia. Su versatilidad y disposición para modelar lo que le pongan enfrente le ha ganado fama y muchas oportunidades. Recientemente se convirtió en la imagen de la línea de sostenes push-up de la firma holandesa Hema, que se especializa en ropa interior femenina. También ha modelado vestidos de novia y un sinfín de ropa tradicionalmente femenina.

Fuente: agynessdeyn-online.blogspot.com

  • Agyness Deyn también ha llamado la atención en el mundo de la moda con su corto cabello rubio platinado y sus cejas oscuras, además de su figura andrógina. Ha tenido tanto éxito que se le ha llamado “la nueva Kate Moss”.

Fuente: stormmodels.com

  • Danila Polyakov es otro modelo, esta vez de Rusia, que se ha dado a conocer por poseer rasgos que difuminan la barrera de los géneros.

Fuente: tv.com

  • La actriz estadounidense Katherine Moenning también tiene cabida en esta lista. Es conocida por su papel como Shane McCutcheon en la serie televisiva The L Word.

Pero incluso fuera del ámbito de la moda y el glamour, deberíamos considerar a las personas por su inherente condición humana. Con esto no quiero decir que se pueda dejar de “clasificar” a las personas de la noche a la mañana, pero se puede ver el mundo desde una perspectiva mucho más amplia. Las categorías de géneros que conocemos pueden expandirse, evolucionar. Los estereotipos pueden ser rotos. Podemos tomarnos la molestia de conocernos antes de hacer suposiciones. Este Héroe Desempleado los invita a salir de su burbuja de comodidad y conocer lo que hay afuera.

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Comments

  1. creo que aqui hay contradicciones, quieres que a una persona no la jusguen por su apariencia o su sexo, si no lo que lleban dentro, eso esta muy bien, y te apoyo en eso,pero cada persona tiene que identificar su sexualidad(osea que es lo que soy, que es lo que me gusta), haciendolo asi seria mucho mas dificil y confuso, quieres que dejemos de jusgar el fisico por medio de un cambio fisico, es verdad la atraccion sexual y el amor son cosas distintas y uno tiene que aprender a diferenciarlas pero las dos son importantes. Otra es que dices que conocer el sexo de una persona solo sirve para algo ligado a lo genetico, pero como debes de saber, hombre y mujer piensas diferente,y tambien cada persona, yo apoyo a la equidad, pero no a la igualdad, por que nadie es igual, quieres que todos nos veamos iguales(en un sentido androgino, no distinguir si se es hombre o mujer) pero habra alguien que quiera verse como el actual estereotipo de hombre, o de mujer o que quiera verse como tu propones, pero eso es decicion individual, cada quien decide como quiere verse,en cuanto a los estereotipos yo puedo decir, ok eres hombre, pero no forzosamente debes ser muy “macho”, o vestirte de tal manera, o hablar y caminar asi, claro que no, pero uno tiene que aceptarlo, tu eres hombre y tu eres mujer, pero tu decides que te gusta y como quieres ser,no vaz a evitar que alguien tenga vagina o testiculos, no vaz a evitar vivir en un mundo material, estamos mal en creer en estereotipos y en normas sin sentido, estamos mal desde adentro, hay que cambiar desde adentro no desde afuera. pero bueno por cierto interesante lo que escribiste 🙂

    • Héroe Sin Empleo says:

      Perdón por la demora en responder, y gracias por el comentario. No sé si entiendo muy bien lo que tratas de decir, pero no creo haber dicho que se deje de juzgar el físico por medio de un cambio físico. Si te refieres a la androginia que menciono, esta es una característica natural de algunas personas, no algo que ellos cambien de sí mismos. No estoy declarando que todos “deben” ser androginos. Cada persona tiene rasgos distintos, pero estos son catalogados como “femeninos o masculinos” según la cultura. Es decir, una chica con mandíbula cuadrada se considera de “rasgos varoniles”, por poner un ejemplo. Estas categorizaciones terminan por separar la belleza por sexo, excluyendo cualquier cosa que se salga de los estándares. Soy consciente de que todas las personas piensan diferente, pero no creo que “hombre y mujer piensen diferente” por el hecho de ser tal o cuál, sino por ser individuos, más allá de su género. También sé que no puedo evitar que alguien tenga vagina/pene/testiculos/pechos, pero trato de ver más allá de lo que me han inculcado desde que tengo consciencia de mi persona. Finalmente, agradezco tu opinión; después de todo, esta revista nació con el propósito de servir de foro de debate para temas e ideas que no se discuten a profundidad en otros medios. ¡Saludos Heroicos!

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El Cafetín de las 5

Revista cultural con sede en la Ciudad de México. 25 de abril 2011
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