Viaje en el tiempo

No pretendo que esta entrada sea un vil anuncio o promoción, pero me va a ser muy difícil permanecer neutral al hablar de la película de Hugo (La Invención de Hugo Cabret) de Martin Scorsese. Simplemente porque se trata de un filme fantástico en la extensión más amplia de la palabra. No sólo hago referencia a su innegable calidad, producto de la experiencia de uno de los directores vivos más importantes en la actualidad, sino también a la manera casi dickesiana (aprovechando aquello de los 200 años de su nacimiento) en que se aborda la historia de un pequeño que se dedica a arreglar los relojes de una estación de trenes en París.

Mágica también es la manera en que el director pinta a la Ciudad de las Luces, un sueño que aparece entre colores cálidos y dorados en la tarde, como bañada personalmente por el sol que se pone, y con azules y oscuros en la noche, rematada con edificios bellos y callejuelas sumamente antojables para perderse. No sólo es otro tributo a la ciudad donde pueden suceder, de acuerdo a los románticos, las aventuras más inesperadas (tenemos el ejemplo de la gran Medianoche en París de Woody Allen este año también), Hugo  es un tributo también al cine mismo, a los procesos creativos de toda índole, a la imaginación, a la memoria, a la confianza, al perdón.

Si parecen demasiados temas para ser tratados por una sola película (y más una clasificada “A” y sin disparos, explosiones, persecuciones frenéticas o sexo cuasi-explícito en pantalla) se está subestimando el poder narrativo del que dispone Martin Scorsese y su veterano guionista John Logan. El primero es responsable de clásicos contemporáneos tales como Taxi Driver, Toro Salvaje o Buenos Muchachos. El segundo es el discreto autor detrás de los nada discretos guiones de Gladiador, El Último Samurai y El Aviador. Hugo es ante todo eso, una conjunción de reloj de estación, donde cada engranaje es único, brilla con luz propia y termina dándole cuerda a una película que funciona en los más distintos niveles.

Icónica imagen de "Viaje a la Luna" - 1902

Ahí está la fantástica actuación del veterano Sir Ben Kingsley. La hilarante y comprometida participación de Sacha Baron Cohen, el peso de la película bien cargado sobre los hombros de Asa Butterfield y la adorable Chloë Grace Moretz como esa chica con quien todos hubiéramos querido vivir aventuras. Pero también encontramos los ingeniosos efectos visuales (sobre todo en 3D), la puntual fotografía y la emocionante banda sonora. No es casualidad que la película recibiera 11 nominaciones al Óscar (26 de febrero): es un filme sumamente bien hecho.

No pretendo reseñar a profundidad la película, sin embargo, me gustaría presentar una ruta para todos aquellos interesados en verla. Dicho camino empieza, por el corto que se encuentra enlazado a esta entrada. Georges Méliès, en 1902 se convertiría con esta pieza histórica, en el primer director de un producto cinematográfico de ficción. Más allá de las presentaciones de los Hermanos Lumière, Viaje a la Luna de Méliès (tema central y pretexto perfecto para contar la historia de Hugo) fue la primera película que a través de efectos especiales y una narrativa claramente identificada alumbró el camino para tantas y tantas producciones, historias y artistas. Como el propio Scorsese.

No se lo pierdan.

 
Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

El Cafetín de las 5

Revista cultural con sede en la Ciudad de México. 25 de abril 2011
A %d blogueros les gusta esto: