Juicio al fútbol

“El único chance que los países pequeños del tercer mundo evocan un animado interés internacional, es cuando derraman su sangre”, Ryzard Kapusinki.

Del 14 al 18 de julio de 1969, se mantuvo una guerra entre los países centroamericanos Honduras y El Salvador, por lo cual es conocida como La Guerra de las 100 horas. El conflicto tuvo una razón clara de ser: la migración, no obstante, algunos señalan ingerencia del fútbol.

La nación salvadoreña mide territorialmente aproximadamente la quinta parte de la extensión total de Honduras. En la época, y supongo que no han habido sustanciales cambios, la densidad demográfica de El Salvador era la más grande de occidente: más de 160 pobladores por kilómetro cuadrado. Además, la tierra no era propiamente de los cuscatlecos, sino de poderosos latifundistas, por lo tanto y como respuesta de sobrevivencia, buscaron mejores condiciones en el país cuya capital es Tegucigalpa.

Con el paso del tiempo se hablaba ya sobre cerca de 300 mil salvadoreños inmersos en el territorio hondureño, situación que empezó a ser apremiante para la presidencia del coronel Oswaldo López Arellano en Honduras, ya que enfrentaba falta de inversión pública, y sobre todo presión de parte de la industria agraria, la cual al sentirse opacada por los inmigrantes, pidió una reforma en el rubro. Así pues, en abril de 1969 vio luz la reforma agraria, en la cual los extranjeros no tuvieron cabida.

Unas fuentes indican que miles de salvadoreños establecidos en el país vecino, fueron llevados a estadios para luego obligarlos a volver a su nación. Entonces, el gobierno de los deportados se quejó ante Derechos Humanos, pero al no recibir respuesta, procedió.

Otra fuente asegura que el movimiento armado fue solamente usado por los gobiernos de cada país para distraer a sus pobladores de los problemas políticos y sociales internos que vivían, contando incluso con la cooperación, probablemente de manera involuntaria, de los medios informativos. Sin embargo, hubo un evento anterior a la guerra que la ha dado el título tan “característico” a esta guerra.

A un año de la celebración de la Copa Mundial de fútbol de México 1970, la eliminatoria para obtener un boleto al certamen, encaró justo a las representaciones de estos países. 1-0  fue el marcador en el primer encuentro celebrado en Tegucigalpa el 8 de junio del 69, pero, según el reportaje de uno de los mejores periodistas en la historia, el polaco Ryszard Kapuscinski, la noche anterior al juego fue de auténtica pesadilla para el combinado visitante. Para dimensionarla, recurro al libro de Kapuscinski, donde expone la historia y gracias a la cual, esta guerra es también conocida como La Guerra del Futbol.

“El equipo de El Salvador llegó a Tegucigalpa el sábado y pasó una noche sin dormir en su hotel. El equipo no pudo dormir porque era blanco de la guerra psicológica emprendida por los hinchas hondureños. Una multitud cercó el hotel. La muchedumbre lanzó piedras en las ventanas y hacía ruido golpeando latas y barriles vacíos con palillos. Lanzaron petardos unos después de otros. Alinearon vehículos y tocaron sus bocinas parqueados delante del hotel. Los hinchas silbaron, gritaron y cantaron canciones hostiles. Esto duró toda la noche. La idea era que un equipo soñoliento, nervioso y agotado estaría limitado para perder. En América Latina éstas son prácticas comunes”.

Una semana después se celebró el partido de vuelta y con ello la venganza tanto dentro como fuera del terreno de juego, se consumó. Nuevamente uso un fragmento del libro La guerra del futbol y otros reportajes.

“La muchedumbre rompió todas las ventanas del hotel y lanzó adentro huevos podridos, ratas muertas y trapos que apestaban. Los jugadores fueron llevados al estadio en vehículos blindados de la primera división mecanizada –que los protegió de la venganza y de morir en manos de la multitud que alineó la ruta–, llevando las fotos de la heroína nacional Amelia Bolaños.

El ejército rodeó el estadio. En la cancha se apostó un cordón de soldados de un regimiento de la Guardia Nacional, armado con sub ametralladoras. Al ejecutarse el himno nacional de Honduras la muchedumbre rugió y silbó. Después, en vez de la bandera hondureña –que había sido quemada delante de los espectadores, enloquecidos de alegría– los anfitriones colocaron un trapo sucio, hecho andrajos encima del asta de la bandera. Bajo tales condiciones, los jugadores de Tegucigalpa no tenían, por razones comprensibles, sus mentes en el juego.Tenían sus mentes en salir vivos. Fuimos terriblemente afortunados al perder,’ dijo con alivio el entrenador visitante Mario Griffin”.

Amelia Bolaños fue una joven que decidió el suicidio tras la derrota de su selección en el primer encuentro.

Sin embargo, la eliminatoria seguía pendiente pues el resultado global era un empate. El tercer y definitivo partido se disputó en la cancha del Estadio Azteca, en la Ciudad de México. Luego de 80 minutos de mantener el 2-2 aquella tarde del 26 de junio en el Coloso de Santa Úrsula, Mauricio “Pipo” Rodríguez consiguió la agónica anotación que valió para El Salvador avanzar a la siguiente ronda, en la cual eliminó a Haití y logró el ansiado pase al torneo balompédico.

Meses después, el 14 de julio la fuerza aérea de El Salvador bombardeó 4 ciudades hondureñas, asimismo los cuscatlecos rompieron la frontera de los catrachos. Como respuesta, los comandados por López Arellano atacaron también por aire puntos estratégicamente importantes en San Salvador.

Los informes radiales apuntaban fuertes choques en toda la frontera, aseguraban el considerable debilitamiento de la fuerza salvadoreña. A decir de la obra que ya he citado, “desde temprano en la mañana la gente había estado cavando trincheras y erigiendo barricadas, preparándose para un ataque. Las mujeres almacenaban provisiones y protegían sus ventanas con cinta adhesiva. La gente corría cruzando las calles sin dirección; reinaba una atmósfera de pánico. Brigadas de estudiantes pintaban enormes lemas en las paredes y muros. Una burbuja de grafitis había estallado  sobre Tegucigalpa, cubriendo las paredes con numerosas consignas”.

El cese al fuego llegó por la intervención de la OEA, y se consolidó tras la firma del Tratado General de Paz en Lima, Perú el 30 de octubre de 1980, por el cual la disputa fronteriza se resolvería en la Corte Internacional de Justicia.

Aunque las fuentes señalan distintos datos, el número de víctimas mortales va de los 2 mil a los 6 mil civiles, unos 60.000 a 130.000 de los 300.000 salvadoreños, fueron regresados a su país.

Pero, ¿realmente fue el fútbol una causa para la guerra? A decir del mismo periodista polaco, el término “guerra del fútbol” fue usado sólo para llamar la atención del público. Incluso, el autor del decisivo gol sentencia que “mucha gente todavía cree erróneamente que eso incidió, sin embargo, como eso se generalizó, se mundializó”.

¿Creen que el fútbol es capaz de generar una guerra?, los invito a hacer un juicio al fútbol.

Anuncios

Comments

  1. kevin hernande says:

    yo soy 100% catracho y pienso que la guerra es la peor esyupidez que ay………. los guanacos nos invadieron porque sabian que no tenian tierras para sus campesinos y sabian que las tierras catrachas son fertiles ademas estaban masivamente poblados……. nuestras mujeres y hombres catrachos de corazon prefirieron morir antes de que la gran republica hondureña cayera presa de los invasores guanacos………. VIVA HONDURAS VIVA MI PAIS

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

El Cafetín de las 5

Revista cultural con sede en la Ciudad de México. 25 de abril 2011
A %d blogueros les gusta esto: