El cabello es lo de menos

Dar un paseo en bicicleta en Reforma, seguir desde el estadio o tu casa un partido de fútbol, visitar a tu abuelita, salir con tus amigos o hasta asistir al trabajo; tal vez sean algunas de las actividades que realizarás el domingo 1 de julio del 2012, sin embargo recuerda, también deberías renovar (o estrenar) tus votos como ciudadano.

No olvidemos que una de las bondades de la democracia representativa, es justamente ese deber (que muchos llaman derecho), de participar en las decisiones que afectarán su gobierno, sin formar parte de éste, pues el poder político realmente lo posee el pueblo y así, mediante la elección, deposita sus capacidades en un representante.

Más motivos, o probablemente más específicos, por los cuales decidir invertir tiempo y asistir a la casilla correspondiente, aparecen en  el libro An economic theory of democracy (1957), de Anthony Downs, que proporciona al menos 3:

-“Tienes preferencias sobre política pública”,

-“Identificas diferencias notorias en las posturas de política pública de l@s candidat@s de diferentes partidos”, lo cual demanda tiempo y esfuerzo para estar al tanto de lo que cada uno de ellos propone y deja de proponer, y no recurrir al escaparate y votar por un partido (cualquiera) que, en mi opinión, cada vez vela más por los intereses de un sector de la población, y no por los de la totalidad.

-“Al votar, afectas positivamente la probabilidad de que gane el/la candidat@ que tiene una postura de política pública más cercana a la tuya (o reduces la probabilidad de que gane la candidata con la postura más lejana a la tuya)”.

Si de plano ninguno de los presidenciables empata con tus exigencias en las dimensiones que requeriría para obtener tu voto, la opción es anularlo, pues el sufragio no es únicamente un instrumento, sino también un manifiesto.

José Merino, en su columna para adnpolítico.com, advierte el ejemplo de incidencia del voto anulado más fuerte que ha presenciado.

“El voto nulo logró articular a ciudadanos con un diagnóstico similar sobre la funcionalidad de la democracia mexicana; a la vez que su tamaño sirvió como una herramienta de negociación e incidencia frente a legisladores durante la agotadora (y finalmente, frustrada) discusión y votación de la reforma política. Sistemáticamente, los legisladores con los que estos ciudadanos hablaron en 2011, se referían al voto nulo del 2009 como la evidencia de una demanda legítima y significativa de cambio político. (aunque no es un ejemplo contundente, sí es de los más fuertes)”.

Nuevamente les recomiendo que aparten el tiempo requerido para sufragar el domingo 1 de julio, y aterricemos todos esos “choros” de ciudadanía, democracia, libertad, etc.; sea lacia, copetudo, canoso o de rulos… el cabello es lo de menos.

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El Cafetín de las 5

Revista cultural con sede en la Ciudad de México. 25 de abril 2011
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