El hombre detrás de Sherlock Holmes

Me recibe en la casa que él y su segunda esposa, Jean Leckie, compraron en 1907 en Crowborough, del condado de Sussex Oriental; la habían llamado “Windlesham”. Es un gesto extraño para tratarse una persona tan privada: no le gusta que se inmiscuyan en su vida personal, y mucho menos que lo acosen con halagos hacia Sherlock Holmes.

Ocupamos las dos sillas frente a la chimenea, y se me escapa un comentario infortunado mientras él prepara el té: “Como Holmes y Watson”, señalo la posición de los asientos. Me entrega mi bebida con el ceño fruncido.

—Es usted un aficionado a esas obras.

—A todas sus obras— respondo rápidamente—, pero veo que usted no.

Sir Arthur Ignatius Conan Doyle, médico y escritor nacido en Mayo de 1859, en Edimburgo, Escocia, sonríe por primera vez desde que me ha abierto la puerta a su morada. Su cuerpo pierde la tensión inicial con la que me ha recibido.

—Al principio me gustaba. Ahora siento que si nunca hubiera tocado a Holmes, que ha tendido a oscurecer mis más superiores trabajos, mi posición en la literatura… sería una más alta.

—Entiendo que se basó en su antiguo profesor para el personaje.

—En realidad, mi primera inspiración fue Poe y su detective C. Auguste Dupin, que siempre fue mi héroe. Y luego recordé a mi viejo profesor universitario, Joseph Bell: delgado, enjuto, moreno, con una cara aguileña, penetrantes ojos grises, hombros angulares y una forma desigual de caminar, formas curiosas, y un misterioso truco para detectar detalles. Si él fuese un detective, seguramente podría reducir este fascinante pero desorganizado negocio a casi una ciencia exacta.

Parece mucho menos renuente a hablarme sobre los orígenes del personaje que lo había hecho famoso. En los primeros borradores se llamaba Sherringford Holmes, pero al final se decidió por un más sencillo Sherlock. Pero no podía contar sus propias hazañas, así que añadió a un educado hombre de acción que lo acompañara y narrara sus aventuras: John Hamish Watson, médico del ejército. Es notable el parecido de Watson con Doyle, desde la profesión hasta sus dos matrimonios, e incluso el haber servido en el Ejército Británico, aunque él se niega a comentar al respecto.

—¿Qué tan bien conoce a sus personajes?

—Se refiere a los de Baker Street, supongo. Debo decir que no tan bien como mi profesionalismo exige. Muchas veces olvido detalles sobre ellos, como el lugar en el que Watson fue herido en la guerra. O su nombre de pila. Alguna vez escribí James en lugar de John.

—¿Dónde fue herido, entonces?

—En la pierna… o en el brazo—responde sin mucha certeza.

—Han empezado a surgir personas que escriben ficción utilizando a sus personajes, Holmes y Watson. ¿Qué opina al respecto? ¿Lo considera una falta de respeto?

—Pueden hacer con ellos lo que quieran. Les pertenecen a ustedes. Comencé a escribir las aventuras de Sherlock Holmes mientras esperaba a que apareciera algún paciente a mi consultorio; no es más que un pasatiempo.

—Me han contado que otro de sus pasatiempos es hacer bromas.

Conan Doyle es un hombre de risa fácil cuando ha pasado el inicial recelo de tener a un completo extraño interrogándolo.

—Una vez envié un telegrama a doce de mis amigos, todos personas de gran significancia y poder, diciendo: “Huye de inmediato, el secreto ha sido descubierto”. Veinticuatro horas después, los doce habían abandonado el país.

—¿Practica algún deporte en especial?

—Fui portero de futbol en el Club Portsmouth y capitán del Club de Golf Crowborough Beacon. Me gusta jugar cricket en el Club Marylebone; también juego a los bolos, aunque no tengo mucha experiencia en ellos. Practiqué boxeo en el pasado, y fui uno de los primeros introductores del esquí en este país. Amo el deporte.

Accede a mostrarme sus trofeos y su biblioteca personal, en la que, para mi sorpresa, localizo decenas de libros sobre espiritismo. Mis sospechas se ven confirmadas cuando me explica que pertenece a la Unión Nacional de Espiritualistas, cosa que la mayoría de la gente ignora. No es sorprendente, sin embargo. Todas las muertes en tiempos de guerra, incluyendo las de su hijo Kingsley y su hermano menor Innes, lo habían convencido de que aquéllos a los que amamos siguen existiendo después de la muerte.

—¿Qué piensa de la vida?

—Mi vida ha sido dotada con aventuras de todas las clases. Sin embargo, lo inesperado ha sucedido con tanta frecuencia en mi vida que ha dejado de merecer el nombre.

—¿Cuál es su mejor cualidad?

—Soy muy obstinado. Cuando tenía 23 años, escribí mi primera novela, después de haberme dedicado toda mi vida a escribir solo historias cortas. Se llamaba “La narrativa de John Smith”. Le envié el manuscrito original a un editor, pero se perdió en el correo. No tenía respaldos ni notas, así que la rescribí de memoria.

—¿Su mayor defecto?

—Holmes. Se ha convertido en un personaje tan querido por todos que incluso tuve que hacerlo volver de la tumba después del que esperaba que fuese su fin. Había gente de luto por su muerte. Me escribían cartas suplicando que Holmes reviviera de alguna manera. Y al final cedí. Desgraciadamente, la mayoría de mis ingresos se los debo a él.

—¿Qué influencia tuvo su contexto familiar en su escritura?

—Mi madre, con sus irlandeses ojos grises y sus vivaces maneras celtas, me contaba historias. Historias de caballeros y aventuras, excitantes narrativas de héroes y villanos. Eso me impulsó a escribir.

—¿Y su padre?

—Mi padre, me temo, fue de poca ayuda… pues sus pensamientos siempre estaban en las nubes. Era un artista, y un alcohólico gentil y de poca voluntad.

—¿Cuáles son los libros que han marcado su vida?

—El amor por los libros es uno de los más selectos regalos de los dioses. No hay olor más agradable en mis fosas nasales como el tenue y sutil que viene de un libro antiguo. Cuando era joven, Scalp Hunters, de Mayne Reid, era mi favorito.

—¿Qué piensa de la imaginación?

—Donde no hay imaginación, no hay horror.

Así es Sir Arthur Conan Doyle, creador de un detective con la mente de un científico, y firme creyente en la magia y el más allá. Resentido con su popular personaje, y ansioso por dedicarse de lleno a las novelas históricas. Escéptico en cuanto a los cientos de aficionados que mandan cartas a la dirección ficticia de 221b Baker Street, pero obstinadamente crédulo en asuntos de espiritismo. Un caballero y escritor inglés lleno de contradicciones.

Portada de la autobiografía de Sir Arthur Conan Doyle, "Memories and Adventures"

Este Héroe Desempleado les ha traído esta entrevista apócrifa con el recordado escritor de uno de los personajes más icónicos de la literatura.

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El Cafetín de las 5

Revista cultural con sede en la Ciudad de México. 25 de abril 2011
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