¿Qué es el progreso?

“La palabra progreso no tiene ningún sentido mientras haya niños infelices.”

Albert Einstein

Se supone que hoy día vivimos en una época dorada del progreso. Años maravillosos donde la cura a (casi) todas las enfermedades está al alcance de la mano, donde las máquinas nunca habían sido tan rápidas para completar este o aquel proceso, o tan eficientes y precisas para terminar las tareas. Una época donde las tabletas electrónicas sustituyen a los libros, donde las pantallas nos resultan más familiares que las caras, donde la mayoría de los problemas se resuelven con una simple consulta a un gran motor de búsqueda en internet.

Una época donde los niveles de vida nunca habían sido tan altos como ahora, donde la cocina es molecular, donde se abren nuevas rutas comerciales a la luna, donde controlamos la tristeza, o la hiperactividad con píldoras milimétricas, o cambiamos nuestra nariz aguileña por una más estilizada, el color de nuestros ojos por uno más claro.  Una época donde el mundo pareciera estar en la palma de la mano para el hombre, donde éste al fin se ha convertido en el ser superior y único que controla su propio destino, su historia, el que todo lo conquista. Pero, ¿será?

Cortesía: uv.es

No es nueva esta postura; ya desde René Descartes encontramos los orígenes de esta actitud a la que bien se ha denominado iluminista (o ilustrada). Ésta consiste en una particular interpretación del conocimiento, es decir su para qué y cómo: un conocimiento orientado hacia la utilidad en el sentido más económico posible. Es decir, aquel conocimiento que crea inevitablemente dominación (sobre la naturaleza, los recursos, pero principalmente sobre los hombres mismos), y que supone el nacimiento de la tecnología moderna como la forma por antonomasia de ciencia aplicada. Desde aquel tiempo es que esta corriente de pensamiento, pero sobre todo actitud prolifera en el mundo y en la concepción misma que tienen de él no pocas personas.

Mientras que los beneficios proporcionados por la tecnología y la ciencia son por todos bien conocidos y disfrutados, debemos reconocer que dentro de este desarrollo también encontramos una vertiente negativa. La industria armamentista, el terrorismo biológico, la manipulación genética y la explotación humana son entre otras, las aristas condenables del supuesto progreso humano, que inevitablemente maneja pues un doble discurso. La confianza ciega que se tiene hoy día en la ciencia, destruye la actitud crítica que le dio su origen y sentido radical: es sin duda una contradicción digna de ser comentada. ¿Es acaso entonces el desarrollo y el progreso un mito? ¿Un concepto vacío, inhumano y alejado de la realidad? ¿Es en verdad la ciencia la llave hacia una mejor vida? ¿Qué consecuencias presenta el progreso tecno científico en nuestro presente? ¿Qué escenarios se vislumbran a futuro?

El debate entre ética y progreso ha estado presente desde tiempos inmemoriales, pero es ahora cuando parece que el tiempo apremia y las decisiones orientadas a una mejor vida deben ser tomadas o al menos discutidas de manera racional y coherente. La humanidad no puede ni debe esperar a que un día, Hiroshima y Nagasaki se conviertan en un mero preludio.

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El Cafetín de las 5

Revista cultural con sede en la Ciudad de México. 25 de abril 2011
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