De espíritu altruista

Cortesía: Getty Images

A lo largo de los años, se ha especulado largo y tendido acerca de la obra de William Shakespeare. El bardo inglés (el original) ha sido sujeto de las más diversas críticas y estudios revisionistas por más de 400 años. Al mismo tiempo que se publican incontables loas a su trabajo, su rima, su astucia o su inteligencia dramática, los volúmenes que nos detallan que Shakespeare nunca existió, o que en realidad fue una farsa o un prestanombres abundan.

Muchos de estos textos han sido ampliamente descartados, vilipendiados y desdeñados por su falta de rigor académico y su búsqueda por una “verdad” o la “última palabra” que pareciera no tener límites o prestar respeto a uno de los grandes nombres de la tradición cultural de occidente. En un afán amarillista, estos supuestos estudios han inclusive afirmado que Shakespeare nunca existió, que esa figura de la barba, la arracada y la pluma no es más que un invento. Elaborado, pero invento al fin.

Dichas teorías conspiracionistas han sido descartadas por publicaciones y estudios serios. Estudios que generalmente publican universidades como Oxford, quien ahora dice que el oriundo de Stratford-Upon-Avon escribió su obra de 1606 (0 7), All Well That Ends Well en conjunto.

Se dice que su compañero de pluma fue Thomas Middleton, el dramaturgo del siglo 17 responsable de The Changeling (no la de Clint Eastwood) y Women Beware Women. Un estudio reciente de dos profesores de esta prestigiosa universidad parece indicar que Shakespeare trabajó en esta obra como un artesano que iniciaba en las labores del taller a un aprendiz (la diferencia de edad justificaría esta teoría).

Así, ellos presentan las 4 evidencias que sustentan su laboriosa investigación y con la cual buscan otorgarle el crédito de autoría a Middleton:

1) Direcciones inusuales para la puesta en escena

2)Baja incidencia de la ortografía y vocabulario de Shakespeare.- De acuerdo al profesor Laurie Maguire, el hecho de que haya “más terminaciones en femenino y tetrasilábicas” de lo común supone evidencia casi irrefutable.

3)Caprichos del lenguaje: al parecer, el adjetivo “ruttish” (una especie de agresividad derivada de la época de apareamiento en algunos mamíferos) jamás vuelve a aparecer en obra alguna de Shakespeare y sí lo hace, en cambio, en The Phoenix de Middleton. Algunas de las “preferencias ortográficas” de Middleton también hacen su puntual aparición.

4) Patrones de rima: “La proporción de la obra escrita en rima es mucho más alta que lo usual para el Shakespeare Jacobino – 19% de las líneas son en rima, lo que encaja con la norma de Middleton de 20%” según el profesor Maguire.

¿Evidencia concluyente? Quizás no del todo, aunque en este artículo se ha hecho un brevísimo resumen del documento que publicó la Universidad, que ciertamente “encaja con la norma” de los trabajos académicos ingleses.

¿Es Shakespeare un fraude? En absoluto; si Middleton le ayudó a escribir All’s Well entonces simplemente reafirmamos que William Shakespeare no era egoísta con su talento.

Punto.

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El Cafetín de las 5

Revista cultural con sede en la Ciudad de México. 25 de abril 2011
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