Roger Waters en México

  • El músico británico dedica el concierto a los niños desaparecidos en nuestro país, a las mujeres de Ciudad Juárez y a los que sufren por “esta guerra de narcos”.
  • “La pared” del escenario es la más grande que se haya montado en Latinoamérica.

México D.F. a 28 de abril de 2012

El espectáculo comienza–como siempre en la Ciudad de México–varias cuadras antes de llegar al foro. Puestos de comida, de playeras, de tazas, gorras y sudaderas inundan las calles aledañas al recinto donde en poco menos de 2 horas Roger Waters, ese mítico miembro fundador y bajista por años de Pink Floyd regresa a México con su espectáculo The Wall Live.

Foto: Especial

Como el título del evento apunta, el concierto es la rendición completa de uno de los discos más importantes de la historia del rock: The Wall (1979). Pero Waters no se limita a tocar con sus músicos: The Wall Live es uno de los espectáculos más impresionantes que se hayan montado en la Ciudad de México y el mundo. El tour arrancó en septiembre de 2010 en Canadá y esta es la segunda vez que pisa tierras mexicanas. La ocasión anterior Waters y su banda estuvieron en el Palacio de los Deportes en diciembre del 2010. En esta ocasión, el Foro Sol y sus más de 50,000 asistentes se entregaron por completo a cada movimiento del bajista; alzando los brazos, brindando con cerveza y blandiendo los puños en el aire. Waters logró crear algo difícil en un concierto: un ambiente especial, que duró desde los primeros acordes de “In the Flesh?” hasta que se despidió, ya fuera de la pared.

El concierto arrancó a las 21:15 cuando las luces de un Foro Sol lleno se apagaron y dieron pie a los gritos de guerra de la película “Espartaco” (1960) que a su vez arrancaban consignas de las gargantas del público, que se compuso en mayoría por adultos que no podían dejar pasar la oportunidad de ver a uno de los ídolos de juventud. El hecho de que las playeras juveniles no se adaptaran a los cuerpos que no lo eran tanto no fue impedimento alguno para que la emoción llegara a su tope con la aparición de Waters en el escenario. Levantando los brazos y agitando los puños, Roger Waters subió al escenario del Foro Sol. Con una enorme pared blanca detrás de él (que funge como pantalla de proyección durante todo el concierto) y vestido con una playera y pantalón negros y tenis, el músico inglés demostró la absoluta maestría que posee del escenario y de su música.

Una coreografía aprendida a lo largo de los más de 180 conciertos de The Wall le permitió a Waters adueñarse del Foro Sol desde el momento en que lo pisó. Los fuegos artificiales, el sonido envolvente gracias a bocinas especiales instaladas en las esquinas del recinto, la proyección en completa sincronía con la música y lo que sucedía en vivo fueron todas las señales que desde la primera canción auguraban un gran concierto. Aviones que se estrellaban contra el muro, efectos especiales que parecían derribar y volver a levantar la enorme pantalla y un muy activo Roger Waters (ya de 68 años) contribuyeron a que el ambiente fuera inmejorable.

El punto álgido de la primera parte llegó con la clásica “Another Brick in the Wall (Part Two)”. En ese momento, una enorme marioneta de un profesor amenazaba a Waters y a un coro de niños mexicano que se le unieron para advertirle al maestro y a todos los de su tipo que no necesitaban educación. El coro no escapó a una sola voz de las congregadas en el inmueble ubicado en Avenida Añil. Después vinieron otros clásicos como “Mother” (donde Waters era acompañado por una proyección de él mismo tocando la canción en 1980) y “Young Lust” que tuvieron a los espectadores de pie, aún cuando algunos tenían la posibilidad de sentarse. Mientras el disco 1 corría, el muro se iba levantado a la par, hasta que al final el espacio de un ladrillo era lo único que separaba a Waters de sus fanáticos. Con “Goodbye Cruel World” la obra estaba completa: la pared de 155 metros de largo se erigía imponente y cerraba la primera parte del concierto.

Intermedio de 20 minutos y después, la segunda parte del disco y del espectáculo, que comenzaba con “Hey You” donde lo único que se veía era el muro gris y corroído. Sabíamos que detrás estaba Waters “Hey you, out there in cold…”. Poco a poco se abrían rendijas del muro que mostraban al bajista en una sala de estar al ritmo de “Nobody’s Home” o cuando regresó al escenario para entonar “Vera” y “Bring the Boys Back Home”. Inmediatamente después, los acordes de “Comfortably Numb” hicieron que la emoción regresara niveles máximos. Coreada a cada minuto y acompañada de la presencia del guitarrista Dave Kilminster desde lo más alto del muro, la canción que escribieran en conjunto Waters y Dave Gilmour emocionó a todos los presentes.

Llegó después “The Trial” y con ella los minutos finales del concierto, que estuvieron acompañados de una carga visual y colorida de la proyección impresionante y de los gritos de Waters: paranoia completa. Y así, al final de la canción la consigna de derribar el muro era unánime. “Tear down the wall!” retumbaba desde las gradas hasta los que de pie a Waters esperaban la conclusión de una obra.

El muro finalmente cayó con fuerza y, quizá, con la esperanza de ser un ejemplo.

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Revista cultural con sede en la Ciudad de México. 25 de abril 2011
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