La YPF de Argentina

Mucho se ha hablado estos últimos días sobre la decisión de la presidenta de Argentina, Cristina Fernández, sobre expropiar la petrolera YPF (Yacimientos Petrolíferos Fiscales). Aunque el 26 de abril el Senado respaldó la propuesta, se necesitaba la confirmación de la Cámara de Diputados, y este jueves 3 de mayo finalmente se aprobó en dicha Cámara la ley que propuso la jefe de estado desde el 16 de abril.

207 votos a favor, 32 en contra y 6 abstenciones fue el saldo en el Congreso, evidentemente una aprobación mayoritaria. Como consecuencia, se produjo una celebración en el Congreso que comenzó cuando pequeños pedazos de papel cayeron llenando el recinto, algunas organizaciones y militantes también participaron, incluso proyectaron fuegos artificiales y entonaron cantos peronistas.

La propuesta consiste en retomar el 51% de las acciones de YPF que es controlada por Repsol, empresa petrolera española, a la que culpan por las bajas inversiones y el abandono en el sector de la producción. Repsol tenía un 57% de acciones, mientras que otra petrolera, Petersen tenía el 25%, un 17% se iba a las bolsas de Buenos Aires y Nueva York mientras que dejaban al Estado argentino solamente con un .02% de acciones. Asimismo, la ley declara que el objetivo primordial es el autoabastecimiento de hidrocarburos. Quien estará a cargo de la dirección de la empresa se ha determinado que sea Miguel Galuccio, un ingeniero con experiencia en esta empresa.

Nuevo director del YPF, Miguel Galuccio/ Fuente: BBC

Desde luego, esta decisión ha causado problemas con la petrolera Repsol, además de algunas críticas internacionales. La decisión también acarrea una serie de efectos; en el área político-social es un paso muy importante pues la empresa YPF es un símbolo de orgullo nacional, la gente parece estar conforme con la expropiación, de suerte que provoca una especie de nacionalismo. Por otro lado, en el ámbito económico, no tiene muchas ventajas pues provoca que las acciones bajen y las inversiones en el país disminuyan, así como las importaciones, lo que a la larga puede provocar una devaluación de su moneda.

Aunado a esto, en esta era de la globalización, la decisión que se ha tomado puede parecer en cierta forma proteccionista, lo cual contradice el consenso de Washington y los estatutos neoliberalistas acerca del libre mercado. Por lo mientras, veremos en el corto plazo la función del Estado como administrador, aunque la historia nos ha dicho que no es precisamente buena idea que el Gobierno controle la economía (o una parte de ella), pues obedecen más a intereses políticos que económicos, sin embargo hay ocasiones en que las intervenciones son necesarias en épocas de crisis. En fin, ya veremos qué decisiones se toman al respecto y que otras consecuencias acarrea, sobre todo en términos regionales.

Pancarta con imagen de Kirchner/ Fuente: El País

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El Cafetín de las 5

Revista cultural con sede en la Ciudad de México. 25 de abril 2011
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