Superando el debate

Voy a escribir del debate gracias a alguien muy especial. Esta persona tuvo el tino de escribir en Facebook “Ya superen el debate”. Su superior entendimiento de la realidad probablemente signifique que ella no tiene tiempo de entretenerse en pesquisas tan intrascendentes. Que quizá valdría más la pena estar comentando, criticando, alabando y envidiando los vestidos de la alfombra roja de otro evento más importante, sucedido hace más tiempo. Eso sí es atemporal y de primer orden. Te agradezco, anónima musa, porque tu comentario no ha hecho sino refrendar mis ánimos de continuar con el debate, lejos de superarlo. Si superarlo signfica dejar de hablar de ello, no discutirlo, no revisarlo, entonces no habrá droga más letal para la sociedad que un comentario de ese estilo. Esta pobre persona es, probablemente sin darse cuenta, un elemento de censura y cerrazón.

Porque cuando algo “se supera” se deja de discutir; se le niega la posibilidad de tener una voz, siquiera de existir. Cuando algo está superado, entonces no hay necesidad de revisarlo, de debatirlo, de analizarlo. Así se dice que el racismo “ya está superado” en un país (Estados Unidos) donde los negros presentan tasas de mortalidad infantili más altas y mueren de enfermedades tratables y prevenibles más que la población general, o sea, blanca (Wise, T. “Colorblind”). Entonces ya no tiene caso planear políticas específicas para los grupos minotarios o que requieran atención especial. A final de cuentas, eso está superado. Como también está superado el ser indígena en nuestro país, o el comunismo en el orden internacional. Ni siquiera te lo cuestiones, ya no existe, ya se superó.

Cortesía: Netcharles.com

Así entonces, esta persona se presenta como uno de los obstáculos principales de la democracia. ¿Qué más quisiera un dictador que las cosas en su país (más aún las cosas públicas como la vida política) no se discutiesen? Que se superasen, que nadie hablara de ellos. Nuestra persona prototípica entonces no tendría problema alguno en vivir en un régimen de este estilo. Su invitación a superar el debate corresponde a una carta de amor que Mussolini o cualquiera de los de su calaña recibirían con gusto. La condecorarían por servicios a la nación.

Por lo tanto, seré el primero que levante la voz y le diga a esta persona que no he superado el debate, como nada se supera en este mundo. A ella le propondría superar su propia realidad individual e intrascendente.

Dediquemos entonces algunas líneas a lo que sucedió el domingo pasado. La primera pregunta, obligada después de cada debate es ¿quién lo ganó? En nuestra mundo, la necesidad de reconocer un ganador único y absoluto responde a las tantas otras incertidumbres que existen en la vida. Queremos algo definido. Por eso también nos gustan las encuestas. Y si revisamos este ejercicio estadístico, nos daremos cuenta que poco han cambiado las cosas hasta entonces. Enrique Peña Nieto se mantiene a la cabeza de las preferencias electorales, seguido por Andrés Manuel López Obrador y Josefina Vázquez Mota (el orden parece haberse invertido en el segundo lugar ahora). Gabriel Quadri, más allá de su presentación ordenada y académica, permanece en el cuarto lugar.

Podríamos tratar de adivinar varios criterios para definir un ganador. Uno es el ya mencionado, las encuestas. Así, ganó Peña Nieto. ¿Entonces por qué festejaron todos los candidatos como ganadores después del debate? Muy sencillo, todos ganaron. Todos tuvieron 27 minutos íntegros en televisión nacional y en horario estelar para mandar un mensaje a los mexicanos. Cada quien lo utilizó para fines distintos y con resultados distintos. Las bajas expectativas que se habían generado en torno a Enrique Peña Nieto (no eran pocos los que pronosticaban una debacle monumental) lograron que lo que fuera que hiciera el candidato en el debate ya sería ganancia. No cometió ningún error garrafal y la ausencia de tomas de reacción frente a los ataques de sus oponentes lo favorecieron. No sabemos si lo sudó, pero no lo pareció. En eso, se apuntó un triunfo mayúsculo. Ganó al no perder.

Pero los otros candidatos también ganaron. Gabriel Quadri sin duda aprovechó educadamente los tiempos de los que dispuso y a los que pocas veces tiene acceso en los medios entre semana. Mientras que las notas sobre Vázquez Mota, Obrador y Peña acaparan las portadas o varias columnas, las de Quadri se reducen a un recuadro en el mejor de los casos. Mínimo ahora es conocido y quizá hasta imponga moda, con aquello del bigote. Lo logró. Cualquier profesor universitario pudo haber hecho una exposición similar y exitosa de propuestas. No era tan difícil.

Josefina Vázquez Mota podría ser la menos ganadora de todos. A medio camino entre crítica a Peña Nieto y lanzamiento de propuestas, Vázquez Mota se mostró rígida ante el electorado, quizá demasiado cuidadosa de su postura, de sus mensajes que se notaban aprendidos de memoria una y otra vez. Le faltó carisma y actitud. Cualquiera que haya visto un poco de televisión en su vida sabrá que éste es el medio idóneo para dichas cualidades. Es un requisito, casi casi.

Finalmente, López Obrador renegó del ajustado formato al que pretendían someterlo y empleó sus 27 minutos para exponer un mensaje distinto. Quiso revelar ante los televidentes algunos datos incómodos de Enrique Peña Nieto. El terror de López Obrador por que México elija al priísta es real, se nota. Por eso se propuso “informar” a la sociedad y distanciarse claramente de aquel a quien comparó con Antonio López de Santa Anna, villano innegable en el imaginario colectivo nacional. Ganó también porque se mostró sereno y audaz al criticar al priísta. Fue, ciertamente, un elemento contrastante con la excesiva constricción del IFE y el debate mismo.

Este fue un debate de momentos. Cada candidato tuvo el suyo. Como en la carrera presidencial. Quedan dos meses de campaña; suficiente tiempo para que alguien se haga de “su momento” y convenza a quienes aún permanecen indecisos. Esa es la gran misión de los cuatro.

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Comments

  1. lmdrgl says:

    Dos cosas: no dejes de leer la página, deja de leerme a mí, porque a final de cuentas esta es una columna de opinión personalísima. Solo yo soy responsable de lo que se escribe aquí y esas fueron mis impresiones del debate. Cuando te termines de reír podemos también hablar también del mismo y me explicas lo que tú viste. Hasta entonces.
    P.D. “Pero los otros candidatos también ganaron”. Perdón, igual y no fue muy clara mi redacción tampoco.

  2. JAJAJAJAJAJA, pues que debate viero y que encuesta revisaron?, jajajajajajaja me rio de que digan que peña nieto gano, antes leia esta pagina, ya no lo hare, me di cuenta que que apoan al burro sin cerebro de EPN

    • Nemo el Capitán says:

      Me parece, si me permites intervenir, que el autor de esta entrada se refiere a que EPN “ganó” porque las encuestas que supuestamente reflejan la realidad nacional, lo mantuvieron aún en la cima. Es decir, a pesar de las presentaciones de los candidatos, los ataques y las confrontaciones, EPN “supuestamente” sigue ganando. Hoy muchos nos dimos cuenta, seguro tu también, que la prensa nacional sigue una tendencia que favorece a cierto candidato, no me pondría a dudar ni un minuto en que las encuestas siguen ese mismo patrón. Saludos cordiales.

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El Cafetín de las 5

Revista cultural con sede en la Ciudad de México. 25 de abril 2011
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