Presto el nombre, comparto el alma 3

“Mientras creamos, crearemos”

Nair Nuñez (Humanista, 2012)

Reciban un muy cordial saludo todos los cafetines y lectores de nuevo ingreso. Ha pasado ya buen rato desde que no recomiendo para ustedes algún escritor o bloguero que sea digno de robar la trayectoria y fuerza de sus ojos.

En fin, sé que en mi columna estamos hablando sobre las teorías de la motivación, pero debido a su extensión, he decidido escribir para ustedes una entrada de fácil digestión recomendando los artículos y piezas de poesía que escribe un colega y amigo llamado Nair Nuñez, quien ha ganado concursos de cuentos cortos en el Tecnológico de Monterrey y además me ayuda a editar mis textos.

Regresando al tema de él, su blog se encuentra en este link y no sólo es una de esas piezas valiosas perdidas en el ancho mundo virtual o el denominado “www”. En lo personal, lo considero un interesante, ameno y próspero autor que habrá de entretenerlos sin el menoscabo de su tiempo. Ahora, sin más, les incluyo aquí dos de sus obras presentes:

Un otro cuento

Nadie les preguntó a dónde iban. Los dos chicuelos caminaban juntos y deprisa, cargando con esfuerzos un bulto. Andaban por una calle amplia que desembocaba en una plazuela rodeada de edificios coloniales y cercada por un sinfín de policías.


Ambos párvulos, extasiados por no encontrar resistencia, aceleraron el paso. Llegaron hasta un edificio terracota que enmarcaba una enorme puerta de madera trabajada. Frente a la entrada había una mesa donde media docena de juguetes se sentaban.


Los chicuelos se detuvieron a unos metros de la mesa, cuando notaron que detrás de la pintura nueva, los muñecos no eran sino marionetas viejas y cuarteadas. Ante la indecisión, los chicos intentaron dar la media vuela y regresar por su camino, mas vieron que tras de sí el cordón de policías se cerraba y las sombras gigantescas de los edificios obscurecían la plazuela.


Resignados caminaron lentamente hasta la mesa. Esperaron en silencio un momento y, como si de la nada, sonó desde un altavoz perdido una grabación gastada que, para hacer pocas las muchas palabras, les agradecía su llegada.


Uno de los niños, el que cargaba la cabeza del pesado bulto, traicionado apenas por el volumen de su voz, dijo –mientras dejaba la carga sobre la mesa- :

                     “Aquí está su democracia, denme mi País de vuelta.”

 

Y para los que prefieran algo más romántico:

Aula I

Valeria parpadea muchas veces por segundo; tal vez dos o cuatro. Entre los relampagueos claros mira con ojillos sorprendidos –o ausentes- a los oradores.

      Me gusta que su fleco corto y recto encuadre su nariz pequeña y enaltezca sus pómulos curvados.

      No habla mucho, pero cuando lo hace dice poco. Asumo que compensa por las horas que se leen en su cabello cobrizo, rizado y largo.

      Valeria parpadea muchas veces por segundo, y parece que no escucha cuando cierra los ojos. Digo que no escucha porque cuando parpadea sonríe y me entretiene tanto su sonrisa, que cuando Valeria parpadea, yo no escucho.

No me queda más que agredecer a ustedes por su lectura y quedo a bien de sus comentarios. Gracias.

Honestamente,

Davilowsky

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El Cafetín de las 5

Revista cultural con sede en la Ciudad de México. 25 de abril 2011
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