La “muy” mala educación

“La verdadera educación de un hombre comienza varias generaciones atras”

Pedro Manero. Sacerdoter español (1599-1659)


Antes que nada, reciban un saludo y sobretodo un agradecimiento por la breve lectura que están por llevar a cabo.

Ahora bien, aquellos adictos al cafetín (sí, el de las 5) notarán la similitud que versa mi título con el de otra entrada presente también en esta revista. Esta similitud a la que apelo es porque el seis de mayo del año 2011 nuestro reconocido amigo y colaborador Luis Madrigal (conocido mejor por el bardo en El Rincón del Bardo) publicó para el disfrute de todos nosotros un artículo de nombre “La mala educación” referenciado a los currículums de algunos de nuestros políticos y sus prestigiadas instituciones de procedencia. Sin embargo, he recurrido a este título porque hablaré sobre la mala educación, no la de nuestros políticos, sino la de nosotros, los ciudadanos.

Mucho se comenta que si tenemos una mediocre educación, que si hace falta inversión, que si los maestros no quieren que se les aplique la prueba ENALCE y casi en toda conversación saldrá a relucir el desprestigiado nombre de aquella famosa señora de facciones tenebrosas; déjenme aclarar, esto no va sobre ella. Reitero, creo que para entender algo es importante revisar sus orígenes y tendencia, por ello, me dispuse a investigar sobre la educación en México y cómo ha cambiado.

En tal búsqueda, encontré aquel conocimiento disponible al público en general como, por ejemplo, la explicación de la educación prehispánica en el Calmecac -para los mirreyes de esos tiempos- o el telpochcalli/tepochcalli en donde iba el proletariado (a los que les produzca molestia dicho término, les pido revisen su significado. Aquí lo tienen.)

Descubrí que este sistema bien establecido y sin conflictos Estado-Iglesia era funcional y aunque encaminado a la vida rural mayoritariamente, permitió el progreso en muchas áreas. Después, vino la colonización, y con esta, el cambio de sistema, un vuelco total en el sistema educativo para los indígenas, que si bien no sólo reprimió sus costumbres y el avance en lo que se tenía, también se impuso la religión y la educación de la madre patria. Hasta aquí todo lo saben, lo sé, pero tendremos que añadir que en esta época se crea la Real y Pontificia Universidad de México y así continuaron angustiosos 300 años de sumisión y rezago educativo generalizado.

Real y Pontificia Universidad de México (1553)

1821 supone una fecha de cambios en donde se busca la conformación de una educación laica, difícil para ese tiempo, pero se intentó y lo más que se logró fue emancipar relativamente la educación popular de las determinaciones eclesiales.

Desafortunadamente existió una confusión pues el manejo de la educación se veía con miras política y no se pudo propagar un sistema eficiente. No es, sino hasta 1865 que, justo iniciando el reformismo, Benito Juárez hizo también de las suyas con el sistema educativo vigente y con un México donde habían 20 alfabetizados por cada 80 analfabetizados, se impulsó una verdadera campaña educativa con personajes icónicos de la talla de Gabino Barreda, Lerdo de Tejada y otros positivistas mexicanos seguidores por supuesto de Augusto Comte y fundadores de la “Revista Positiva”. Poco después nos encontramos con el Porfirismo y bajo la misma premisa de Juárez, compatible con la de Porfirio en materia de educación, se puede observar el emblemático “Orden y Progreso”.

Hasta aquí, todo parecía estar mejor, nos esperaban tiempos mejores. Pero si revisamos las fechas veremos que esta inercia de progreso se vio mermada con los movimientos revolucionarios, pues desde luego, en tiempos de guerra, lo que se busca son guerreros, no intelectuales.

Y así, años obscuros acontecen hasta la llegada de José Vasconcelos (no olvidemos mencionar por supuesto a Justo Sierra) en el gobierno de Obregón, cuando, precisamente en 1921, lo nombran Secretario de Educación y mediante una estrategia muy bien armada. Se preparan estudiantes en la ciudad (en la UNAM, antes Universidad Real y Pontificia de México) para ser maestros y hacer campañas educativas por todo el país. A lo largo y ancho de este, una especie de misioneros del saber fungían como mesías para la escolarización de los inhóspitos territorios rurales mexicanos. Como vemos, bien parecía que, ahora sí, ya habíamos agarrado camino. Es más, pocos años después  con la (es mi opinión personal) estúpida y retrógrada estrategia denominada “Industrialización vía sustitución de Importaciones” se aplicó la estrategia del “Estado Educador”  en aquella época quizá no tan famosa pero sí muy bien estructurada, diseñada por Jaime Torres Bodet, nada más y nada menos que secretario particular de José Vasconcelos.

José Vasconcelos

Aquí no logro explicarme los motivos de que se dejara el proyecto inconcluso: (para los que no sepan) Consistía en un plan de 11 años donde se propagaría por el país una campaña de alfabetización muy eficiente y quizá también muy efectiva, pues estadísticamente resultaba posible erradicar el “problema” educativo e impulsar la investigación científica, no sólo en las ciudades, sino en todo el país. De hecho, un resquemor de este proyecto son los Libros de Texto Gratuito y se cree que la efervescencia en el mítico ’68 es producto de este movimiento de consciencia iniciado por Torres Bodet. Por lo visto nunca sabremos qué hubiera pasado de no haberse topado con la represión gubernamental.

En suma, a las alturas de esta investigación me permití leer y compartir este pasado educativo que podría en una charla continuar para ustedes más a detalle y entrar en los confines Elbaesthéricos. Sin embargo, sólo deseaba contextualizarlos y dejar  muy en claro que todo este complejo proceso nos ha llevado al paraje actual, que después de (seguramente con fines políticos) frenar la campaña educativa de Bodet, se decidió continuar con el constructivismo en materia educativa y hoy por hoy, es justamente esta corriente la que adoptamos y reproducimos.

Jaime Torres Bodet

El constructivismo como corriente educativa en el México actual y sus “vanguardistas” escuelas de Calidad parecen ser un avance en nuestra precaria situación educativa mexicana. Pero como lo reconció Muñoz Ledo, Vasconcelos y Torres Bodet en su tiempo, y a su vez lo describe Edgar Morín en su obra “Los siete saberes necesarios para la educación del futuro”:

“Aún así, ya no es cuestión de individuos o sociedades, ni de países o continentes; más bien es importante desarrollar una consciencia planetaria y hasta cósmica para educar al nivel que el devenir de la realidad lo indica”.

Por más que suene extraño esto, creo que es un indicio de evolución, creo que todo nos conduce a eso: (Y aquí nuevamente es mi opinión personal) Todos los caminos, en todos los conocimientos y tecnologías nos llevan a entendernos como partes de un mismo todo. La pregunta es: ¿Viviremos para verlo? O… ¿Es esto a lo que se referían los mayas? En fin, quizá (esto sí) pronto lo sabremos.

Honestamente,

Davilowsky

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El Cafetín de las 5

Revista cultural con sede en la Ciudad de México. 25 de abril 2011
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