El ocaso del Santo

Hay una extraña creencia entre la sociedad mexicana que busca colocar a los políticos en otro satélite. Diferentes al resto de los mortales, excluidos, deshonrosas excepciones a lo que significa ser mexicano. Siempre son rateros, mentirosos y corruptos. El mismo Gabriel Quadri pertenece a esta corriente de pensamiento. Yo no soy como “ellos” dice. Yo soy ciudadano.

La verdad sea dicha, la Constitución no señala en ningún apartado que uno pierda la ciudadanía por el hecho de postularse a un cargo de elección popular. Es más, la reforma política pendiente en el país ataca frontalmente el tema de las candidaturas ciudadanas. El tema pareciera la panacea electoral para muchos. Vamos a presentarnos como los ciudadanos, como los mexicanos de verdad. Evitemos el uso de la palabra “político”, tan vilipendiada. Así, Miranda de Wallace es ciudadana, Quadri es ciudadano, Josefina Vázquez Mota quiere un gabinete de ciudadanos, Rosario Guerra es ciudadana. Todo mundo manosea un adjetivo que ahora ha perdido sentido.

Pero regresemos al punto primero. Los políticos son engendros de la sociedad. Y viceversa. Pero para que esta relación quede mejor explicada, para que entendamos que los políticos no son extraterrestres o creaciones de laboratorio, revisemos un rasgo típico, según Jorge Castañeda, de los mexicanos: la aversión al conflicto.

Para el ex-canciller mexicano, la nacionalidad azteca tiene tantas interrogantes como tonalidades la salsa. Pero en su más reciente libro “Mañana o Pasado: el misterio de los mexicanos”, destaca el pavor que tienen los mexicanos a la confrontación.

A continuación dos ejemplos claros y bastante relacionados.

Por un lado, tenemos a la mercadotecnia, que en los anuncios donde busca descalificar al producto de la competencia lo alude por su color, por un lema, todo de manera indirecta. Jamás se menciona por nombre al contrincante, al adversario. Ni siquiera para precisar datos, para contrastar características o bondades. Se solía decir que esto era imposible (a diferencia de, digamos, los Estados Unidos) debido a una ley que prohibía este tipo de ataques entre los comerciantes.

Una ley. Es decir que esa aversión al conflicto alcanzaba niveles jurisdiccionales en México. Lo interesante es que en una lógica de mercado como en la que vive este país, una de las claves es la competencia. El capitalismo da pie a peleas descarnadas por un centavo más. La avaricia sin límites. “Greed is good” decía Gordon Gekko en la década de los ochenta…”and now it’s legal” dice ahora en estos tiempos. Pero ni siquiera ahí, en arena del mercado, donde todo vale, es que los mexicanos se enfrentan.

Revisemos otro ejemplo, que bien podría ser calca del anterior: la política. En innumerables ocasiones durante la campaña presidencial en curso hemos escuchado descalificaciones (o lo que el ciudadano Quadri definiría académicamente como “echarse lodo”) mutuas entre los candidatos; pero son pocas las veces que lo hacen con nombre y apellido.

“El candidato de la izquierda”, “mis adversarios”, “la señora”, “el candidato del PRI”, todos estos son los apelativos que utilizan los presidenciables para lanzar sus ataques. Jamás un “tú”, jamás un Enrique Peña, un Josefina Vázquez Mota, un Andrés Manuel López Obrador. Ni siquiera un Elba Esther, sino “la familia”.

El clímax de esta extraña situación nacional se observó en el pasado debate electoral. Cuando lanzaban sus acusaciones, algunos, no lo hacían viendo directamente a su contrincante, no lo hacían siquiera directamente muchas veces. Caray, qué mejor comprobación de la teoría de Castañeda que el hecho de que López Obrador y Peña Nieto no se tocaran.

El Hijo del Santo – Cortesía Wikimedia Commons

Es extraño esto de la aversión al conflicto. Lo vemos en la cantidad de mentiras que decimos con tal de ahorrarnos el enojo de alguien. Con las maniobras acrobáticas que llevamos a cabo para no quedar mal con alguien más. No es servilismo. Es miedo. Es un alma colectiva de la cual todos quieren formar parte. Que nadie se salga del renglón. Nadie quiere pelearse.

Lo más curioso es que esto se da en una cultura que tiene por héroe a un luchador enmascarado que de manera solitaria se enfrentaba a todas las momias de esta galaxia y tantas otras.

Entonces: ¿el Santo no era mexicano y los políticos sí? ¿O cómo?

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El Cafetín de las 5

Revista cultural con sede en la Ciudad de México. 25 de abril 2011
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