‘The trick, Potter, is not minding it hurts’

De acuerdo a la mitología griega, Prometeo fue aquel que robó el fuego a los Dioses para entregárselo a los hombres. Más allá del sonoro agradecimiento práctico que su contribución ha de haber recibido, el mito de Prometeo siempre se ha entendido en términos grandilocuentes.

Es el momento en que el hombre se emancipa de lo divino, en que con esa contribución, fuente de poder indescriptible y controladora del destino, el hombre logra plena autonomía frente a las deidades que antes podían controlarlos. Pero eso no es todo, el fuego es también un sinónimo de la razón, de la inteligencia, de la sabiduría. Prometeo le roba mucho más a los Dioses que su caja de cerillos; los vuelve mortales. O vuelve a los mortales dioses.

Esa es la pregunta básica que merodea la mente de Ridley Scott, el director británico responsable de “Prometeo” (2012), una cinta de ciencia ficción que actualmente en cartelera ha dividido al público y la crítica en dos posturas antagónicas.

Están aquellos quienes aman la nueva cinta: su fascinante estética, sus memorables actuaciones (Michael Fassbender sobresale por su trabajo como “Dave”), su esencia existencialista y sus dotes de genial suspenso y acción son los principales argumentos esgrimidos a favor de la obra. Pero del otro lado están quienes no comparten esa emoción. Para ellos, la película deja demasiadas dudas en el aire, la historia no tiene un sentido y tanto cabo suelto termina por despedazar una película que sonaba prometedora (permítanme el chascarrillo).

El fantástico Michael Fassbender en “Prometeo”. Cortesía: Slate.com

 

Ciertamente había razones para que “Prometeo” sonara tanto. Era la vuelta al cine de ciencia ficción de Scott, autor de dos de las piedras angulares de la cinematografía en ese género. “Alien” de 1979 y con Sigourney Weaver enfrentando extraterrestres en calzoncillos fue apenas la segunda película del realizador inglés, que recibió de manera unánime el reconocimiento de la crítica y el público.

“Alien” fue y sigue siendo una excepcional película de ciencia ficción, pero también funciona de maravilla como una de terror. Acentuado por una puesta en escena hermética y escalofriante, el miedo en Alien es algo que merodea la nave Nostromo de igual manera que el silencio y ese casi imperceptible zumbido espacial. De ahí, Scott brincó hacia “Blade Runner” (1982) una película mucho más compleja y que inspirada en la historia “Do Androids Dream of Electric Sheep?” de Philip K. Dick (un autor de cabecera para la ciencia ficción) elevó al director británico a un estatus de culto. A la fecha, “Blade Runner” no tiene una interpretación única: existen hasta 3 versiones de la cinta, finales alternativos y cortes del director. Es una película que toca los temas más interesantes de la ciencia ficción: los humanos. ¿Quiénes somos? ¿Qué nos hace diferentes de los androides? ¿Qué mundo construimos? Son sólo algunas de las preguntas que se hace Scott en la película.

Cuarenta años después, regresa a las pantallas Scott el preguntón. En “Prometeo” las preguntas adquieren tamaños monstruosos: ¿de dónde venimos? ¿Quién nos creó? ¿Hacia dónde vamos? ¿Qué hemos hecho con la tecnología? ¿De qué somos creadores nosotros mismos? Quizá ese es el elemento que desconcierte más; en estas épocas no estamos acostumbrados a que una película nos siembre dudas. Suficientemente inexacto es el mundo de allá afuera como para que encima tengamos que andar averiguando lo que sucede en otros planetas.

Queremos historias lineales, que nos permitan diferenciar fácilmente entre buenos y malos, dado que acá afuera cada vez es más difícil. Pero “Prometeo” tiene grandes aspiraciones y no se conforma con lo que pudo haber sido, una explotación comercial más de la franquicia de Alien, que sinceramente llegó a puntos lamentables con “Alien vs. Depredador Réquiem”.

Si bien “Prometeo” no es una precuela en sí, Scott aclara que el filme transcurre en el mismo universo y que por ende “comparten ADN” (quienes ya hayan visto el filme disfrutarán aún más esta declaración del director).

“Prometeo” es sin duda una muy buena película de ciencia ficción. Si bien es cierto que para la segunda mitad la película pierde el vuelo de altura impresionante que llevaba, las secuencias de acción son francamente emocionantes y muy bien logradas; no por nada Scott es uno de los directores vivos más prestigiados.

“Prometeo” exige de sus espectadores algo más que un sencillo “me gusta”. Es una película que pareciera una ópera prima por las miras de grandeza que ostenta y que sin embargo no llega a condensar en 2 horas. ¿Qué estamos haciendo con el fuego que se nos entregó?

Para responder, dejo un video promocional del filme que se vuelve clave para entender un poco más de una película que seguramente tendrá alguna otra entrega en el futuro. Esperemos que la vida le alcance al ambicioso Ridley Scott.

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El Cafetín de las 5

Revista cultural con sede en la Ciudad de México. 25 de abril 2011
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