Morir de nada

Cuando se escriba la historia de la elección presidencial del 2012, ¿qué vamos a contar? ¿Cuál va a ser la narrativa que le dé sentido a lo que vivimos durante estos meses? ¿Quiénes fueron los personajes, cuáles las batallas, quiénes los villanos?

Si la historia en el 200o fue que Fox, envalentonado y bravucón sacó al PRI de los Pinos y generó una especie de ilusión nacional, si en el 2006 fue la historia de cómo López Obrador caía en las encuestas, la guerra sucia y el 0.56%; ¿en 2012 qué contamos?

Sí, está lo de la Ibero. Sí están los 132 y el magnífico debate que organizaron. Sí, está lo de The Guardian y el “charolazo”, el twit de Calderón. ¿Y luego?

A decir verdad, cada vez parece más certero que la elección de la próxima semana morirá de nada. Así se dice en México cuando no hay una explicación suficientemente convincente de por qué sucedieron las cosas. Cuando no hay un elemento distintivo que permita contar una historia electrizante, digna de escucharse. La elección del 2012 nos la pudimos haber evitado.

Enrique Peña Nieto. Cortesía: Wikimedia Commons

‘The Economist’ publicó esta semana un artículo que funge al mismo tiempo como crónica, análisis, recuento y prospectiva de las campañas presidenciales y la elección misma. En una parte, el periodista concluye que Enrique Peña Nieto “ganará por default”. Es difícil no compartir esa visión.

Los que pensaban que Peña Nieto era un producto de la mercadotecnia y un apadrinado por Salinas lo pensaban desde antes que empezara la elección formalmente. Los que pensaban que López Obrador era un caudillo, un mesiánico y un ‘peligro para México’ lo pensaban desde antes que se registrara ante el IFE por segunda vez como candidato presidencial. Los que creían que Vázquez Mota no tenía oportunidad alguna arrastrando el legado del Presidente Calderón lo pensaban desde antes que escucharan a ésta declararse “diferente”.

Osea que en 3 meses de campaña, no sucedió nada. La elección parece más un referendo sobre la figura de Enrique Peña Nieto que una verdadera contienda por la silla presidencial. Eso opina León Krauze, quien en la revista Letras Libres se rascaba la cabeza para tratar de explicar en Estados Unidos de qué se trataba nuestra elección. Y es que, dice Krauze, en Estados Unidos (y me permito la generalización, en muchos otros países) las elecciones suelen ser monotemáticas. Allá, para la de noviembre, el tema de la economía va a ser fundamental, como lo fuera en su momento el de la seguridad cuando Bush. En las recientes presidenciales en Francia, el tema también fue la economía, y la apuesta por dos modelos francamente distintos. En España, igual. En Grecia, igual.

Aquí en México (dada la estabilidad macroeconómica y las reservas federales que tanto presume el partido en el gobierno) no parecería que la economía fuera el tema dominante de las campañas. Y no lo ha sido. En esencia, los tres candidatos con aspiraciones reales han apostado por mantener esa misma estabilidad y seguir promoviendo la autonomía del Banco de México. (Si acaso López Obrador es el único que habla sobre cambiar de “modelo”, ampliando el gasto del sector público, promoviendo mayores asociaciones con el sector  privado y aplicando una especie de “New Deal” a la usanza de FDR, de quien se dice admirador).

No, en México el tema debió haber sido la seguridad. Hay pocas prioridades tan elementales para el Estado como resguardar la seguridad de los ciudadanos. No por nada se habla del dichoso “monopolio de la violencia” que debe ejercer ese aparato sobre el territorio que controla. En México sabemos que hay porciones que no cuentan con ese control oficial y que viven bajo la opresión del crimen organizado. El número de muertos producto de las batallas entre cárteles azuzadas por el Gobierno Federal debió haber sido discutido entre los candidatos. Las estrategias debieron de compararse, el rumbo para el país exponerse claramente.

Y sin embargo no fue así. Nadie mencionaba al Presidente Calderón. Nadie mencionaba la lucha contra el narcotráfico (mas que cuando eran cuestionados directamente). Lo más importante era si el bronceado de Peña Nieto era natural. Si López Obrador disfruta sus silencios. Si a Vázquez Mota le tiembla la mano hasta para tachársela. Si los lentes de Solórzano los venden en algún lado.

¿Qué vamos a contar entonces? ¿Qué esperábamos de las campañas? Quizá ese fue un ejercicio que nos faltó hacer. ¿Son estas las campañas que merecía el país? Hay alrededor de 20% de ciudadanos indecisos, a 7 días, que estarían en desacuerdo. Hay millones más que votarán por “el mal menor” como The Economist mismo describe a Peña Nieto. Habemos millones que estamos decepcionados.

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Comments

  1. BetoVegaa says:

    Como diría el Profe Tamariz, “suscribo totalmente” en la parte de la decepción, aunque considero que el tema central debió ser “Educación” o algo así como “Desarrollo Económico”.

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El Cafetín de las 5

Revista cultural con sede en la Ciudad de México. 25 de abril 2011
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