Sobre derechos y galletas LGBT

El bar donde empezó todo

Fachada del bar Stonewall Inn. / Fuente: Wikimedia Commons

Stonewall Inn era solo un bar de mala muerte. Le pertenecía a la mafia, no tenía licencia para vender alcohol, ni agua corriente (los vasos sucios eran sumergidos en tinas y reusados inmediatamente), ni baños en buen estado. Su único atractivo, probablemente, es que en 1969 era el único bar de Nueva York donde estaba permitido que dos personas homosexuales bailaran juntas. Era punto de reunión para una parte completamente marginal de la sociedad: homosexuales, transexuales, travestis, drag-queens, prostitutos, jóvenes sin hogar. Así, para los últimos años de esa década revolucionaria que fue los 60’s, Stonewall Inn era conocido como el bar gay de NYC.

Las redadas policiacas a bares (sobre todo a los que incluían gays y lesbianas entre su clientela habitual) eran más que comunes. Se hablaba incluso de que cada bar sufría por lo menos una redada al mes, con arrestos y detenciones casi rutinarias. La policía entraba, sacaba todo el alcohol clandestino que podía encontrar, formaba a todas las personas presentes (clientela y trabajadores por igual) y pedía identificaciones. Arrestaba a hombres y mujeres que no tuvieran puesta ropa que concordara con su sexo de nacimiento, a quienes no tuvieran identificaciones y a quienes se resistían.

Los abusos a las personas cuyas preferencias o identidades sexuales eran alternativas a las tradicionales también eran cosa de todos los días. Las redadas también incluían abuso sexual hacia mujeres homosexuales y violencia física hacia hombres en drag. En ningún otro bar se permitía que dos hombres bailaran juntos. También se les consideraba una amenaza de seguridad nacional (supuestamente carecían de la empatía, moralidad y escrúpulos de las personas “normales”, como se podía demostrar por su “pervertido modo de vida”). Eran la manzana podrida en la gloriosa tierra de la libertad y las oportunidades. Solo tenían cabida en esos bares de mala muerte que parecían ser prototípicos en los barrios bajos. Stonewall Inn, por ejemplo.

La gota que derramó el vaso

La noche del 28 de junio de 1969 se desató el caos cuando una redada tomó por sorpresa a Stonewall y a toda su clientela. Las luces fueron encendidas, las personas formadas, las identificaciones solicitadas. Había aproximadamente 200 personas en el bar esa noche. Después de haber sacado a muchas personas del lugar los curiosos empezaron a llegar. Algunos sacados de los bares aledaños para enterarse de qué pasaba, otros transeúntes casuales.

Para cuando la policía empezó a sacar por la fuerza a los detenidos de esa noche la multitud de afuera era diez veces más que las personas arrestadas. Muchos detenidos presentaron pelea, otros le gritaron a la silenciosa y espontánea congregación para que hicieran algo, lo que fuera. Finalmente se rompió el silencio y la pasividad. Los tomó a todos por sorpresa, a la policía y a los civiles, porque, ¿quién había visto a un queer presentar pelea antes? Botellas, tabiques, piedras, monedas, bolsos: municiones creativas.

Aunque la multitud estaba conformada por un numeroso grupo de extraños, algunos llevados ahí por pura casualidad, otros por curiosidad, unos más por accidente, todos estaban de acuerdo con algo: ya era suficiente. Marginados, indeseados, rechazados, inadecuados. La sociedad les había dicho que no había lugar para ellos, que no merecían ser tratados ni con la cortesía de la indiferencia, que no eran correctos, que eran pecadores, fallas de la naturaleza. Pero esa noche frente a Stonewall Inn decidieron dejar de escuchar y hacerse oír.

Algunos luchan por derechos, otros por galletas

Aunque algunas manifestaciones en pro de los derechos de personas de la comunidad LGBT ya se habían dado desde mucho tiempo antes de Stonewall, se reconoce popularmente a este incidente como el inicio del movimiento de derechos homosexuales. El 28 de junio del año siguiente (1970) se conmemoraron las primeras marchas del Orgullo Gay en Los Ángeles y Nueva York en conmemoración del aniversario de los disturbios en Stonewall.

Casi diez años después se adoptó la bandera del arcoíris como parte del movimiento. Originalmente tenía ocho colores (dos más que ahora), que significaban: rosa-sexualidad, rojo-vida, naranja-sanar, amarillo-luz del sol, verde-naturaleza, turquesa-arte, azul-armonía, violeta-espíritu. Por razones prácticas (casi no se podía conseguir tela de color rosa brillante), pasó a tener solo siete colores. Hoy en día solo tiene seis (para que tuviera un número par, de nuevo, por razones prácticas), y es universalmente conocida como la “bandera gay” o “bandera LGBT”.

Poco a poco el movimiento ha tomado fuerza. La comunidad LGBT o la parte de la población que entra dentro de un espectro de preferencia o identidad sexual alternativa es considerada políticamente importante. Campañas presidenciales enteras giran en torno a asuntos relacionados con la lucha por los derechos queer. Declaraciones públicas son abucheadas o alabadas por lenguaje o mensajes homofóbicos. El consenso general parece ser: es un asunto importante.

Sin embargo, existe parte de la sociedad que prefiere pelear porque (¡oh, tragedia!) sus galletas favoritas podrían tener una bandera de arcoíris en su relleno cremoso. El día lunes (25 de junio) Nabisco/Kraft Foods presentó en su página de Facebook la imagen de una galleta Oreo con los colores de la bandera LGBT en conmemoración de un año del aniversario de la legalización del matrimonio entre personas del mismo sexo en Nueva York. La imagen venía acompañada de la leyenda “proudly support love!” (orgullosamente apoyando al amor), y hasta ahora tiene más de un cuarto de millón de likes, más de 83 mil shares, y cerca de 50 mil comentarios. Sin embargo, la controversia está en los comentarios negativos y rumores sobre un boycott hacia la compañía por su apoyo abierto a la comunidad LGBT.

Fuente: página oficial de Oreo en Facebook

Ejemplos de comentarios en la página de Facebook de Oreo. / Fuente: socialnomics.net

Pero esa es la realidad: algunos se torturan pensando que podrían estar metiéndose a la boca galletas infectadas de homosexualidad, y otros prefieren ocupar su tiempo siendo activistas sociales por causas como los derechos LGBT. Este Héroe prefiere pensar que abundan más los segundos.

Feliz Día Internacional del Orgullo LGBT.

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El Cafetín de las 5

Revista cultural con sede en la Ciudad de México. 25 de abril 2011
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